Eduardo Mendoza: "La novela histórica es un teatro con datos reales e inventados"

"Necesitas de cosas inventadas para que se aguanten los hechos tan absurdos que ocurrían en la vida real", ha apuntado el escritor

La nueva novela de Eduardo Mendoza saldrá a la venta el 29 de octubre
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La nueva novela de Eduardo Mendoza saldrá a la venta el 29 de octubreEUROPA PRESS
La nueva novela de Eduardo Mendoza saldrá a la venta el 29 de octubre

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EFE. Barcelona

Publicado el 09/11/2020 a las 14:57

El escritor barcelonés Eduardo Mendoza, galardonado el Premio Barcino en el marco de la semana Barcelona Novela Histórica, considera que "la historia es un teatro inmóvil" sobre el que el novelista trabaja con "datos reales y cosas inventadas".

En una conferencia de prensa telemática, Mendoza ha recordado que en 'La ciudad de los prodigios' se inventó la ciudad de Barcelona que va desde 1888 a 1929, entre las dos Exposiciones Universales, de acuerdo con datos reales.

"Sin embargo, en la novela los hechos que parecen más absurdos y extravagantes son los reales, y por ello necesitas de cosas inventadas para que se aguanten los hechos tan absurdos que ocurrían en la vida real", ha apuntado.

"Muy contento" por haber recibido este reconocimiento de su propia ciudad, Mendoza ha dicho que el premio Barcino le gusta particularmente en reconocimiento a haber escrito novelas históricas, un empeño en el que ha puesto "mucha carne en el asador".

Y añade: "Todos los premios son fantásticos porque está detrás el reconocimiento y una transfusión necesaria contra el cansancio del escritor solitario y la tentación de dejarse llevar, y por el apoyo de unos lectores a los que les gusta leer y les gusta la novela".

Confiesa Mendoza que se lo pasa muy bien escribiendo, aunque atraviese por "momentos difíciles", porque no hay trabajo sin esfuerzo y, en ese sentido, revela que en su proceso creativo "cada palabra pasa por su control, cruza la frontera y paga peaje, ha de demostrar su valía".

"Así avanzo muy poco a poco, y si un día hago media página ya lo considero bien aprovechado", señala el escritor de "La verdad del caso Savolta", "nunca contento con el resultado", y que olvida sus novelas una vez están en las librerías porque "entonces tienen vida propia".

Volviendo al género, Mendoza afirma que siempre tuvo intención de "llevar la historia al terreno narrativo" y asegura: "Era y sigo siendo un gran lector de la historia, porque me interesa saber de dónde venimos, qué ha pasado en otros países en el pasado y qué semejanzas tenemos con ellos".

Preguntado por la pandemia, dice Mendoza que ha pasado por distintas fases: "Al principio, angustia al ver algo incontrolable que estaba haciendo mucho mal a mucha gente a mi alrededor, después me he acostumbrado y pienso que será un tiempo largo hasta que vuelva la normalidad, si es que vuelve en algún momento".

Aunque acaba de publicar 'Las barbas del profeta', Mendoza responde con ironía: "No soy profeta y no tengo ni idea de qué pasará en el futuro, pero mi impresión es que no producirá un cambio sustancial y las relaciones entre las personas continuarán siendo las mismas".

Sobre el caso concreto de su ciudad natal agrega que "Barcelona se tendrá que replantear el modelo de los últimos años, abierta al turismo, algo que ahora no funciona y no sabemos si continuará como antes, pero eso ha pasado muchas veces en la historia".

Ve difícil poder escribir sobre la pandemia porque, como apunta, "la visión histórica requiere que los hechos se conviertan en historia, hemos de tener perspectiva" y, a su juicio, "han de pasar 25 años para que un hecho se convierta en historia, y antes de ese tiempo todavía forma parte de la actualidad y está sometido a todo tipo de variables".

Reparte su domicilio entre Barcelona y Londres porque le gusta "vivir fuera para tener perspectiva", para alejarse y también para que le "dejen tranquilo", pero siempre escribirá sobre Barcelona porque es su ciudad, la que conoce mejor, la que le ha permitido "entender mejor la evolución histórica de la ciudad".

A Mendoza siempre le ha interesado la historia de la ciudad, "cómo es tan proteica y va cambiando a lo largo de los años, especialmente en época reciente, cómo se ha reinventado físicamente" y en esas transiciones se ha revelado como "una ciudad mentirosa, que ha sabido crear una imagen propia, a veces inventada, una ciudad a la que le ha gustado mucho la escenografía".

Presentado muchas veces como el cronista literario de la Barcelona contemporánea, Mendoza quita hierro al elogio y piensa que "todos han contribuido a construir ese imaginario", los que escriben "novelas, la historia, la ficción, los periodistas, los pintores, los músicos".

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