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Entrevista
Periodista y escritor

Ander Izaguirre: “El Pirineo funciona como un pequeño universo de historias”

El periodista guipuzcoano (San Sebastián, 1976), último Premio Euskadi de Literatura por ‘Potosí’, está presentando ahora ‘Pirenaica’, “catorce etapas de mar a mar, catorce crónicas de la cordillera”, un libro viajero y ciclista

Ander Izaguirre: “El Pirineo funciona como un pequeño universo de historias”

Fotografía tomada por Ander Izagirre de la bajada por el bosque de Issaux hacia el valle de Aspe durante una de sus etapas para Pirenaica.

Cedida
18/05/2018 a las 06:00

Ander Izagirre estuvo el martes en Pamplona. Llegó desde San Sebastián en autobús, y eso que por un momento se le pasó por la cabeza organizar la etapa San Sebastián-Pamplona en bici. ¿Por qué no? Iba a presentar Pirenaica, el libro por el que el año pasado recorrió el Pirineo, desde la puerta de su casa hasta el Cabo de Creus, para escribir sobre las carreteras construidas por los presos del franquismo o para que la emperatriz Eugenia disfrutara de estaciones termales en el siglo XIX; para escribir sobre osos y Basajaun, y sobre los mitos del Camino de Santiago o la ‘república de los pastores’. Y recorrió esos 1.200 kilómetros en una bici que el martes finalmente aparcó. “Entre semana no iba a venir nadie, así que no tenía sentido”, reflexionaba. Quizá más adelante...

De hecho, el día 6 hizo una parte de la primera etapa con un grupo de amigos. ¿Por qué?

Porque los miles de ciclistas que recorremos esas carreteras y las disfrutamos tanto no sabemos qué tienen detrás. Yo mismo no lo sabía hace dos años. Les llevé por las carreteras que conocen de memoria, pero parando, entrando en el bosque por una bóveda de hormigón y recorriendo el búnker de Arkale, impresionante, con escaleras, galerías... que nadie conoce. O los restos de los barracones de los presos. Hoy en día hay un afán competitivo hasta entre quienes hacen deporte de manera popular. Y lo entiendo porque he sido ciclista y me pico con mis amigos subiendo un monte. Pero la bici permite hacer deporte descubriendo la historia de tu entorno que hay detrás.

Le presentan con esta frase: “Quiso ser ciclista y se quedó en escritor”. Y viendo Pirenaica, ni tan mal: mitad y mitad.

Y de hecho, mientras subía el Tourmalet, pensaba “¡me van a pagar por subir el Tourmalet en bici!”, que era lo que quería de niño, aunque ganando una etapa del Tour [ríe]. Últimamente suelo decir que la bici es como una navaja suiza: me ha servido para moverme por la ciudad, para hacer deporte, para viajar, en este caso para buscar temas para escribir... Es un goce. Mi objetivo no era contar mis aventuras cicloturistas, si para mí era fácil o no subir el Tourmalet. Quería buscar temas sobre los que escribir. Por eso me exigía una preparación previa en casa: buscar los temas, trabajarlos, buscar contactos... Por ejemplo, para el tema de los osos, sabía que había un biólogo en el valle de Arán, así que hablé con él, quedamos, me enseñó sitios interesantes para hacer una ruta relacionada con el oso...

¿Hasta qué punto lo llevaba todo atado? ¿Dejaba espacio a la improvisación?

Han funcionado las dos cosas. La idea del libro es contar crónicas de temas pirenaicos, y esos los tengo que preparar porque hay que leer, hacer los contactos... Pero me gustaba también que el viaje fuera abierto. Este biólogo, por ejemplo, es quien por casualidad, al preguntarme dónde iba a terminar el viaje, me dio contactos en Cadaqués, donde tiene familia. Y por él llegué a Joan Vehí, que fue carpintero de Dalí y fotógrafo de su cotidianidad. Y del viaje en bici me gusta que estás expuesto al mal tiempo. El libro es distinto porque me pilló una tormenta bajando Aubisque [Pirineo francés] y tuve que parar en un hotel peculiar. Al día siguiente hice una etapa de 20 kilómetros que me sirvió para hablar de otro tema que no esperaba, el de la ‘república de los pastores’. Si hubiera hecho sol, el libro habría sido distinto.

La primera persona que aparece en Pirenaica es Luis Ortiz Alfau [preso antifranquista], que protagonizó su último libro. ¿Se le ocurrió Pirenaica al hablar con él?

Justo. Pirenaica está encadenado a El siglo de Luis Ortiz Alfau, su biografía. Entre muchas de sus aventuras y desventuras, me contó la construcción de las carreteras del Pirineo por presos del franquismo. Me di cuenta de que las carreteras más habituales para los ciclistas de mi zona, las más bonitas y las más solitarias, tenían una historia muy negra detrás: estaban construidas por mano de obra prácticamente esclava. Conozco bastante el Pirineo, al menos la mitad Occidental, pero me planteé que, si la carretera más cercana a mi casa, el puerto de Jaizkibel, tiene una historia tan terrible y desconocida detrás, iba a intentar andar por Navarra, Roncesvalles, Saint-Jean-Pie-de-Port, las carreteras del Tour de Francia... Y contar algo distinto. Cómo las carreteras del Tour, por ejemplo, son las del turismo aristocrático, de las instalaciones termales, luego del esquí, la montaña, el ciclismo, y cómo refleja un cambio de sociedad: la montaña era el territorio donde los pastores se ganaban la vida muy malamente y de repente se convierte en el espacio en el que vamos voluntariamente a disfrutar. Se puede contar la transformación de la sociedad a través de unos caminos.

Desde luego en Pirenaica no es un ciclista mirando solo al asfalto...

Creo que es bueno reivindicar el paseo, y la bici es ideal para eso. Cuando hablo de los puertos míticos del Tour, del Aubisque, el Tourmalet... Hablo de pastores porque un ciclista hoy está jugando y el pastor que estaba en el Tourmalet era un chaval de 12 años que tenía que subir entre la nieve a buscar un rebaño. Es un poco obsceno que nos creamos que lo nuestro es épico. Quería que el que vaya al Aubisque sepa qué era, y que no hicieron la carretera para el Tour sino para un turismo aristocrático imperial, democratizándose después: esas ‘épicas’ son las de una sociedad próspera que se permite jugar e ir de fin de semana a subir montañas.

Ander Izaguirre: “El Pirineo funciona como un pequeño universo de historias”

En cada etapa ha encontrado un tema distinto: el Basajaun, los osos, el Tour, los pintores...

Era mi idea: una etapa, un tema pirenaico, y un panorama variado. Me gustan las distintas maneras de interpretar un territorio: el Pirineo es un espacio duro de trabajo para los pastores; un paisaje donde unos pintores casi revolucionan la historia del arte porque deciden cambiar la manera de revelarse a las normas de la realidad; un paisaje para el deporte, el ocio; un sitio en el que hay conflictos sociales respecto a la fauna, los osos...

Escribe historias reales y otras no tanto, como esa etapa que ha titulado El camino de Roldán, Santiago y otras mentirijillas.

Son mitos, leyendas, que acaban siendo muy reales, hasta el punto de que Navarra no se puede entender sin el Camino de Santiago. De hecho, mi vida no se puede entender sin el Camino de Santiago porque mi pareja es una italiana que estaba en el Camino de Santiago, y la conocí ahí. ¿Por qué hay 60.000 brasileños, coreanos, esta italiana... que cruzan Navarra por ahí? Por una historia del año 800 y pico que no tiene fundamento científico, pero es una narración tan bien hecha, tan fuerte, que sirvió para que se hicieran caminos, se fundara Estella y para que hoy 60.000 personas pasen por un collado del Pirineo y no por el de al lado. Me interesa mucho la fuerza de las historias. Incluso las leyendas y mitos sin fundamento racional sólido son reales porque fundan ciudades o te cambian la vida. Somos una especie que transformamos nuestra vida contando historias.

Me quedo con aquellas de personas reales, como Juan Pito.

Hay una cosa ahí que me gusta mucho. La montaña ha sido tradicionalmente un entorno hostil donde los humanos se prestan ayuda porque alguien se puede perder en la nieve, despeñar con la niebla... Y un detallito me emociona cuando ando por la montaña: los montoncitos de piedra que pone la gente cuando el camino no está claro. Veo eso y ya sé por dónde ir. ¿De quién me estoy fiando? No lo sé, pero lo hago absolutamente. En un entorno hostil como la montaña la gente tiende a ayudarse incluso entre desconocidos. Y Juan [de la Venta de Juan Pito] tocaba el silbato para orientar a los pastores y que la gente no se matara. De ahí Juan Pito.

Parece que lo tenía preparado: terminada la última etapa, se queda con ganas de más, decide seguir y se le pincha una rueda. ¿Lo encadenará con otro libro?

Creo que a partir de ahora voy a estar dando muchas vueltas por el Pirineo. Tengo un proyecto lento, a largo plazo. Estoy haciendo muchos recorridos a pie, también buscando historias y a personas. Me parece que el Pirineo funciona como un pequeño universo, como un mundo que recoge muchos relatos: de políticas actuales, historia, interpretación del territorio... Veo este libro dentro de una cadena. De hecho, ya he escrito cosas de viajes que he hecho a pie, sobre todo en el Pirineo navarro. Va a ser un universo donde me voy a instalar cómodamente por un tiempo, sin prisa.

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