Fotos que hablan (14)

Interior de San Nicolás de Pamplona con el desaparecido retablo de San Babil, en 1914

La imagen revela detalles únicos de los antiguos retablos y colaterales mostrando su disposición y cambios a lo largo del tiempo, destacando el retablo de San Babil y su historia.

Interior de la parroquia de San Nicolás de Pamplona en 1914, por Luis Catalán de Ocón. Fototeca del Archivo Municipal de Pamplona
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Interior de la parroquia de San Nicolás de Pamplona en 1914, por Luis Catalán de Ocón. Fototeca del Archivo Municipal de Pamplona
Interior de la parroquia de San Nicolás de Pamplona en 1914, por Luis Catalán de Ocón. Fototeca del Archivo Municipal de Pamplona

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Ricardo Fernández Gracia. Cátedra de Patrimonio y Arte Navarro. Universidad de Navarra

Actualizado el 02/06/2024 a las 10:23

Si las fotografías centenarias de los exteriores de nuestros grandes conjuntos monumentales no son abundantes, las que recogen sus interiores resultan mucho más excepcionales, por obvias dificultades técnicas de falta de luz y calcular el tiempo de las exposiciones.

A veces, pensamos que esos interiores han permanecido a lo largo de los años y los siglos de una forma similar. Nada más lejos. Comparar instantáneas de hace un siglo, e incluso tomas espaciadas entre veinte y treinta años, nos proporcionan la contemplación de unos espacios que fueron variando con el paso del tiempo. Ni que decir tiene que, si la vista es anterior a las intervenciones a la reforma litúrgica del Concilio Vaticano II, el interés es mucho mayor. En muchos casos las instantáneas hablan per se sobre la falta de reflexión, criterio y una mínima consideración hacia bienes de patrimonio cultural, que desaparecieron para siempre.

La revista La Avalancha es, sin lugar a dudas, una de las fuentes gráficas para el estudio de numerosos edificios, cascos urbanos, imágenes, retablos, costumbres, inauguraciones y personajes. Además, sus responsables no se limitaron a la publicación de las instantáneas, ya que, ordinariamente, incluyeron algunos comentarios sobre las mismas, que muchas veces resultan de gran aprovechamiento para el lector y el estudioso.

En 1914 publicó someramente la citada revista, en este caso sin apenas datos, una vista interior de la pamplonesa parroquia de San Nicolás. Sin duda, se hizo para glosar las grandes obras que se habían acometido en el edificio, no sólo en el exterior, sino en su interior, con la construcción del retablo mayor (1905) y los enormes púlpitos (1914), entre los proyectos más visibles y destacables. Según el texto explicativo se trataba de “grandes obras de ornato y embellecimiento”. Una copia de pequeño tamaño de la fotografía (8,5 x 7,5 cm), en papel monócromo, se conserva en la fototeca del Archivo Municipal de Pamplona. Su autor fue Luis Catalán de Ocón.

Para contextualizar y analizar la instantánea contamos con los estudios sobre la parroquia de Ruiz de Oyaga, Martinena y del Catálogo Monumental de Navarra. A esa valiosísima bibliografía, hemos de añadir algunos datos de diferentes documentos, procedentes de distintos archivos, que nos sitúan ante un templo que aún conservaba parte de la apariencia de los siglos del Antiguo Régimen.

A la luz de un informe sobre el estado de la parroquia de 1748, de cierta rareza documental resulta la declaración que, a instancia de la Obrería parroquial, hicieron dos prestigiosos maestros de mediados del siglo XVIII, en aras a tratar de unificar el espacio interior del templo. Los encargados de redactar el informe fueron el veedor de obras de la diócesis José Pérez de Eulate y el pintor Pedro Antonio de Rada, que afirmaron “que dicha iglesia manifiesta ser antiquísima fabricada de piedra, en forma de colegiata, compuesta de tres naves …”. Asimismo, eran de la opinión de que las dos rejas del transepto “no solo tenían en confusión dicho crucero, sino que los fieles no podían del cuerpo de la iglesia oír misa, las mandaron quitar por resolución que precedió del vecindario de la parroquia, y luego que se ejecutó se manifestó el desahogo y hermosura de dicho crucero e iglesia”. El resto del texto del informe resulta interesantísimo como fuente de información sobre patronatos de capillas y la ubicación de retablos. Respecto a la capilla de San Babil, que estaba ubicada entonces en lo que hoy es el pórtico de la iglesia hacia el Paseo Sarasate, afirman: “Y asimismo, prosiguiendo dicha nave y contado de la epístola pegante a la capilla de San Blas, se haya otra de San Babil, que según voz común dicen es del muy ilustre señor don Francisco de Leoz Asiain y Echalaz, oidor del Real Consejo de este Reino, cuya capilla sale fuera del cuerpo de la nave principal de dicha iglesia y en esta capilla se halla un altar proporcionado a ella dorado en toda forma, cerrándola una reja de yerro dispuesta con mucha perfección y hermosura, por estar torneados los balaustres, cerrando dicha reja, desde el pavimento hasta el cerramiento del arco, sin que en la referida capilla se halle más ni otra sepultura que la perteneciente al dicho señor Leoz”.

UBICACIÓN DE LOS ANTIGUOS COLATERALES Y EL RETABLO DE SAN BLAS

Interior de la parroquia de San Nicolás de Pamplona en 1914, por Luis Catalán de Ocón. Fototeca del Archivo Municipal de Pamplona
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Interior de la parroquia de San Nicolás de Pamplona en 1914, por Luis Catalán de Ocón. Fototeca del Archivo Municipal de Pamplona
Interior de la parroquia de San Nicolás de Pamplona en 1914, por Luis Catalán de Ocón. Fototeca del Archivo Municipal de Pamplona

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La foto nos sitúa a los dos colaterales de san Mauro y san Eloy como llegaron hasta la última gran intervención en la parroquia, adosados a los pilares de embocadura de la capilla mayor. Asimismo, se ve parcialmente uno de los que presidían las paredes frontales del crucero, en el lado de la Epístola, dedicado a San Blas, obra barroca del segundo tercio del siglo XVIII, a la que se habían añadido esculturas procedentes de templos desamortizados. Toda la mazonería del retablo se encuentra actualmente en la parroquia de Mendillorri, a donde se trasladó en 1995, sin las imágenes, sin tener en cuenta que algunas de ellas tenían una presencia histórica harto importante y eran un documento parlante de hechos concretos.

Asimismo, se puede contemplar en el contrafuerte del crucero una memoria nobiliaria con escudo timbrado por corona, con el tema de la Anunciación que, como es sabido, era la segunda titular de la parroquia de San Nicolás, por lo que un gran relieve con ese tema, figuraba en el antiguo retablo mayor, hoy en Ciga.

EL DESAPARECIDO RETABLO DE SAN BABIL

Uno de los aspectos más sorpresivos de la fotografía es la presencia del retablo de san Babil que, a comienzos del siglo XX, ocupaba el muro lateral de la capilla del lado de la Epístola en la cabecera del templo. La pieza, junto a la lápida de piedra que aún se encuentra allí, provenían de la capilla del santo, que ordenó levantar el prior de la catedral de Pamplona, don Juan de Echálaz y Liédena en 1667, ubicada, como hemos señalado, en el espacio que actualmente ocupa la entrada al templo por el Paseo Sarasate. El informe aludido de 1748 aporta la inscripción que tenía el retablo, en su banco, en la que se leía: “El Doctor don Juan de Echalaz y Liédena, prior y canónigo de la Santa Iglesia Catedral de esta ciudad, hijo del licenciado don Cristóbal de Echalaz y doña Graciosa de Liédena, su mujer, hizo hacer esta capilla y retablo en honra y gloria de Dios nuestro Señor y su Madre Santísima y del glorioso san Babil el año de mil seiscientos sesenta y siete”.

Don Juan de Echalaz y Liédena, doctor en ambos derechos, fue elegido canónigo en 1626, fue chantre (1646) y después fue elegido prior en 1652, falleció en 1670 y pertenecía al bando beamontés del cabildo catedralicio. Le tocaron tiempos difíciles, debiendo hacer frente a diversos procesos judiciales y entre sus donativos figuró, en 1668, una gran fuente de plata. De un retrato suyo, realizado en 1654, dio cuenta Arigita en su estudio sobre los priores de la seo pamplonesa.

El retablo de san Babil, desaparecido hace muchas décadas, era muy sencillo. Estructuralmente constaba de banco con sendas ménsulas, cuerpo único articulado por columnas con estrías culebreantes y ático, entre aletones, rematado por frontón triangular. Destacaban en la pieza tanto la decoración de grandes tarjetones cactiformes, como los dos grandes escudos con las armas familiares del mecenas, colocados en el ático a plomo con las columnas. En la hornacina del cuerpo principal se ubicaba la talla de cuerpo entero de san Babil, con las insignias episcopales, bendiciendo. Estéticamente, seguía modelos arcaizantes, sin apenas movimiento, en sintonía con esculturas anteriores y otras de fines del siglo XVII, como la talla de san Martín de la catedral de Pamplona, antigua titular de su retablo y hoy en el Museo Diocesano. En el ático, la fotografía deja entrever un trampantojo de una imagen mariana.

Respecto a la elección del titular, hay que recordar que san Babil de Antioquía poseyó en tierras navarras sendas versiones apócrifas, una como obispo de Pamplona-monje de Leire y otra que lo hacía natural de Cascante. En la mayor parte de los casos no se distingue entre una y otra versión y se le invocaba como abogado y protector de cojos y reumáticos. Según Pérez Goyena, forma parte de una porción de santos fantásticos cuyas fuentes hagiográficas están en algunos cronicones. En la invasión árabe se habría retirado a Odón, cerca de Madrid, en donde fue martirizado junto a sus discípulos. Precisamente, algunas estampas lo representan en esta última escena de su vida, la del martirio. La ciudad de Cascante le ha rendido culto secular y en la parroquia de San Jorge de Tudela tuvo una potente cofradía, fundada en 1711. Otras localidades navarras como Falces, Puente la Reina, Artajona y Sangüesa también le tributaron especiales fiestas y conmemoraciones. Sus imágenes y pinturas se encuentran en otras muchas localidades navarras, entre ellas Tafalla, Jacoisti, Alzórriz, Itoiz, Guerendiain, Lumbier, Ezcániz, Zunzarren, Erroz, Eguiarreta, Corella y Mendigorría.

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