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Danza

El Ballet de Antonio Márquez actúa hoy en el Teatro Gayarre

El director de la compañía apuesta por ‘El sombrero de tres picos’ y ‘Bolero’, dos coreografías que, sin perder su esencia, se adaptan al estilo de los bailarines

os bailarines de la compañía Antonio Márquez, en un momento de la coreografía 'El sombrero de tres picos'

os bailarines de la compañía Antonio Márquez, en un momento de la coreografía 'El sombrero de tres picos'

Diario de Navarra
08/12/2017 a las 06:00

Cuando se dice que la danza no es movimiento, sino un sentimiento, habrá quien piense que es así. Otros se mostrarán más escépticos. Pero si alguien comparte unos minutos con Antonio Márquez comprenderá que esa emoción y esos sentimientos forman parte de la esencia de un bailarín. Al menos, de este representante de la danza clásica española que fue primer bailarín del Ballet Nacional de España y que ahora dirige su propia compañía, es coreógrafo y continúa como bailarín.


Con su manera tan temperamental de entender la danza española y su apuesta porque los bailarines enriquezcan las coreografías con “los artistas que llevan dentro”, el Ballet de Antonio Márquez llega esta tarde al Teatro Gayarre (20 horas) con un espectáculo de danza en estado puro a través de El sombrero de tres picos y Bolero. Dos coreografías que, basadas en obras clásicos, han sufrido distintas adaptaciones para mantenerlas actuales, pero sin perder la esencia.


El sombrero de tres picos se trata de un encargo de Sergei Diaghilev a Manuel de Falla para que, junto a la coreografía de Leonidas Massine y escenografía de Pablo Picasso, formara parte del repertorio de su Ballet Ruso. Y esta pieza ha sido coreografiada y bailada por todas las generaciones de la danza española, incluido Antonio Márquez. También por su compañía, que la estrenó en 1998 y todavía llega a los escenarios. “La obra ha sufrido cambios, ha evolucionado, no puede ser de otra manera. Los bailarines van cambiando y no les puedes hacer a todos bailar igual. Eso es imposible, pues cada uno tiene que sacar lo que lleva dentro. El espectáculo no es un lienzo donde pintas un baile y se queda plasmado eternamente. No, es una obra viva y lo más importante es sacar el máximo rendimiento a los artistas”, explica.


Respecto al Bolero de Ravel, la coreografía que llega a Pamplona es la que Antonio Márquez estrenó en 2005 y que, desde entonces, ha presentado en escenarios de todo el mundo. “Todo ha ido cambiando. La primera versión de Bolero que hice fue para 9 bailarines, pues no eramos más en la compañía. Luego ya crecimos y surgió esta versión”, recuerda el bailarín.


COMPAÑÍA QUE CRECE


Antonio Márquez, de 54 años, es tá considerado como un referente de la danza clásica española, aunque su amplio registro abarca también la fuerza del flamenco y la danza contemporánea. Como bailarín ha pisado muchos escenarios internacionales y ha cosechado numerosos éxitos. Y ahora, además de seguir bailando, apuesta por trabajar con esos bailarines jóvenes que llegan a su compañía para formar parte del cuerpo de baile. Así lo prueban las más de 600 personas con las que ha trabajado desde que se fundara la compañía en 1995. “La experiencia vivida en estos 22 años es única. Es una compañía con mucha energía. Para mí es fundamental esa entrega que va más allá de la obligación de tener que bailar”, añade.


El Ballet de Antonio Márquez se enriquece con la llegada de nuevas caras al grupo, siempre bajo el objetivo de mantener una compañía “donde haya homogeneidad, haya carácter, fuerza e improvisación”. Todo ello, añadido a la técnica que suman los bailarines de manera individual. “En un bailarín es importante la faceta artística y temperamental que tenga cada uno, pero también sus facultades técnicas. Al fin y al cabo, no dejamos de ser bailarines, nosotros comunicamos con el movimiento”, indica Antonio Márquez.


En su faceta de director, Márquez tiene un reto claro. No es otro que hacer crecer su compañía de baile, para lo que considera fundamental la evolución de sus bailarines. “Cuando salen de las escuelas, hay un problema. Les acostumbran a bailar de forma individual y lo primero que hay que hacer con ellos es un trabajo de integración tremendo. Y cuando ya tengo el grupo, lo primero que hago es hablar con ellos, preguntarles por qué están ahí e intentar sacar lo mejor de cada uno. Cada bailarín tiene una forma de sentir el personaje y hay que sacarles ese temperamento que muchas veces los propios bailarines desconocen”. De esta manera consigue, según explica, que una compañía joven, en tan sólo un año, adquiera “gran madurez” y se vaya enriqueciendo. “Lo importante es ir creciendo, no hacer siempre lo mismo”.


LA DANZA ESPAÑOLA


Una vez que conoce a sus bailarines, Antonio Márquez conserva la esencia de la danza española en cada una de sus coreografías, aunque también se adapta a las particularidades de cada bailarín. “La danza es algo que está vivo . Yo no quiero que en mi compañía un bailarín sea Antonio Márquez. No, no me interesa. Yo quiero que baile, que exprese lo que lleva dentro, lo que sienten. Para mí ha sido muy importante la expresión, decir siempre algo en el escenario, incluso sin música, en silencio, parado, sentado... siempre se está transmitiendo”.


Tras toda una vida dedicada a la danza, Antonio Márquez sufrió una decepción. Una gran decepción, según sus palabras, que le llevó en 2013 a retirarse de la compañía y realizar un paréntesis de tres años en la compañía. Ahora, desde la distancia y con ilusiones renovadas, Márquez reconoce que la falta de interés por la danza española en este país le llevó a la deriva. “Siempre he sido una persona muy respetuosa, con una fidelidad a la danza por encima de todo. Pero después de muchos años viendo cómo se funciona en este país, me sentí decepcionado. No del baile, que es lo que me gusta, sino de estar en un mundo que no me apetecía. Me tomé un periodo de descanso, era incapaz de entender qué estaba pasando con la danza clásica española. En nuestro país no se muestra el mínimo interés por ella”. Entre sus reflexiones, Márquez indica que falta voluntad política para enmendar algunas creencias instaladas en la sociedad. “No es algo antiguo, ni arcaico, no se puede mezclar esta danza con la política. La danza es cultura, es nuestra cultura y debemos luchar por mantenerla. En el mundo entero se pegan por tener El sombrero de tres picos, La vida breve o Carmen. Y aquí renegamos de ello”, concluye.

 

"Estuve un año sin saber si iba a volver a andar"


La emoción y el sentimiento que Antonio Márquez pone en la danza, también le acompañan en su vida personal. Sobre todo, cuando recuerda sus inicios en el baile. Este jueves, la emoción le acompañó en su relato, hasta el punto de que su congoja le hizo detenerse unos instantes hasta retomar nuevamente la conversación. Porque hoy es el día en el que todavía no sabe por qué apostó por la danza, ya que en su familia no había ninguna tradición. Cuando tenía 7 años tuvo que someterse a una operación y a la incertidumbre de si iba a volver a caminar. “Estuve un año sin andar, el médico nos dijo que era difícil que volviera a caminar. No podía moverme y me pegué un año sentado en una mesa frente a una ventana viendo la calle. Pero lo hice, conseguí andar”. Y así, con sólo 9 años, mientras acompañaba a una amiga a su clase de ballet, pegó en la puerta de la escuela de Paco Torres. “Me apareció un gigante con bastón. Cuando le dije que quería bailar, me contestó que fuera mi madre y me dio un portazo”. Pero no se arrendró. Al llegar a casa, insistió tanto que finalmente sus padres accedieron. “Mi madre pensó que era una tontería y cuando llegó mi padre le dijo: nada, que el niño quiere bailar. Pues llévalo, le contestó. Y hasta hoy. Nunca he dejado de bailar, jamas”. Con 18 años se fue a Madrid para una audición en el Ballet Nacional. “Me acuerdo de mi frase al salir: no sé bailar, ¡Dios mío, cómo bailan!. Y así comenzaron jornadas de doce horas de clase y formación en el Ballet Nacional, donde fue primer bailarín de la compañía. “Mi escuela ha sido el Ballet Nacional. Mis maestros me enseñaron un gran respeto, una gran disciplina, cómo tiene que salir un artista al escenario, desde los pelos hasta las botas. Y es lo único que trato de inculcar a los chicos que vienen a mi compañía”.

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