25 años con la vista en las estrellas

El Planetario de Pamplona cumple hoy un cuarto de siglo de existencia, durante el que miles de navarros y visitantes han visto sus películas, han acudido a sus conferencias o han visitado sus exposiciones. Lo celebran con una gala

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25 años con la vista en las estrellasNAGORE/SESMA
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Jesús Rubio

Actualizado el 26/11/2018 a las 06:00

Aseguraba Juan Cruz Alli, entonces presidente del Gobierno de Navarra, que el Planetario de Pamplona haría posible “que volvamos a percibir la misma fascinación que los antiguos sintieron al contemplar el cielo”. Nadie sabe cuántos de los miles de navarros que han pasado por la cúpula del Planetario desde que Alli pronunció ese discurso, hoy hace 25 años, salieron efectivamente fascinados. Lo que sí parece seguro es que desde aquel día de la inauguración, la ciencia ha encontrado un lugar en Navarra. “Creo que lo que hemos aportado es introducir la ciencia en discurso cultural de la ciudad”, afirma Javier Armentia, director del Planetario desde 1993 hasta hoy. “Era una paradoja para ser una ciudad con universidades, pero entonces los temas científicos no estaban. El Planetario de manera natural se convirtió en el lugar donde estas cuestiones se podían contar al público”.

Desde el 26 de noviembre de 1993 Pamplona podía presumir de ser una de las cinco ciudades con una infraestructura pensada sobre todo para divulgar la astronomía. Hoy ya son una decena. Ese edificio de ladrillo rojo, diseñado por los hermanos Iosu e Iñaki Aurrekoetxea y por Íñigo Viar, había costado 100 millones de pesetas de la época (600.000 euros con los que hoy equivaldrían a más de un millón) que habían puesto el Gobierno de Navarra y la Caja de Ahorros de Navarra. El Ayuntamiento de Pamplona había cedido el solar.

Hemos estimulado a las nuevas generaciones y hemos creado sinergias. Después han venido otros que también han sentido esa preocupación por contar a todo el mundo, y en especial al mundo educativo, estos temas relacionados con la ciencia y la tecnología. Es muy posible que sin nosotros hubiesen surgido otros, pero la presencia del Planetario aceleró el proceso”, añade Armentia.

PELÍCULAS Y MÁS

El centro se estrenó con un programa, ‘Vía láctea’, que había sido coproducida con el planetario de Madrid y la Casa de las Ciencias de La Coruña.

Aquella producción audiovisual que estrenó una cúpula de 20 metros de diámetro, la mayor de España entonces, y un proyector, el Zeiss VI que pasaba por ser el más avanzado del mercado y que hace unas semanas ha sido sustituido por un aparato digital, mucho más versátil. Hoy los grupos que visitan el Planetario pueden elegir entre una quincena de películas para el público en general y ocho para los niños, aunque no todas forman parte de la agenda habitual del centro. Ver una producción, acompañada de una explicación del cielo y de la actualidad astronómica, sale por 7 euros, con los que se puede comprar casi lo mismo que con las 400 pesetas que costaban las entradas de 1993.

En todo caso, el Planetario no se limita a la ciencia y la tecnología. En parte, las estrecheces económicas que de vez en cuando les han golpeado, han obligado al centro a abrir sus salas y alquilarlas para conferencias, conciertos y actividades que poco tienen que ver con los astros. Hasta cumpleaños se celebran. Pero, en todo caso, desde el inicio el centro tuvo una vocación cultural que iba mucho más allá de lo científico. No es extraño, por ejemplo, que entre los quince hitos de la historia del centro que ha elegido el equipo del Planetario estén las exposiciones de Joaquín Sorolla o de los pintores de la época de Felipe IV.

Por eso entre los proyectos de futuro en los que están metidos destacan dos que hablan de ciencia pero también de otras cosas. Pirineos La Nuit, un proyecto europeo, incluye investigación sobre todo acerca de la contaminación lumínica, pero también trata de hacer de la observación astronómica un recurso turísticio. El otro, Planeta STEM, estimular a las nuevas generaciones y fomentar en ellas vocaciones científicas. “El reto es que el Planetario sea un lugar desde el que empujar a toda una generación. Para eso tenemos que crecer, intentar avanzar en temas, en espacios”, apunta Armen tia.

En todo caso, claro, un planetario va de planetas. Y es normal que el espacio protagonice la mayor parte de esos 25 hitos que se pueden ver arriba. También va de la exploración del Cosmos el momento más bonito para Javier Armentia: la retransmisión de llegada de la sonda Rosseta a un cometa que estaba a 500 millones de kilómetros. “Resultó que vinieron 200 personas que querían vivir con nosotros un momento como ese. Es muy gratificante. El Planetario es una herramienta que nos permite hacer cosas así. Se crea una comunidad”.

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