Begoña Pro novela los años del siglo XIII en los que Navarra y Francia compartieron reyes

La periodista y escritora pamplonesa acaba de publicar su décima novela, ‘El alférez del estandarte real’

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Begoña Pro novela los años del siglo XIII en los que Navarra y Francia compartieron reyesEduardo Buxens
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Laura Puy Muguiro

Actualizado el 16/10/2020 a las 06:00

Aunque los expertos destacan la gran capacidad de los más pequeños para adaptarse a situaciones nuevas, los adultos reaccionan dando cosas por hecho u ocultándoles otras para que no sufran. Esto último ocurre a Martín Ximénez de Aibar en la décima novela de Begoña Pro, El alférez del estandarte real: con 7 años y sin recibir ninguna explicación es apartado de su madre y conducido a Sorlada, a casa de su abuelo materno. El motivo lo conocerán los lectores: en la Edad Media los niños destinados a ser caballeros iniciaban su formación militar, normalmente lejos de su vínculo familiar más estrecho para evitar conflictos de intereses y para recibir una disciplina sin distracciones. La periodista y escritora pamplonesa, especialista en novela histórica, narra los siguientes siete años de vida de Martín, en el final del siglo XIII, de cómo crece y de cómo busca su propia identidad, la misma búsqueda que hace en ese momento el reino de Navarra: por primera vez en la historia, sus reyes serán también los de Francia, un periodo en el que Navarra se vio supeditada a las directrices marcadas desde París.

El abuelo de Martín, Fortún Almoravid, es un viejo personaje de Pro, al que hizo protagonista en 2017 en Bajo las cenizas de la Navarrería. Almoravid era el alférez del estandarte real de Navarra, un cargo con bastante peso porque lo ocupaba quien dirigía los ejércitos del reino en la batalla cuando el rey no acudía a la contienda. Fue documentándose para aquella novela cuando Pro, que narra historias de personajes de la Navarra medieval en las páginas de Saber Más de este periódico, encontró que dos nombres se repetían constantemente: los de Fortún Almoravid y Martín Ximénez de Aibar.

“Y se repetían juntos. Así que, investigando sobre estos dos personajes, me di cuenta de que había un vínculo muy especial entre ellos, al haber sido abuelo y nieto y haber ocupado ambos el cargo de alférez del estandarte real de Navarra”, explicó ayer Pro durante la presentación de su nueva novela. Aquella circunstancia despertó su curiosidad por cómo habría sido aquella relación. “Llegué a la conclusión de que, si aparecían siempre juntos y en tantos documentos, se debía a que probablemente había habido un vínculo que se estableció desde la infancia”. Y de ese momento, de los 7 años de Martín, parte la novela, con esa separación obligada de su madre que provocará que el lector descubra a un Martín “asustado que no halla su sitio” y a un abuelo, responsable de defender la frontera con Castilla, que quiere convertir a su nieto en un hombre de armas, un caballero, “fuerte tanto de carácter como físicamente, lo que no encuentra en ese momento en Martín”.

Y de fondo, qué estaba ocurriendo en Navarra entre 1293 y 1300. Últimos años del siglo XIII, los acontecimientos estuvieron marcados por el hecho de que los reyes de Navarra fueran también reyes de Francia, debido a que el monarca francés Felipe IV -Felipe El Hermoso- se casara con la reina de Navarra Juana I. “Es la primera vez que ocurre en la historia, siendo unos reyes lejanos, ajenos a las costumbres del reino, que instalan aquí gobernadores, una figura que no era nueva, aunque sí el hecho de que representaran al rey francés”. Esto cambió las circunstancias de juego y afectó al tablero político, convirtiéndose en piezas que se movían según los intereses de los estados y teniendo Navarra una política marcada desde París.

Uno de aquellos acontecimientos históricos fue el decreto por el que se ordenaba la expulsión de los ingleses, un curioso caso derivado de ser Felipe rey de Francia: había conquistado unos territorios al rey inglés, Eduardo I [La Guyena, actual Aquitania, entonces bajo el dominio de los reyes de Inglaterra], expulsando a los ingleses de esos territorios y decretando también el de los de Navarra. “Desconozco cuántos había entonces, pero quizás alguno sí que habría pasado a Navarra para esconderse por estos conflictos”, sostuvo ayer Pro.

Además, un conflicto con Castilla, que comenzó con la muerte de su rey, Sancho IV, resultando como heredero Fernando, a los 9 años. “Sus primos los Infantes de la Cerda reclamaron como suyo el trono de Castilla por ser hijos del primogénito del rey Alfonso X El Sabio, fallecido antes de ser coronado rey y pasando el trono a Sancho”. Navarra se vio envuelta en este conflicto por una orden de Felipe IV, primo de los infantes de la Cerda, apoyando la reivindicación de estos con tropas. Esto generó un conflicto abierto, primero con el cerco de Mayorga y al año siguiente con el intento de Fortún Almoravid por reconquistar Nájera, que en su momento tanto significó para el reino de Navarra. “Me resultó curioso encontrarme”, continuó Pro, “con una persona que 220 años después de perder Nájera intentara recuperarla y se encerrara dentro”. Esto llevó a Almoravid a tener que ponerse al frente de sus tropas, lo que le causó problemas de liquidez económica al deber pagar de su bolsillo las tropas, arruinándose.

Además de dar presencia a los templarios con los que acabó Felipe IV [quedan restos de una de las encomiendas en Aberin], Pro acerca las consecuencias de la guerra de la Navarrería de 1276 y que conllevó a que este burgo casi desapareciera. “Pesó durante años en la historia de quienes vivieron en aquella época por no lograr permisos para reconstruirla”. Las cenizas de esa guerra que enfrentó a los burgos de Pamplona seguían intactas.

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