Así fue el concierto de Derby Motoreta's Burrito Kachimba el miércoles en Zentral

El grupo de rock andaluz psicodélico llenó la sala y se revelaron como dignos sucesores de Triana y Medina Azahara

Un momento del concierto de DMBK en el Flamenco on Fire
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Un momento del concierto de DMBK en el Flamenco on Fire
Un momento del concierto de DMBK en el Flamenco on Fire

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Santi Echeverría

Publicado el 29/08/2024 a las 12:31

Repetían los sevillanos Derby Motoreta's Burrito Kachimba en Pamplona, en Zentral, dentro de los conciertos de Flamenco on Fire (la anterior fue en 2022) y lo habían hecho por primera vez en Baluarte en 2021. En esa ocasión, aunque no llenaron, sí triunfaron ante una audiencia que parecía conocerles de toda la vida. Y el miércoles salieron al escenario encantados, y poco tiempo le costó a Dandy Piranha espetar: “Qué gusto, esta es una sala que suena de puta madre, y donde cada vez que venimos estáis más guapos y guapas. ¡Viva el Flamenco On Fire y viva el Capullo de Jerez!”. Recuerdo que la primera vez que desembarcaron en Pamplona llegaron con la vitola de grupo de los que es difícil etiquetar y que es infructuoso ponerse a debatir si hacen flamenco u otros estilos musicales, aunque en su música hay mucho aroma y deje, desde el mundo de García Lorca hasta Camarón.

En esta ocasión, a Pamplona vinieron a demostrar —presentando los temas de su nuevo y cuarto trabajo de estudio, 'Bolsa amarilla piedra potente'— que han fortalecido y personalizado sobremanera el sonido Motoreta's, dando una vuelta más a la psicodelia amalgamada con el rock andaluz y bebiendo en buena medida de las fuentes del rock progresivo, como bien demuestran muchos pasajes de sus anteriores y nuevas canciones. En Zentral, su set fue realmente abrumador, demostrando que como grupo ya han logrado un nivel de conjunción muy importante que les da un poso único. Se les ve y se les disfruta como un grupo con un directo de libro en cuanto a actitud, capacidad instrumental, y arreglos y aportaciones de todos y cada uno, por mucho que deslumbre la forma de cantar de Dandy.

Ya cuando saltaron a la palestra en 2019, publicando un primer disco de título homónimo, dejaron la impronta de ser una banda muy especial, uno de esos fenómenos de la música que se producen cada cierto tiempo y que apuntala la idea de que se puede lograr un enorme seguimiento sin apenas promoción, gracias al boca a boca. Y vídeos como el del tema 'Gitana' fueron epicentro de la emoción que transmitía su rock andaluz fronterizo, un tema imprescindible en su discografía y que también en esta ocasión interpretaron en Zentral.

A mi alrededor, un público multigeneracional de muy diferente condición seguía con deleite y fruición las evoluciones de las guitarras de Gringo y Bacca, no ya como geniales complementos de la voz de Dandy, sino como ruecas hilanderas que tejían estratosféricas y sentidas segundas melodías. Sí, el escenario es su espacio ideal, y en Zentral contó con una técnica que jugó muy a su favor, tanto en el sonido como en los paisajes de luz que poblaron de sensaciones psicodélicas, con profusión de rojos zigzagueantes en detalles led muy bien combinados con cegadoras y flashes. La distorsión era la dueña y señora, pero el hipnotismo melódico no perdía por ello ni medio punto del conjunto Motoreta, dotando a sus ambientes, a veces tan pesados de puro rock duro en lo sonoro, como livianos, como la garza de Lorca en otros en los que la poética gana la partida y el sonido algo más acústico, tiznado de electrónica, les acompaña. Dandy recreaba esos momentos con ajustada personalidad.

Era una amalgama de nuevos temas como 'Agua grande', 'Pistones' y 'Prodigio', que desfilaron junto a otros ya conocidos como 'Porselana Teeth'. Rock flamenco andaluz, sí, pero los Motoreta's son sobre todo hijos de lo eléctrico y la distorsión, dignos sucesores de Triana y de Medina Azahara, revestidos en percha setentera —largas melenas rizadas y vestimentas con cierto aire de glam rock del sur—. Y en esa espoleta emocional, Miguel 'Dandy Piranha' cuenta con una poderosísima arma que es su voz, cortada en patrones exactos entre el quejío flamenco y el power metal. Le sobra potencia y hasta regula el ataque con absoluto desparpajo, acercando o separando el micrófono de su boca.

Algo hay de Pink Floyd en sus paisajes sonoros, con largos desarrollos melódicos en temas que nunca bajan de los seis minutos de duración, y más aún en nuevos temas de estos DMBK, como 'Fuente', 'Manguara', 'Tierra' o 'Manteca', junto a los conocidos 'The New Gizz', 'Porselana Teeth', y 'El valle', que fueron abriéndose a un entregadísimo sinfonismo hecho rock y rabia del sur. Es su sonido, que ellos mismos han denominado como "kinkidelia". Y a Camarón le hicieron su particular homenaje con la 'Nana del Caballo Grande', interpretada en escena también con una energía envidiable. Con el público enardecido, se despidieron con 'El salto del Gitano' en una demostración de rock sin fronteras, edades ni modas. Volverán.

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