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Un libro reúne las vidas de Joaquín F. Roa

La Filmoteca de Navarra publica un volumen de Francisco Benavent sobre el actor pamplonés

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Un libro reúne las vidas de Joaquín F. RoaArchivo familia Roa
Un libro reúne las vidas de Joaquín F. Roa

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Ion Stegmeier

Actualizado el 17/12/2020 a las 10:16

Dos palabras le valieron a Alberto Cañada, coordinador de la Filmoteca de Navarra, para explicarle lo que quería a Francisco Benavent: “Joaquín Roa”. Quizá fueron cuatro: “Joaquín Roa, cien folios”. El caso es que Benavent -“la persona que más sabe de cine de Navarra”, asegura Cañada- se puso a investigar durante prácticamente un año la vida de uno de los actores navarros más prolíficos y, a la vez, desconocidos hoy en día: Joaquín F. Roa (Pamplona, 1890 - Pamplona, 1981). Fruto de aquel trabajo se ha editado el segundo número de la colección Libros de Cine, con la que Filmoteca reconoce la trayectoria artística de figuras navarras de diferentes facetas del séptimo arte. No existía hasta ahora ninguna publicación sobre el actor, que en esa “F” camuflaba un “Fernández”.

Además Roa, con su cara de bonachón y su eterna chalina al cuello, fue un navarro militante, no como su amigo Alfredo Landa -Junto con Pedro Osinaga “los tres tenores navarros”, bromeó ayer Cañada-, a quien Roa ziriqueaba porque el mismo amor que proclamaba a Pamplona lo declaraba a San Sebastián cuando estaba allí. Roa, no. Él nació en la churrería La Estrella, que sus padres tenían en la calle Hilarión Eslava 20 de Pamplona, y después de su prolífica carrera fuera de casa quiso acabar en Pamplona, en la Casa de Misericordia, donde residió su últimos años.

Joaquín Roa fue un actor de reparto que intervino en algunas de las películas icónicas del cine español de la época. Estaba en el balcón desde el que Pepe Isbert prometía dar la explicación que debía -como alcalde que era- en Bienvenido Mister Marshall (1953), de Luis García Berlanga; se metió en la piel de Fray Talán en Marcelino, Pan y Vino (1954), de Ladislao Vajda; se sentó con Marisol al piano en Un rayo de luz (1960), de Luis Lucía; y con el resto de mendigos en la última cena de Viridiana (1961), de Luis Buñuel, entre otras muchas.

El actor pamplonés rodó 71 películas a lo largo de su carrera, pero era y se declaraba ante todo un hombre de teatro, de la última generación de actores que trabajaban directamente a las órdenes del autor, sin director de escena. Interpretó cientos de obras junto con Pepe Isbert, Juan Espantaleón, Paco Morán, José Bódalo o Julia Caba Alba. Conoció a María Guerrero, Margarita Xirgú, y fue amigo de Jardiel, Mihura o Muñoz Seca. También escribió libros, libretos de zarzuela, escribió en revistas como Pregón y tenía formación musical, tocaba el piano, era tenor lírico y miembro del Orfeón Pamplonés. Cantó en zarzuelas y en la revista musical.

ACTOR AMBULANTE

La clave del éxito puede que fuera la vocación que tenía. “Iba a las puertas del Teatro Gayarre cuando estaba en la Plaza del Castillo, allá por 1900, y escuchaba desde fuera las obras de teatro”, revela Francisco Benavent, Patxi para los amigos, crítico y autor de libros de cine como Antología del Cine Soviético (1994) o Cine español de los 90 (2000).

Roa, explica Benavent, se formó en la escuela del teatro ambulante que iba de pueblo en pueblo, donde se enfrentaban a un contacto estrecho con el público y con los tomates que éste podía lanzarles para expresar su descontento. El propio Roa contaba que se le ocurrió dedicarse al teatro en un momento en el que era normal, por ejemplo, que la gente del sector preguntara al muchacho que pretendía ser actor: ¿Cuántos días resistes sin comer?” Y, más en Pamplona, donde Pepe Isbert contaba, también se recoge en el libro, que sorprendió a un sacerdote rezando ante sus baúles en 1915. Le había llamado la dueña de la pensión porque “como pertenecían al teatro estaban endemoniados”.

Poco a poco Roa fue llegando a Madrid, y al cine, con el que le llegó la fama. En los años 30 trabaja en numerosos musicales con Celia Gámez o Maruja Tomás y en 1933 rueda con Luis Buñuel La edad de oro en París, uno de los filmes emblemáticos del surrealismo que no se estrenó en España hasta 1978. Pasada la guerra empieza a rodar cuatro y cinco películas al año, siempre como actor de reparto excepto en La quiniela de Ana Mariscal (1960), frecuentemente interpretando al cura en repartos muy corales. Benavent cuenta que los directores y productores pensaban ¿Quién puede hacer el papel secundario de cura? ¿de criado? ¿de padre? Y Roa encajaba bien porque era un valor seguro. “Él siempre tenía la esperanza de dar el campanazo con Viridiana o Eloísa está debajo de un almendro, pero no fue el golpe esperado”, cuenta el autor del libro, que lo ha estructurado por décadas. “Hasta avanzados los años 60 trabaja a ese ritmo, en los 70 baja”, señala Benavent.

La mayor popularidad le vino sin embargo con la televisión y en concreto la serie El ultimo café. La gente le paraba por la calle y la prensa le dedicaba caricaturas

VIDA PRIVADA

Benavent se encontró con que la vida privada de Roa era muy desconocida. “Era de los que pensaba que la vida privada de un artista no debía darse a conocer y a partir de ahí vas descubriendo una vida tremendamente rica, en una época también tremendamente rica en lo que se refiere a teatro y al cine”, señala el autor.

Roa vio morir a cuatro de sus seis hermanos. Se casó tres veces y enviudó las tres, y tuvo una hija. Los familiares han colaborado estrechamente en la elaboración del libro y han aportado fotografías, recuerdos e información sobre el actor. Había pocos datos biográficos de Roa y muchos, además, eran falsos. Benavent ha ido comprobando y en su caso corrigiendo datos que circulan erróneamente por Internet. También ha contado con la ayuda de Cristina Leza en la documentación.

La vida de Roa es, además, un recorrido por el siglo XX. Vivió las dos guerras mundiales, la de Cuba, la de Marruecos y la Guerra Civil española. Procedía de familia republicana, a un tío suyo le fusilaron en Ibero y él estuvo oculto en un segundo plano. “Poco a poco te vas metiendo en toda esta época y te vas metiendo en toda su vida, que fueron varias vidas en una”, resume su biógrafo. Unas vidas que interferían unas en otras, como cuando Luis Cortés fue a buscarle a la Casa de Misericordia para que trabajara en Ni se lo llevó el viento ni puñetera falta que hacía (1980), su última película.

Después de Camino Garrigó, Roa protagoniza el segundo número de la colecciónLibros de Cine y ya están los siguientes en la “cocina”. En apenas uno o dos meses se publicará el dedicado al guionista José Germán Huici, y después están previstos los de Rafael García Serrano, María Luisa Elío, Paco Avizanda y Pedro Osinaga.

 

‘El camino’, este viernes en la Filmoteca


Familiares de Joaquín Roa como su sobrino asistirán mañana a la proyección en la Filmoteca de Navarra de El camino (Ana Mariscal, 1963) con la que se rendirá homenaje al actor. La célebre novela de Miguel Delibes que narra el despertar de la infancia de Dani el Mochuelo, fue adaptada por Mariscal para hacer un retrato de la vida en un pequeño pueblo español de los años 50. Roa interpreta una vez más al cura, un papel muy importante en aquella sociedad que convivía con la pobreza, la censura, la represión sexual, política y religiosa, temas sobre los que la película contiene una insólita diatriba. Presenta: Francisco Benavent.

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