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Entrevista
ESCRITORA

Maribel Medina: "Pamplona tiene mucha porquería con sus historias de trata de mujeres"

La autora aborda en ‘Sangre entre la hierba’ “la esclavitud del siglo XXI, y encima legal”. Llega mañana al Club de Lectura de Diario de Navarra con el fin de la trilogía de la forense Laura Terraux y el agente Thomas Connors

Maribel Medina en el Club de Lectura de Diario de Navarra

Maribel Medina en el Club de Lectura de Diario de Navarra

Actualizada 01/02/2019 a las 20:20
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La escritura del último libro de Maribel Medina (Pamplona, 1969) le ha causado muchas discusiones. “La ira que siento repercute en mi día a día, en amigos que han utilizado la prostitución, por ejemplo”. Sangre entre la hierba aborda la trata de mujeres -“la esclavitud del siglo XXI, y encima legal” - y en cuanto termine su promoción va a descansar de las novelas de “macrodenuncia, que comen mucho”. Lo necesita. Porque ahora ha sido la trata de mujeres pero en 2013 fue el dopaje (Sangre de barro) y en 2015, los abusos de las farmacéuticas en la India (Sangre intocable). En el fin de esta trilogía con la forense Laura Terraux y el inspector de la Interpol Thomas Connors, Medina también aborda la maternidad. “Nos meten el ideal de que la mujer necesita ser madre para desarrollarse como persona, y no es verdad. Mi prioridad soy yo, y, si soy la prioridad número uno, voy a ser mejor esposa y madre y todo lo que me quieras poner”. Sangre entre la hierba “es una novela muchísimo más intimista que las demás, mucho más de relaciones personales, lo más difícil del día a día”. Laura, ahora madre primeriza y agobiada, y Thomas viajan a La Rinconada, “el infierno blanco”, un pueblo de Perú, para investigar la desaparición de un amigo de él, topándose con un caso de trata de mujeres donde una madre lleva 16 años buscando a su hija. Medina, casada y madre, preside la ONG internacional Women’s Time y dirige el festival Almoradiel Lee. Estudió geografía e historia y fue profesora de matemáticas e historia y lectora para una editorial. Está escribiendo otro libro y trabajando en un proyecto de adaptación a la pequeña pantalla de una historia sobre dopaje que ya tiene director.

¿Cuál ha sido la conexión personal para escribir este libro?

Cuando empecé el segundo ya tuve claro el tema de éste por haberlo visto de primera mano con la ONG y porque es un problema global que nos compete a todos.

¿Qué ha visto en la ONG?

De todo. Que las mujeres son utilizadas como mercancía, sobre todo en India y Nepal, a la cabeza mundial en el tráfico de mujeres, y en República Dominicana, un paraíso del sexo. Me indignaba muchísimo. Pero también lo que ocurre en Pamplona: como si fuera un daño menos malo, por parte de la clase política y de todos nosotros se tolera y se consiente que exista la prostitución, para mí la esclavitud del siglo XXI, y encima legal. He querido que el libro lo lean los chavales, en los institutos, porque se están dando unas cifras escandalosas de consumo de prostitución por la juventud. Tienen por norma, por costumbre, el porno por Internet. Han crecido con él y ven natural usar a una mujer: si no has ligado cuando has salido por ahí, acabas la noche en un puticlub o concertando una cita por Internet. Perpetuamos esta sociedad patriarcal, machista, de subordinación de la mujer, de dominio...

La última palabra que ha escrito usted en el libro, en los agradecimientos, es “intolerable”, en mayúsculas, como si fuera un grito.

Absolutamente. Mis libros son mis gritos. Hay que sacar la porquería fuera, y Pamplona tiene mucha porquería con sus historias de trata de mujeres. Porque donde hay dinero hay corrupción, y aquí también.

¿Qué ocurre aquí?

Tengo amistad con la encargada en Cáritas de atender a las prostitutas de la calle y de intentar sacarlas. Estamos hablando de mafias y de mujeres aterrorizadas.

¿Y ha hablado con prostitutas?

Con muchas, y con mujeres que lo han dejado. Y es tan terrible lo que cuentan que no pude escribirlo para el libro. Son tantos los datos horribles... Y quise centrarme en una historia como la de una madre y una hija para que el lector empatice y vea que son personas y no objetos, que son solo carne para quienes usan la prostitución. Estoy convencida de que, si los chavales conocieran con charlas y educación lo que existe, dejarían de ver a las mujeres como objetos a las que comprar.

Afirma que España es el paraíso para el negocio del sexo y que mueve 5 millones de euros al día.

Y son datos oficiales. Hay 1.700 puticlubs legales. Legales. Qué palabra para vender esclavos, ¿verdad? Sólo con lo que hay en la Junquera somos número uno en Europa y estamos en los primeros puestos en el mundo. Somos un paraíso sexual. ¿Por qué no se cuenta que también se viene a España de turismo sexual?

¿Algún político le ha escuchado?

Hace dos años estuve en el Parlamento, me reuní con los grupos políticos y no quiero saber nada de ellos. Con esto te lo digo todo. Intentaron manipularme. Tengo tan mal genio, salí tan cabreada, que no voy a volver. Algún grupo político me escuchó, pero otros me metieron en una encerrona que no perdono. Cuando quieren, hay voluntad política y hacen un decreto para lo que les interesa. En este tema podríamos ser punteros en España, en Europa. ¿Por qué no se ilegaliza? Esa sería la solución.

Una prostituta del libro dice que lo es porque quiere, una frase que también se escucha en reportajes.

Es que les engañan y tienen el síndrome de Estocolmo. He tenido los mejores asesores. El número uno contra la trata de mujeres en España, el inspector jefe José Nieto, estuvo conmigo. Me ha enseñado todo. Y a él le parece una barbaridad que la prostitución se legalice y se trate a las prostitutas como trabajadoras sexuales. Ve a todas como víctimas. ¿Quién de verdad elige ser prostituta?, ¿en serio es una opción?, ¿se aprende a ser una buena puta?, ¿en qué colegio? Alemania legalizó la prostitución, y de unas 450.000 prostitutas que existen, solo unas 80 tenían la Seguridad Social. ¿Por qué? Porque es tabú, y para los proxenetas, un chollo. Que yo sepa, Suecia es el único país que ha ilegalizado la prostitución, y de un 14% de consumidores ha pasado a un 7%.

Ha dicho que le impactó el caso de Susana Trimarco, una argentina que no ha dejado de buscar a su hija, secuestrada en 2002 y obligada a prostituirse.

Esa mujer vino en 2007 y me impresionó. Leí una entrevista buenísima que le hicieron en El País y recuerdo que pensé si yo sería capaz de estar tantos años buscando a mi hija. Y cuando empecé a escribir Sangre entre la hierba me acordé de esa madre. Contacté con ella y hablamos. No puedes imaginar la de casos de chicas desaparecidas que hay. En la ONG, por ejemplo, estamos ayudando ahora a mujeres de Bolivia. Allí van al colegio y ya no regresan. Las trafican hasta Perú, Japón, China... Desaparecen una barbaridad de niñas. Cuando vas por Latinoamérica hay zonas, como estaciones de autobuses, con paredes llenas de carteles de colegialas desaparecidas. Se te cae el alma porque sabes que no van a aparecer.

Me ha dicho que ha escuchado cosas tan terribles que no las pudo escribir para este libro. No obstante, en él se leen bastantes situaciones duras...

Hablando con Cristina Fallarás [escritora y periodista] me contaba cómo se había encontrado en Madrid con mujeres chinas a las que habían operado varias veces porque se les desgarra la vagina, que se les une con el ano, y que, aunque las cosen, se les abre de nuevo. O con prostitutas con pezones arrancados, pelo arrancado, atadas como si fueran perros para violarlas, azotarlas... ¿Cómo voy a escribir todo esto? Esta fue la dificultad de la novela: cómo plasmar, sin caer en la obscenidad y el victimismo, lo que ocurre, dándole dignidad para que el lector empatice con las protagonistas, sobre todo con Ángela María, la joven desaparecida.

Documentarse, conocer, hablar... ¿le ha desgastado emocionalmente este libro?

He tenido muchas dudas y crisis con él y he sentido mucha ira de tantos datos y tanto que conocía. Pero Carlos Zanón me dio el consejo más valioso para escribir la novela: me hizo ver que no soy periodista y que no tengo por qué contar toda la verdad ni todos los datos, que lo hiciera a mi manera. Volqué todo de una forma suave en esa madre y esa hija y mi ira, en mi alter ego, Laura Terraux. Este libro no me ha desgastado, sino que me ha ayudado, ya que yo también estaba equivocada con el tema de la prostitución en España, donde no suele existir maltrato físico: no quieren a las mujeres con marcas, así que las amenazan y las convierten en sus propias carceleras.

¿Conoce casos de mujeres que hayan salido y vivan liberadas?

Conozco a mujeres que han salido de la trata y se dedican, por ejemplo, a dar charlas. Pero son mujeres para las que es imposible retomar la vida diaria y verse normal. Y hay quienes se han casado porque un hombre las ha sacado. Qué mal hizo Pretty woman a la prostitución. Porque no es el cuento de hadas de Cenicienta, es el “yo te compro, yo te salvo”.

¿Y se ha encontrado con hombres que le digan “la necesidad puede más que la conciencia”, como uno de sus personajes?

Conozco a quien paga para estar con una prostituta y no cree que esté comprando, sino que ella es una mujer libre que le pide dinero a cambio de sexo. No he encontrado a ningún hombre que se haya arrepentido.

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