Fotos que hablan
El retablo mayor de Miranda de Arga hace más de cien años
Está presidido por san Benito, titular de la parroquia hasta 1893


Actualizado el 03/09/2023 a las 17:20
El retablo mayor de la parroquia de Miranda ocupa un lugar importante en el panorama de la retablística barroca navarra y en la biografía artística de su autor, José de San Juan y Martín, por tratarse de la primera obra de envergadura que acometió de un modo más personal. Fue estudiado con detenimiento por el profesor Pedro L. Echeverría Goñi. Está presidido por san Benito, titular de la parroquia hasta 1893, ya que se sustituyó la advocación de la misma por la Asunción, en uno de los raros ejemplos de cambio de titularidad parroquial en Navarra.


Fue contratado con el mencionado José de San Juan y Martín (1672-1722), en octubre de 1696, cuando el maestro contaba con 24 años de edad, para ejecutarlo en la ciudad de Tudela, en el plazo de cuatro años, por el elevado precio de 1.500 ducados. En 1702, se firmó un nuevo contrato entre ambas partes para la realización del zócalo. La pieza quedó totalmente finalizada para el 19 de noviembre de 1703, en que la reconocieron Juan de Bastida y Martín García, arquitectos de Tudela y Pamplona, que la dieron por buena, anotando que las mejoras que se habían ido introducido en el retablo durante su construcción se debían a consideraciones útiles.
Sabemos que el retablo, desmontado, viajó desde Tudela a Miranda de Arga en catorce cargamentos, conducidos por carreteros de Caparroso y Cascante.
La policromía de la pieza se concertó, en 1711, con Domingo del Rey, perteneciente a una dinastía de doradores de Tafalla, entre los que figuró su hijo Manuel, que trabajó en la segunda mitad del siglo para la misma parroquia de Miranda de Arga.
La personalidad de José de San Juan, cuyos hijos llegaron a ennoblecerse, en el seno de la orden Militar de Calatrava, es desbordante por la actividad que desplegó hasta su muerte, acaecida en Tudela en 1722. Se le requirió desde importantes instituciones como las catedrales de Calahorra y Pamplona, la capilla de San Fermín de de esta última ciudad, destacadas localidades como Calahorra, Alfaro, Arnedo, Navarrete, Entrena, Alfaro, Haro y Logroño, en la Rioja y Corella, Miranda de Arga, Cárcar, Mendigorría, Tafalla, Azagra y Ujué, sin dejar, en muchas ocasiones, el tiempo suficiente para culminar las obras que tenía entre manos.
Si comparamos una fotografía contemporánea del retablo mayor de Miranda de Arga con la postal que presentamos, los cambios no han sido muchos, pero merece la pena anotarlos. La novedad en la vista actual es la imagen de san Francisco Javier, sustituida en 1920 por la que donó Fernando Echegoyen, apodado “el filipino”. Este dato resulta fundamental para datar la fotografía postal que comentamos antes de esa fecha.
Aquel cambio de la talla barroca por una anodina escultura no fue el único. Las causas hay que buscarlas en el contexto de exaltación javierista vivida en las primeras décadas del siglo XX en su Navarra natal. En 1904, el santo navarro fue nombrado patrono de las obras de Propagación de la Fe, el año 1922 fue declarado como jubilar por Benedicto XV cuando se cumplían los tres siglos de su canonización y, poco más tarde, en 1927, Javier fue nominado como patrono de todas las misiones. El obispo de Pamplona, fray José López y Mendoza, designó el 3 de diciembre como fiesta de guardar en 1918. El mismo prelado también publicó la orden en el Boletín del Obispado para la celebración de la novena de la gracia, de modo obligado en todos los templos de la diócesis. En 1926 el nuevo obispo, Mateo Múgica, prescribió que al, final del rosario, se rezase el Padre Nuestro, Ave María y Gloria por las misiones, encomendando la petición a san Francisco Javier.
La postal, de gran calidad, está firmada por A. Muro Logroño, que corresponde a Alberto Muro Belloso (1870-1945), uno de los más afamados fotógrafos riojanos, que retrató muchísimo, pero también fijó su objetivo en paisajes y monumentos con gran habilidad, nitidez y rotundidad. Trabajó para la fototipia Thomas de Barcelona y Hauser Menet. Un gran número de postales de Logroño y su provincia que circularon en las décadas álgidas de las postales en España, entre 1900 y 1920, se debieron a su cámara fotográfica. La postal de Miranda de Arga está realizada mediante un procedimiento fotomecánico, a partir, seguramente, de un negativo monocromático de gelatina sobre soporte de vidrio.
EL 'CURIOSO' COMO ALARDE DE ILUSIONISMO Y TRAMPANTOJO
Pero no es el retablo solo lo que hay que examinar en la fotografía, sino las pinturas que lo cobijaban y ambientaban.
La destrucción sistemática desde hace más de un siglo de los conjuntos de pinturas murales, que arropaban los retablos mayores de muchos templos, nos ha privado de un detalle muy apto para la sorpresa y la curiosidad. En las pinturas del siglo XVIII no solía faltar un personaje que levantaba la tupida celosía de una ventana de un mirador o balcón son su dinámica cancela en un verdadero trampantojo, asomándose desde lo alto de las bóvedas, haciendo dudar al espectador si era real o ficticio. Se conserva el del conjunto de San Francisco de Viana, obra del célebre Francisco del Plano de la segunda década del siglo XVIII, tan acreditado desde antiguo por sus perspectivas. Otro parecido hubo en Miranda de Arga que ha desaparecido y que había sido realizado por Pedro Antonio de Rada y José y Manuel del Rey hacia 1760. De él nos refiere Iribarren, en su conocida obra 'De Pascuas a Ramos' (Pamplona, 1946) lo siguiente: “En esta iglesia sobre el muro de la izquierda, aparece pintado un mirador de celosías. El mirador consta de tres ventanas, y por la celosía de la derecha, que está alzada, asoma su cabeza y parte de su busto un hombrecillo curiosón, de quien dicen los mirandeses que mira a todas sus partes. Los mirandeses están muy orgullosos de esta pintura, y la muestran al forastero con el mismo interés con que señalan los de Burgos el artilugio del Papamoscas. Por su parte, las mujeres utilizan al asomado para asustar a los chiquillos (¡Que te mira el hombre!) y conseguir que estén formales en la casa de Dios”.
Otros referentes de este mismo tema los tenemos en la capilla del Pilar de Calahorra y en el interior del convento de San Francisco de Viana, en pinturas realizadas por el gran maestro aragonés Francisco del Plano en las primeras décadas del siglo XVIII. El éxito de la escenografía con el tema del “asonado” tuvo gran éxito, como lo prueban dos ejemplos de la parroquia de Iturmendi, obra de Andrés Mata en 1784, sin las celosías, pero generando en el espectador la misma curiosidad que producían los casos antes mencionados.