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Carlos II, el rey de Navarra “estratega y olvidado”

El historiador Fernando Sánchez Aranaz reivindica la figura del monarca conocido como ‘el Malo’

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Laura Puy Muguiro

Actualizado el 11/03/2021 a las 06:00

“No tiene ni calle en Pamplona”. El historiador Fernando Sánchez Aranaz (San Sebastián, 1953) desliza la frase nada más comenzar la conversación. Habla de Carlos II, rey de Navarra durante casi cuarenta años del siglo XIV. Un monarca “estratega, pactista y olvidado, al que han dado mala fama”, sobre el que sobrevuelan diferentes mitos y al que se conoce con el sobrenombre de el Malo, y no precisamente porque se lo otorgaran sus contemporáneos, sino un historiador dos siglos después.

Sánchez narra su vida, estrategias, ambiciones y pérdidas en Carlos II de Navarra. El rey que pudo dominar Europa (Editorial Mintzoa). Porque este monarca lo deseó, pero las circunstancias no le acompañaron en su objetivo.

Carlos II fue el rey que pactó con todos, Castilla, Aragón e Inglaterra; monarca de Navarra por corresponderle por dinastía -su madre era Juana II de Navarra-, trató de serlo también de Francia, sin conseguirlo, igual que intentó, por medio del Tratado de Libourne, que el reino de Navarra recuperara los territorios conquistados en 1200 por Alfonso VIII, rey de Castilla -Guipúzcoa, el señorío de Vizcaya y Álava-. Tampoco lo logró.

En su primera colaboración con la editorial navarra, Sánchez presenta a Carlos II como “una persona muy culta” que “sabía leer y escribir, algo que entonces muchos reyes no”. Religioso, “era sinceramente cristiano”, como se desprende de no conocérsele amantes. Sin hijos naturales -nacidos antes de casarse-, sí los tuvo en su matrimonio con Juana de Francia -siete, entre ellos Carlos III- y tras enviudar, dos.

LA INVENCIÓN DE 'EL MALO'

Nació el 10 de octubre de 1332 en Évreux, a cien kilómetros de París. Fue el primogénito de una familia normanda, los Évreux, emparentados con la Casa de Valois, rama de la dinastía de los Capetos que reinó en Francia entre los siglos XIV y XVI en distintos periodos. Su madre era la reina Juana II de Navarra, hija del rey Luis I de Navarra y X de Francia; su padre, Felipe de Évreux. Sánchez no ha encontrado ningún documento que explique el sobrenombre de el Malo. “Se lo inventó dos siglos después del reinado de Carlos II el historiador castellano Diego Ramírez de Ávalos de la Piscina en su obra Crónica de los muy excelentes Reyes de Navarra (1534)”, apunta.

Sánchez comenzó a interesarse por la figura de Carlos II tras estudiar las pinturas de la Iglesia de Alaitza, en Álava. “Llegamos a la conclusión de que esas pinturas las realizaron soldados ingleses que estaban con las tropas del Príncipe Negro [Eduardo de Woodstock], que había llegado a la península para apoyar a Pedro I de Castilla”. Esas pinturas eran, por lo tanto, de 1367, un año después del Tratado de Libourne, donde surgió para Sánchez el nombre de Carlos II.

Al morir su madre, Carlos se trasladó a Navarra para coronarse rey. Era 1350 y tenía 17 años. Pero el comienzo no fue bueno. Se debió a las protestas que se organizaron en Pamplona contra la devaluación de la nueva moneda que la llegada de un nuevo monarca llevaba implícita y por las que Carlos II no vio otra respuesta que la represión, siendo ahorcados del puente de Miluce, en la Rochapea, los jefes de esas Juntas que protestaban.

Unos meses después regresó a Francia para defender sus territorios de Normandía. Y si bien fue criticado precisamente por su marcha, como si abandonara Navarra, Carlos II lo hizo siempre pendiente de qué ocurría aquí.

Cuenta Sánchez que no hay que olvidar que era un señor feudal, con la mentalidad del “esto es mío”. Y si bien sus intereses estaban en Normandía, ingresaba muchos tributos, y la “horrible situación” que atravesaba Navarra debido a la peste y a haber perdido prácticamente la mitad de la población llevó a que “los ingresos de Normandía fueran muy importantes para el desarrollo de Navarra”.

A su vuelta casi una década después tras abandonar sus pretensiones a la corona francesa, Carlos II se preocupó de reorganizar el reinado navarro, en un estado lamentable al no haberse recuperado aún demográficamente de la epidemia de la peste. No obstante, él era fiel a su pueblo navarro igual que los navarros lo habían sido con él.

Así, a partir de 1362 comenzaron a entrar navarros en su reino, desplazando a funcionarios franceses y anulando además el monarca privilegios que su hermano Luis, regente en su ausencia, había concedido a personajes de origen francés.

Causante de poner los cimientos para la instauración en 1365 de la Cámara de Comptos, que fiscalizaría las finanzas del reino, el monarca regularizó el hasta entonces “caótico sistema tributario”; “se entregó a recuperar la decaída economía navarra”, volviendo a poner en funcionamiento las minas de plata y cobre de Urrobi y las de hierro de Lesaka y Bera; prohibió el juego como negocio, disminuyendo notablemente la delincuencia.

Además, “favoreció la industria textil”; “promocionó y ayudó a la construcción de obras” como el Convento de los Franciscanos o la recuperación del actual Archivo de Navarra y entonces Palacio Real, y “quiso fundar una universidad en Ujué”, por cuya Santa María sentía especial devoción y por la que hoy su corazón reposa allí, como escribió en su testamento.

“Tras haber sido muy estratega y negociador a todas bandas, se sintió muy desasistido al final de su vida”, señala el autor, para quien el final de la vida de Carlos II le impactó “emocionalmente”, al quedarse solo tras la muerte de sus hermanos Luis y Felipe, “con los que estaba muy unido”, y su mujer. Murió en Pamplona en 1387. Y concluye el autor: “Inició una recuperación de Navarra que luego aprovechó su hijo Carlos III, que sí tiene calle en Pamplona, y muy céntrica”.

Título: ‘Carlos II de Navarra.  El rey que pudo dominar europa’

Autor: Fernando Sánchez Aranaz.

Editorial: Mintzoa.

Número de páginas: 140.

Precio: 15 euros.

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