Falete: “Me atrevo con todos los estilos musicales, excepto el reguetón”
Con 7 u 8 años se ‘reliaba’ un trapo y cantaba para su familia mientras le iluminaban con los faros de un coche. El próximo miércoles, el artista sevillano actúa por primera vez en el Gaztambide de Tudela para presentar su último disco, ‘Prefiero ser así’, y repasar sus éxitos


Actualizado el 22/08/2021 a las 11:22
Prefiero ser así. Este es el título del sexto disco de Falete, una colección de coplas, baladas y cantes en el que pasa de Nino Bravo a Raphael, de Rocío Jurado a Maite Martín o Bambino. El próximo miércoles, Falete abrirá el ciclo Grandes conciertos del Festival Flamenco On Fire con una actuación en el Teatro Gaztambide de Tudela. En este concierto no faltarán algunos de sus grandes éxitos, como Procuro olvidarte o el S.O.S. de Maite Martín. “Será un popurrí de todos los éxitos con los que yo he ido creciendo como artista”, adelanta.
Va a ser la primera vez que actúa en el Teatro Gaztambide de Tudela. ¿Le produce una adrenalina especial?
Como yo digo, siempre que hay una primera vez, la expectación es diferente. Sé que voy a encontrarme con un público que obviamente ha comprado la entrada para verme a mí, pero la responsabilidad es la que es, y esa adrenalina hace que te vengas arriba de una manera... Estás con ganas de que empiece, con ganas de que termine, con ganas de quedarte a la mitad... Es un cúmulo de mil sensaciones, todas buenas gracias a Dios.
¿A todo ello se añade la ilusión por actuar en el Festival Flamenco On Fire?
Totalmente. En este caso, el festival ha apostado por llevar otros géneros de música que se adaptan perfectamente al flamenco, que se pueden aflamencar. Eso es súper importante. En realidad, cualquier estilo musical se puede llevar al flamenco.
La edición de este año lleva como lema ¿Qué es el flamenco? ¿Qué responde usted?
Para mí el flamenco es una joya. Es algo eterno, es un estilo de vida. Es conservador, es progresista... ¡El flamenco engloba tantísimas cosas! Para mí, la mejor definición del flamenco es la que ya di en el vídeo que hice para el Flamenco On Fire: el flamenco es la madre de todas las músicas.
Ha dicho que el flamenco también es progresista, pero en general se tiene la idea de que es un mundo más bien conservador.
Afortunadamente, y gracias a Dios, ‘habemos’ personas que somos flamencos pero que nos atrevemos con otros estilos musicales y siguen sonando a flamenco. Como se dice en el argot, les damos el ‘pellizquito’. Si no, el flamenco se quedaría obsoleto.
En Prefiero ser así rinde tributo a diez grandes clásicos que le han acompañado siempre, desde Nino Bravo a Rocío Jurado. ¿Cómo ha hecho suyas esas canciones?
Yo siempre hago la misma comparación: para mí una canción es como una comida: si veo que tiene buena pinta, la pruebo. Y si me hace buena digestión, te cuento qué rico estaba. Antes de grabar el disco, fui haciendo una cata (se ríe). La selección siempre es un poco complicada, porque hay algunas canciones con las que tienes dudas, pero siempre puedo ir a lo seguro: canciones que he oído siempre, con las que he crecido... Por ejemplo, yo quise darle un giro al Romance de Curro ‘El Palmo’ de Serrat y lo grabé como soleá por bulerías. Entonces ves que encaja perfectamente. ¿Y por qué? Porque yo ya había escuchado esa canción en mi casa, que ha sido y sigue siendo muy flamenca. En mi casa, cuando se compra una maceta, se le canta y se le baila como si llegase la misma Virgen montada en un paso (ríe).
CONCIERTOS EN CASA
Nació en una familia de artistas. Su padre, Falín, actuaba en el grupo Cantores de Híspalis. ¿Desde cuándo se recuerda cantando?
Canto desde siempre. Yo llegaba de la escuela y me metía en la habitación donde los Cantores de Híspalis ensayaban. Yo siempre tuve muy claro que quería dedicarme a la música, pero sin encasillarme en un solo género. No quería quedarme en un circuito de peñas flamencas o de festivales para que luego viniesen las moscas a mi casa a pegarme bocaditos y comerme. ¡No, yo no! Yo tenía claro que quería cantar muchos géneros de música. Obviamente, todo lo que me gustase y tuviese calidad. Un reguetón no lo voy a cantar en mi puñetera vida. A mí el reguetón me da mucho coraje. Y ‘cuidao’, yo perreo cuando hay que perrear. Otra cosa es que no me guste para cantarlo yo.
Debutó a los 17 años en un espectáculo de la bailaora ‘La Chunga’, pero antes de subirse al escenario ya actuaba para su familia. ¿Cómo eran aquellos conciertos en casa?
Antes teníamos una casa de campo donde pasábamos los veranos. Tú sabes que los veranitos de Andalucía son criminales, y nosotros teníamos el típico chalecito con piscina. Cuando llegaba la noche, me ‘reliaba’ un trapo y entonces le decía a mi padre, a mi tío o a quien fuese: “Oye, enciéndeme las luces del coche”. Me ponía delante del coche, todo el mundo se sentaba a los lados para no taparme la luz y entonces yo hacía mi ‘chow’. Lo mismo cantaba un Pena, penita, pena de Lola Flores que un Payaso de Bambino o un Contigo aprendí de Armando Manzanero. Eso ya lo hacía con siete u ocho años. Me ponía a cantar como si fuera una estrella ‘consagrá’. Gracias a mi padre, mi cultura musical siempre ha sido muy extensa. Con 6 años ya grabé con Cantores de Híspalis en un disco de villancicos. Aquel fue mi primer contacto directo con la música. Mi padre me dijo: “¿Tú quieres venirte a grabar?”. Imagínate, a mí aquello me fascinaba... Me acuerdo que estuve todo el día grabando con ellos, disfrutando.
¿Y allí vio que quería ser cantante profesional?
Totalmente, aunque ya lo tenía claro de antes. Yo llegaba de la escuela, me ponía una cinta de casete y cantaba con el que saliese. Lo mismo eran Las Grecas que Rancapino. A mí me daba igual, yo solo quería cantar. Cuando me aprendía las canciones, luego me ponía a grabarlas. Uno de los primeros regalos que me hizo mi padre fue una minicadena con grabadora. Mi vida era cantar, cantar y cantar, y tengo unos recuerdos fabulosos. Mil veces que volviese a nacer, mil veces que elegiría la vida que he tenido hasta el día de hoy.
Toda esa intensidad que desprende cuando canta, ¿también la lleva consigo en su día a día?
Sí, desgraciadamente (se ríe). Los extremos no son buenos, pero yo soy muy extremista y quiero seguir siéndolo. De ahí el título del disco, Prefiero ser así. Soy muy perfeccionista y exigente. Si el concierto empieza a las once de la noche, a las seis y pico de la tarde ya estoy allí. Reviso luces y sonido, reviso que el escenario esté limpio como a mí me gusta, que no haya un cable por medio; que los músicos estén impolutos de zapatos, de ropa...
Entonces les pasa revista a sus músicos...
Sí. Pero yo soy el primero que se pasa revista. No tengo término medio. Sé que no es bueno para la salud, pero soy igual en todos los aspectos de la vida. Todo es muy intenso. Reconozco que, en ciertos aspectos, debería ser más flexible.
DEL TRAMPOLÍN A LA COCINA
También diseña su propio vestuario. ¿Cómo surgió esta faceta?
Esa es otra exigencia más (ríe), por el autocontrol que quiero llevar de todo. Mi diseñador, José Manuel Pérez Padilla, es maravilloso y le dejo a su aire porque confío plenamente, pero siempre tengo que meter la mano. Si no, yo no estoy conforme. Yo me debería limitar a cantar y punto, porque cuento con un equipo súper cualificado, pero el problema es que yo soy el más pesado del globo. Soy capaz de coger una tijera y cambiar un traje, aunque sea de Versace. También me diseñé los bañadores que llevé para saltar del trampolín en Famosos al agua. De hecho, luego me ofrecieron crear una línea de bañadores. Entonces dije que no, que lo mío era cantar, pero quién sabe si algún día me da el punto.
En el programa Ven a cenar conmigo demostró que también se le da muy bien la cocina. ¿Cualquier día le vemos en Master Chef?
Ya me ofrecieron participar en MasterChef, de hecho fui a hacer las pruebas y las pasé. Pero un solo programa de MasterChef se suele grabar entre cinco y seis días y hay que pasar muchísimas horas. Me tenía que trasladar a vivir a Madrid y eso conmigo no va. No quería pasar tanto tiempo desatendiendo mi profesión.
La oferta económica sería suculenta...
Sí, pero es lo que hablábamos antes: soy muy extremista, muy de ideas fijas. Eso sí, a mí me gusta mucho aprender de todo. Por ejemplo, cuando estuve en Tu cara me suena aprendí mucho de luces, de cámara, de maquillaje... Me gusta mucho involucrarme en todo. Cuando algo no me cuadra, siempre pregunto: “¿Y esto por qué, o para qué?”. Yo te puedo taladrar el cerebro preguntándote. Soy taladrante.
Ha coincidido con muchos artistas, dentro y fuera del escenario. ¿Alguien que le haya dejado un recuerdo imborrable?
Una de las cosas más imponentes que me han pasado es cuando conocí a Juan Gabriel. Fue en un cumpleaños de Isabel Pantoja. Terminamos cantando juntos Miguel Poveda, Juan Gabriel y yo, y la Pantoja bailándonos. Y de los duetos que he hecho, destacaría dos. Uno fue con Moncho, cuando estuvimos en México haciendo una pequeña gira de diez conciertos. Y el otro dueto fue con Rocío Jurado.
¿Con quién le encantaría actuar?
Con Lola Flores, pero es algo imposible, hija. Y, sinceramente, no se me ocurre nadie más.
Dice que en cada concierto se entrega al cien por cien. ¿Hasta qué punto?
Al público siempre tienes que darle lo mejor. El artista no debe de perderle nunca el respeto a su público. A mí el día que eso me ocurra, que yo no esté al cien por cien... Te lo digo de corazón y lo voy a seguir diciendo hasta que me muera: ese día yo apago la luz y no la vuelvo a encender para que nadie me vea.
+ Prefiero ser así. Miércoles 25 a las 21:30 horas en el Teatro Gaztambide de Tudela. Entradas: 28€ (anfiteatro y 37€ (platea).
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