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Erika, una eriza con cuento

‘Erika. No soy perfecta’ es un foto-cuento basado en hechos reales en el que se unen los textos del veterinario y cofundador de la asociación Basati Alfonso Bañere y las fotografías de animales de Alfredo Piedrafita, el exmiembro de Barricada y actualmente de Miss Octubre

Erika bebe agua en una de las imágenes que forman parte de Erika. No soy perfecta.

Erika bebe agua en una de las imágenes que forman parte de Erika. No soy perfecta.

Alfredo Piedrafita
Actualizada 28/03/2018 a las 14:17
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Erika llegó sin una de sus cuatro patitas pero con una historia. Alguien abandonó a esta pequeña eriza en lamentables condiciones ante la asociación veterinaria Basati. “No llegamos a saber exactamente qué pasó, porque la abandonaron muy bruscamente, pero tenemos muchas sospechas de que le habían atado una cuerda o un hilo a la pata, eso produjo un torniquete, la pata se le pudrió y hubo que amputarla”, relata Alfonso Bañeres, “bichero compulsivo” que fundó la asociación en Pamplona junto a su mujer y otro compañero.

Erika era una eriza africana, es decir, una especie catalogada actualmente como invasora y, por tanto que tiene prohibida su comercialización. Pero cuando fue adquirida en una tienda era legal, debió ser el antojo de alguien cuando estaba completa, con sus cuatro patitas. “Cuando la abandonaron ya no les resultaría tan bonita, le dolía la pata y cuando alguien quería acariciarla se hacía una bola, y pinchaba, ya era una mascota imperfecta, y el hecho de que la abandonaran demostró el caprichismo que les había conducido a adquirirlo, cuando hay miles de perros y gatos abandonados cada día que se pueden adoptar”, lamenta Bañeres.

Pensaba sobre todo esto el veterinario, que ha criado con sus propias manos murciélagos, comadrejas, martas, tejones, lobos, corzos, numerosas rapaces y una nutria llamada Euri, y de repente, se le encendió la bombilla. Se acordó de lo que tantas veces le había dicho a su amigo Alfredo Piedrafita, el exguitarra de Barricada y actualmente de Miss Octubre, cuando éste le solía enseñar sus fotos de animales: “Parecen de cuento”.

Bañeres le propuso hacer un foto-cuento sobre Erika y Piedrafita accedió -“Nunca se niega a nada”, asegura- . Así nació Erika. No soy perfecta, en el que Bañeres pone el texto y Piedrafita (Barbastro, 1960) sus espectaculares imágenes de animales.

La historia se relata a modo autobiográfico. “Me llamo Erika y quiero contaros mi historia”, comienza. “Nací en una tienda de animales para ser vendida a alguno de los que nos veían en el escaparate y se encaprichaban de nosotros”, continúa, antes de ir conociendo a los distintos habitantes del bosque.

Para las fotos Erika -que fue adoptada por una veterinaria de la asociación- posó muy bien. “La verdad es que era un cielo, los erizos no son bichos que corran, ni se escapen ni nada, son más cariñosos de lo que parecen a simple vista”, explica Piedrafita. El libro combina fotografías que él ya tenía hechas con otras que se tuvieron que hacer expresamente para la publicación.

La pasión por la fotografía del músico navarro empezó muy lejos, en Australia. Permaneció seis meses allí, “aquello es un paraíso de la naturaleza”, asegura, y se llevó su primera cámara reflex simplemente por grabar recuerdos de turista. Pero tuvo bastante tiempo, empezó a aprender y al volver a Pamplona se juntó con gente que le fue enseñando las claves de la fotografía. “Cuando empiezas quieres hacer fotos de todo, pero cuando ya llevas un tiempo te vas encaminando a una técnica más específica”, explica. En 2014 editó su primer libro de fotografía, La estación perpetua, con imágenes tomadas en los campamentos de refugiados saharauis de Tinduf, pero poco a poco fue dirigiendo su cámara hacia la fotografía de animales, una práctica que le relaja mucho.

“Puedo estar horas esperando a un animal que igual ni aparece, pero solo preparar la foto, ir al campo, estudiar la zona, ver por dónde puede venir, si es de noche pensar cómo se podría iluminar... es increíble la cantidad de fotos que haces sin llegar a nada, sin conseguir la foto perfecta... pero para mí es una relajación”, asegura. Además él se declara una persona de contrastes: “O estoy con el ruido más absoluto, con la guitarra y el ampli a todo volumen, o en el silencio total en el bosque intentando sacar una de estas fotos”, apunta.

SIN BUENISMOS

El cuento no es exactamente de la factoría Disney. “Buscábamos huir un poco del buenismo, del típico animalito de colorines que va al parque a jugar con la pelota, dentro de que es un cuento, de que los animales hablan y se comunican entre ellos, queríamos darle una visión más realista, con animales reales y su comportamiento real, sus limitaciones y sus actitudes, explicando cómo se desenvuelven, cómo se adapta cada uno”, apunta Alfonso Bañeres.

Así, la eriza irrumpe en el libro abandonada en el bosque, en un entorno ajeno al suyo, y se va encontrando animales con mala prensa en el mundo del cuento infantil, como un buitre, una culebra que le anima por la falta de la pata - “Yo no tengo ninguna y me apaño perfectamente”, le tranquiliza- , un zorro, la gineta o un murciélago, “un animal superbeneficioso que hace una labor increíble que no se ve”, apunta Piedrafita.

De todas las fotos hay algunas que le gustan especialmente a su autor, como la gineta saltando en el aire por la noche. En el cuento, la eriza envidia la belleza de la gineta, mientras que ésta le confiesa que lo que a ella le gustaría sería tener un nombre, como Erika. “Me costó bastante, es una técnica especial de barrera de infrarrojos, con lo cual tienes que conseguir que la cámara esté enfocada a este punto exactamente y tienes que conseguir que la gineta esté en ese momento en el aire”, explica Piedrafita. “Para cuando consigues una imagen así haces bastantes fotos de todo negro o culos de zorros, de garduñas, de cantidad de cosas”, explica.

La del cárabo también le gusta mucho. “Es muy agradecido”, cuenta el músico-fotógrafo. “Pocas veces he salido por la noche a hacer fotos a los cárabos y he vuelto sin ninguna, es muy fiel y no se asusta con los flashes”, comenta. Todas las fotografías se han hecho en los alrededores de Pamplona.

El libro también quiere lanzar el mensaje de que los animales no están ahí para el capricho y la diversión humana, sino que “realmente son compañeros de mundo y hay que tratarlos como tal”, en palabras del escritor.

Bañares ha comprobado con sus propias hijas que la historia les gusta. “Les produce mucha ternura el hecho de que a Erika le faltase una pata, que hubiese sido abandonada, y se sienten identificados porque los niños a veces son muy crueles, con el gordito del grupo, el bajito, el listo... con los que no son “perfectos”, y el resto de los niños les machacan”, añade. En su opinión, el libro puede servir también de apoyo para niños con bullying o con problemas de autoestima.

“Le llamamos fotocuento para niños pero es adaptable para los adultos también, todos estamos preocupados con el rollo de la percepción, y todos en un momento dado sufrimos por algo que no tenemos o por algo que vemos que tiene el otro”, añade Piedrafita.

El libro ha sido editado por Erein en euskera y castellano, con una tirada conjunta de dos mil ejemplares. La acogida está siendo buena y si cuaja es posible que se traduzca también a inglés.

Lo que es seguro es que tendrá continuidad en una especie de colección. “No tiene por qué ser Erika la protagonista, pero la línea sería esa”, aventura Bañeres.

La asociación Basati nació en Navarra en 2012 para trabajar en la asistencia clínica a animales sin dueños. La asociación los opera y luego los da en adopción. Además, trabajan con animales maltratados. Ahí, por desgracia, es donde más trabajo tienen: “Son animales golpeados, abandonados, encadenados toda su vida, unos comiéndose a otros, animales tiroteados, crucificados, ahogados, envenenados... de todo lo que puedas imaginar”, explica Alfonso Bañeres.


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