Clásica
Una delicia


Actualizado el 24/04/2018 a las 14:28
En pocos lugares se podría organizar un concierto de estas características. Poder reunir en un mismo escenario a cinco importantes valores de la lírica establecidos aquí es un raro privilegio, y gracias al excelente trabajo a lo largo de muchos años del Departamento de Canto del Conservatorio Superior de Música de Navarra esta iniciativa ha sido posible y ha funcionado a pleno rendimiento.
El concierto había creado expectación también por otro motivo: la participación de Carlos Chausson. El barítono aragonés, tras muchísimos años de carrera, sigue siendo uno de los más grandes especialistas en los personajes bufos de Rossini, Donizetti y Mozart. Quedaba aún el rendimiento de la Orquesta Ciudad de Pamplona, una formación de reciente creación para la que ésta era seguramente la actuación pública más relevante hasta ahora.
De entre las solistas vocales navarras (o residentes en Navarra), sorprendió mucho el nivel general. Así, Itsaso Loinaz demostró su calidad ya en la escena del primer acto de Lucia di Lamermoor, donde ofreció un gran dominio del fraseo en la cavatina para luego desarrollar importantes agilidades en la cabaletta. Otra sorpresa positiva fue Paula Sánchez-Valverde, especialmente destacada por su desenvoltura en El barbero de Sevilla de Giménez, demostrando seguridad en las agilidades y mucha atención al sentido de las palabras. La más veterana, Dorota Grzeskowiak, volvió a demostrar su extraordinaria musicalidad y su seguridad en coloraturas y agudos. Si en Lakmé demostró pleno dominio de la articulación, en el aria de Mirentxu de Guridi dialogó con exquisita sensibilidad con un acertado solista de clarinete. Quedan por último María Ayestarán y Sofía Esparza, las cantantes que en los últimos tiempos han alcanzado más resonancia; ambas funcionaron mejor en sus intervenciones de la segunda parte. Liberada de la presión de manejarse con una gran orquesta, Sofía Esparza se mostró especialmente segura y dominó el escenario en la entrada a escena de Cecilia Valdés. María Ayestarán ofreció una interpretación especialmente musical de las peteneras de La marchenera de Moreno Torroba.
Carlos Chausson intervino fundamentalmente en dúos con algunas de las cantantes (Bodas de Fígaro con Esparza, Don Pasquale con Sánchez-Valverde y El puñao de rosas con todas), pero ofreció dos obras en solitario: las arias de Fígaro y el Doctor Bartolo del primer acto de Las bodas de Fígaro de Mozart, en ambos casos lecciones magistrales sobre cómo hay que interpretar este repertorio, actuando cada palabra del texto pero sin olvidarse de cantar en ningún momento. Los cantantes de generaciones posteriores deben tomar nota.
Los aficionados más avisados seguramente echaron de menos algunas partes instrumentales en algunos acompañamientos de las arias, (el arpa en Lucia di Lamermoor, por ejemplo), pero la Orquesta Ciudad de Pamplona actuó en general con gran seguridad; por otra parte, los solistas demostraron gran calidad. Además, contar con una orquesta más mediana tiene sus ventajas: a las cantantes les ofrece la oportunidad de entrenarse con orquesta sin hacer frente a la presión de tener que proyectar a toda costa para hacerse oír. El director, Jose Antonio Irastorza, ofreció un acompañamiento en general muy respetuoso con las voces. El gran culmen fue al final: Meine Lippen, die küssen so heiss, de Judita de Franz Lehár, con todas matizando a su mejor nivel. Ciertamente, fue una delicia.