Teatro Olite

Paco de La Zaranda: “No hacemos un teatro complaciente, sino teatro para la libertad”

La Zaranda llega a Olite con ‘La batalla de los ausentes’, una obra que, a través de tres viejos soldados, alza la voz contra el olvido, la sociedad y plantea un canto a la dignidad humana

Francisco Sánchez (centro), que en su papel de director se llama Paco de la Zaranda, junto a Gaspar Campuzano y Enrique Bustos en la obra La batalla de los ausentes
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Francisco Sánchez (centro), que en su papel de director se llama Paco de la Zaranda, junto a Gaspar Campuzano y Enrique Bustos en la obra La batalla de los ausentes
Francisco Sánchez (centro), que en su papel de director se llama Paco de la Zaranda, junto a Gaspar Campuzano y Enrique Bustos en la obra La batalla de los ausentes

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Cristina Altuna. Pamplona

Publicado el 24/07/2021 a las 06:00

El teatro deja de ser un género literario para transformarse en una metáfora de la vida, para convertirse en ese espacio por el que transitan las pasiones del ser humano y que invita a la reflexión sobre qué somos y qué hacemos en este mundo. Al menos, con La Zaranda, la compañía jerezana cuyas obras hablan del miedo, la soledad, el fracaso, la incertidumbre o la muerte y que hace un teatro para que cada espectador dialogue consigo mismo, se enfrente a sus temores y sea capaz de analizar su propia vida y su presencia en la sociedad. Y en esta exploración de límites en los que se mueve La Zaranda, La batalla de los ausentes pone sobre la mesa todas estas cuestiones, al tiempo que realiza una sátira del poder, una crítica de la actualidad y un canto a la dignidad humana. Paco de la Zaranda, que en realidad se llama Francisco Sánchez, es uno de los tres actores, además del director, de la obra que esta noche llenará el escenario de La Cava de reflexiones, farsa y humor.

Los protagonistas son tres viejos soldados que retornan al campo de batalla en el que cayeron derrotados. ¿A qué guerra se enfrentan ahora?

Es la batalla de los que no están, de los que no están estando. Son unos personajes que me gusta colocarlos siempre en la conciencia del espectador, como todos los trabajos que hemos hecho hasta ahora. Siempre digo que los personajes están en la conciencia de quien lo está presenciado, de quien vive, porque el teatro que hacemos va de lo que nosotros sentimos desde la soledad, desde lo más profundo de nosotros a lo más profundo del espectador. Es una batalla entre lo material y lo espiritual. Es esa batalla que te lleva de un polo a otro en esta vida, que presenta al mundo ahora mismo en la encrucijada en la que estamos metidos. 

¿Cómo es el teatro que realizan partiendo del principio de que tiene que llegar a la conciencia?

Explicar de qué va un trabajo de la compañía ni lo he hecho nunca ni lo voy a hacer. La gente podrá pensar que entonces va a ver algo raro o incomprensible, pero es todo lo contrario. Y quien no lo piense así, que me explique qué es la vida y qué es lo que siente ante los grandes acontecimientos de la vida. Lo que uno siente nunca se puede explicar, por eso no se pueden explicar los trabajos de La Zaranda. La batalla de los ausentes es un espectáculo hecho desde la disciplina que nosotros nos imponemos a la hora de ejercer un ejercicio de creación. Tratamos de llevar la máxima verdad que podemos arrancarnos de nosotros mismos para ponerla en lo más alto del escenario.

Se apoyan en un lenguaje poético, también en el humor, pero siempre alzan la voz sobre cuestiones que, a veces, pueden incomodar. ¿Es lo que prentenden?

Igual en nuestro teatro hay un poco de metafísica, pero en el buen sentido, no metafísica de lo raro y complicado. En esta obra, el público verá algo muy cotidiano. Es la batalla que cada ser humano tiene consigo mismo, una metáfora de la guerra que el hombre afronta contra el mundo, en este caso, un mundo lleno de mediocridad que quiere abolir lo espiritual y lo creativo para ponernos a todos en la ratonera de comer del mismo sitio. Es un mundo en el que nos quieren dirigir.Y eso no puede ser así. El ser humano es libre, el teatro es libre y yo hago teatro para la libertad.

¿Por qué siempre convierten al ser humano, con sus debilidades y fortalezas, en el motor de sus espectáculos?

Sin el ser humano no hay teatro, eso no tiene discusión. El teatro nace en el corazón. Cuando el ser humano se dirige a Dios es un ritual sagrado, cuando el ser humano se dirige al hombre, es teatro. No hay otra. El teatro es un lugar de reflexión, un lugar donde el ser humano tiene que ir a encontrarse con él mismo, que le ayude a encontrar una lucecita que nos guie por las vicisitudes de la vida. Al fin y al cabo, esa batalla de la que nosotros hablamos en esta obra la tiene que librar toda persona consigo mismo. No hay batalla más dura que la que, tarde o temprano, tiene el hombre ante sí cuando se encuentra en la tesitura de que tiene que irse de este mundo.

Hablar de sentimientos, pasiones, duras realidades, ¿lleva a La Zaranda a utilizar un lenguaje descarnado?

Parece que lo que cuento es muy intelectual, pero nada más lejos de la intelectualidad. Es puro sentimiento. Cuando estamos encima de un escenario, cualquier persona abierta seguirá nuestro espectáculo, no hace falta ninguna preparación intelectual para ello. Es fácil entrar a nuestras historias porque lo que hacemos es unir las leyes del arte con lo cotidiano. Y eso lo entiende cualquiera. Ese es el secreto del teatro de La Zaranda, hacer obras que lleguen al pueblo, no al populacho.

Nacieron como una compañía de teatro independiente y así continúan. ¿Tienen más libertad para ser críticos?

Lo que buscamos es contar lo que sentimos y llegar al sentimiento de los demás. No hacemos un teatro complaciente con lo que la gente quiere escuchar, no se trata de eso. La gente va a escuchar lo que, quizá, incomoda, pero es lo que verdaderamente te hace reflexionar, te hace libre, además de que el teatro te puede elevar a todos los niveles. Decía Unamuno que para asistir al teatro únicamente hay que ir limpio de alma. Así es como hay que acudir a una función teatral.

Son más de cuatro décadas en los escenarios. La compañía nació con los mismos principios que ahora son sus señas de identidad?

La Zaranda nació más o menos con la misma manera de entender y hacer teatro. Eramos muy jóvenes entonces y la vida da tantas vueltas que a veces uno no puede estar seguro de todo lo que dice. Lo que vale es lo que uno hace. Hay un dicho que dice: “por sus obras lo conoceréis”. Y esa frase es real, tiene mucha razón. A la Zaranda, que ya tiene 43 años de existencia, se le conoce por lo que hace, por sus obras y su teatro independiente.

¿Hay espacio para el entretenimiento con sus obras?

El teatro no puede ser solamente entretenimiento, para entretenerse hoy en día hay multitud de fórmulas. Los clásicos decían que el teatro es el espejo donde se mira el espectador. Creo que el teatro no solo es el marco del espejo, sino que el espejo está en cada espectador. No puede ser un mero entretenimiento cuando se plantean reflexiones. La vida no es un puro entretenimiento, la vida tiene un por qué y el teatro sirve para que comience el diálogo interior con uno mismo, para que comience a encontrarse. Parece que hablar del espíritu es algo maldito, que solo vale la comodidad en este mundo. Pero es una mentira. Vivir casi nunca es comódo, sobre todo cuando uno se entrega a sus pasiones y las pasiones de otros. Me da mucha pena la gente que no tiene capacidad de sentir y que solo se fija en lo material. Yo defiendo la alimentación espiritual para seguir vivo.

Lleva toda una vida dedicada al teatro. ¿Se imaginaba que iba a ser así?

No puedo separar mi vida del teatro, es imposible. A veces he pensado en repartir el tiempo del día con otras cosas para hacer, pero no puedo hacerlo. Lo que sientes, la alegría, el sufrimiento, todo lo que llevas en esa batalla que emprendes cuando naces, cada persona la manifiesta deuna manera. Unos haciendo teatro y otros un pan verdadero.

El Atrio es un espacio de creación que han inaugurado en Madrid. ¿Es más importante que la representación?

Sabemos de la dificultad que tienen muchas personas para encontrar espacios para la creación. Nosotros tenemos un espacio en Jerez de la Frontera, pero ahora vivimos en Madrid y tuvimos la oportunidad de desarrollar este proyecto. Queremos que El Atrio sea lugar de encuentro de creadores de muchas disciplinas, que llene un vacío, pues hasta ahora prima el negocio, el teatro marcado por lo mercantil, las producciones para ganar dinero. El Atrio va a ser un mundo en el que se apueste por el teatro como arte que nos llene espiritualmente y nos haga humanos, que falta hace que el mundo sea más humano de lo que es.

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