Pamplona acoge la reunión del 'Ensayo del cometa', la técnica para analizar daños en el ADN
Cada dos años un congreso internacional reúne a los mejores expertos para hablar de sus últimos avances y experiencias de esta técnica


Actualizado el 29/08/2017 a las 12:21
Comencemos con un poco de ciencia ficción. A usted le toman una muestra de sangre y una prueba después, el médico le dice que tenga cuidado, que tomar el sol, o ingerir determinado alimento, o respirar tal compuesto le está castigando su ADN y su organismo ya no lo repara como le gustaría. O al revés, que sus células son unas campeonas que arreglan con presteza su material genético. Advertencia primera: esto no se hace, al menos todavía. Advertencia segunda: una prueba no es ninguna insensatez, podría ocurrir en un futuro. De hecho, hace ya tres décadas que investigadores de todo el mundo utilizan un ensayo, el del cometa, que sirve para medir los daños que sufre en el ADN y la eficacia de nuestras células a la hora de repararlos. Buena muestra de la importancia de este método es que cada dos años un congreso internacional reúne a los mejores expertos para hablar de sus últimos avances y experiencias. “Creo que es el único ensayo que tiene su propio congreso”, dice Amaya Azqueta Oscoz, presidenta de la duodécima reunión internacional, que desde hoy hasta el jueves congrega en la Universidad de Navarra a casi un centenar de especialistas llegados de 27 países. “Es un congreso amigable, de colaboración”, destaca Azqueta, que dirige el encuentro junto a la belga Sabine Langie y el francés Bertrand Pourrut.
LOS DAÑOS DEL ADN
Para hacerse una idea de la utilidad de este ensayo del cometa, hay que asumir primero que nuestro ADN a veces sufre. Es un efecto natural de vivir y estar expuesto a lo que nos rodea. Como se sabe, el ADN es el libro de instrucciones de nuestras células, el que esconde las recetas para construir nuestro cuerpo tal y como es. Se trata de una gran molécula que se guarda en el núcleo de todas nuestras células y que está compuesta, entre otras cosas, por cuatro bases nitrogenadas (adosina, citosina, guanina y timina, en adelante A, C, G y T) que son como las letras de un texto. Según se organicen, dirán una cosa u otra. Pongamos un ejemplo muy simplicado: la sucesión AACAGT puede ser la orden para construir una proteína determinada, que ayude a la circulación de la sangre, por decir algo. Otra sucesión similar de 'letras', AAACTG, por ejemplo, mandará sintetizar una proteína diferente.
Nuestras células, y por tanto, nuestro ADN, vive expuesto a miles de compuestos que le llegan del entorno: el aire que respiramos, los alimentos que ingerimos, el sol que nos calienta... y algunos de ellos son capaces de interactuar con nuestra información genética y en ocasiones pueden modificarla. Por ejemplo, los rayos ultravioleta del sol pueden llegar a cambiar el orden de las letras, a que donde dice ACTGA (es sólo un ejemplo ficticio) diga ACGTA. ¿Es preocupante que ocurra eso? No del todo. Nuestras células tienen su 'taller de reparaciones' para devolver ese ADN a su estado original. De hecho, es lo más habitual. Y si eso no ocurre, aun existe un segundo cinturón de seguridad: la célula suele darse cuenta de que algo no va bien y se suicida. Sólo si estos dos seguros fallan, los daños en el ADN se quedan como una mutación que, no siempre pero sí en bastantes ocasiones, degeneran en enfermedades, especialmente cáncer.
¿Qué compuestos son capaces de dañar el ADN? Amaya Azqueta es muy prudente. No es justo relacionar compuestos y enfermedades a la ligera. Quedémonos con los sospechosos habituales: el tabaco, el alcohol, la exposición excesiva al Sol... cuya capacidad de destrozar ADN ha quedado bien constatada.
LA PRUEBA
Lo que hace ese ensayo del cometa del que un centenar de expertos van a hablar en Pamplona es medir las roturas del ADN que se pueden reparar. “Y con ciertas modificaciones, detecta la capacidad de la célula para reparar los daños”, explica Amaya Azqueta, pamplonesa de 40 años e investigadora Ramón y Cajal en la Universidad de Navarra. “Es un ensayo que se aplica en muchos campos, tanto que muchos de los investigadores que nos reunimos en Pamplona sólo tenemos en común que usamos este método y queremos seguir desarrollándolo”. Hay quienes utilizan el ensayo del cometa para saber si una determinada sustancia afecta al ADN. “Es una prueba, por ejemplo, que se puede hacer a un medicamento que vaya a salir al mercado”. Otros toman muestras humanas para medir la estabilidad del genoma de una persona. Hay quien investiga en plantas, para saber hasta qué punto un contaminante les daña en su información genética. También se estudia la capacidad de reparación del genoma o sobre los compuestos capaces de proteger el ADN. “Ahora se utiliza mucho en cosméticos: desde que en 2013 Europa prohibió las pruebas en animales, utilizan el ensayo del cometa en pieles artificiales muy similares a la humana”.
Y aunque no es una técnica nueva, está suficientemente viva para que los expertos debatan sobre sus posibilidades futuras. Ahora tratan, entre otros asuntos, de saber cómo medir diferentes tipos de lesiones en el ADN, hacer que el ensayo sea más sencillo o hacer la prueba en muchas muestras a la vez. Son asuntos más cercanos a la vida diaria de lo que parece. En la reunión que comienza mañana hablarán, por ejemplo, de cómo el ejercicio reduce los daños en el ADN y en el organismo, de cómo la contaminación afecta a las esponjas marinas y a otros animales o de cómo saber si alguien expuesto a una sustancia tan dañina como el amianto repara bien los daños de su genoma. Este método se usa para saber si una sustancia, como un fármaco o un cosmético, daña el ADN Puede servir también para medir la capacidad de nuestro genoma de repararse a sí mismo Los organizadores del encuentro creen que es el único método que tiene su propio congreso