AUDE FINGE, AUDE SOMNIA, AUDE VIVERE

Publicado el 26/12/2013 a las 20:02
Ben Stiller se prodiga poco tras las cámaras, y, cuando lo hace, uno no sabe qué esperar. Será la cosa como Bocados de realidad? Acaso como Un loco a domicilio? Zoolander? Tropic Thunder? Lo que sí sé es que su último trabajo como director, La vida secreta de Walter Mitty, no se parece a ninguna y tiene algo de las otras. No en lo tocante a la mala leche, ni a la ironía o al sarcasmo desgraciadamente, sin embargo. Pocos sabrán que se trata de eso que se llama un remake, aunque no lo sea en sentido estricto, sino una nueva versión del relato corto escrito por James Thurber (que llegó a ser director de The New Yorker) hace algunos años y que ya fue llevado a la pantalla en 1947 por Norman Z. McLeod (si no les dice nada el nombre, les doy la bienvenida: yo mismo he tenido que mirar que dirigió algunas de las películas de los Hermanos Marx a lo largo de los 30). Lo interesante es que aquella versión la produjo el mismísimo Samuel Glodwyn (este sí les suena, a que sí?), y ésta, que ha dado unos cuantos tumbos por los cajones de Hollywood los últimos 20 años, ahí es nada, la produce su hijo. Sí: Samuel Goldwyn Jr.
Los relatos y tiras gráficas de Thurber acostumbraban a relatar al hombre común de su época. A nosotros. A cada uno de nosotros.Todos somos Walter Mitty. Al menos el Walter Mitty del principio, con tendencia al gris invisible. Soñamos despiertos, a mandíbula medio abierta, pero tenemos los pies clavados. Pues bien, La vida secreta de Walter Mitty es un canto a que dejemos de soñar y nos lancemos a vivir ya. Eso pretende ser:la película amable del año. Pero qué quieren que les diga, uno, a estas alturas, está algo resabiado. Se diría que a Steve Conrad, el guionista de la película, le persiguen los libretos de El hombre del tiempo (Gore Verbinski, 2005, aquí uno de los productores asociados) o de En busca de la felicidad (Gabriele Muccino, 2006, con Will Smith). No me pregunten por qué, pero me ha venido así de golpe cierta película -que casi acaba con la carrera del gran Tom Hanks y Meg Ryan- titulada Joe contra el Volcán (John Patrick Shanley, 1990). Disculpen los puentes eléctricos que surgen entre mis axones y mis dendritas a veces, es inevitable. Pero quizás la recuerden. Si lo hacen, entenderán quizás a qué me refiero.
A lo que iba: una película con una factura visual impecable, unos efectos digitales de primera (especialmente en lo tocante a la integración de textos en imagen a lo largo de la historia -brillantes los títulos de crédito iniciales hasta que la cosa cae en los colorines-), pero quizás con una pizca excesiva de miel de caña. Algunos la han comparado (ya saben, cosas de la promo) con Forrest Gump. Bueno: las dos son bonachonas y ninguna acaba de funcionar del todo. Pero no son gemelas, salvo quizás en alguna portada de la revista Life que aparece por ahí. Estamos ante una especie de campaña publicitaria new age que promociona el atreverse a buscar la felicidad: "Deja de soñar. Comienza a vivir".Si lo que buscan son películas de ese estilo pero con cine de más onzas, lo que les recomiendo es que buceen en su videoteca y visiten la filmografía deFrank Capra. Es una buena ocasión.
Acaso lo mejor de la película, mención aparte de la fotografía y los efectos digitales, sea su banda sonora, especialmente el momento Space Oddity de David Bowie. Coincido con la protagonista del filme: una canción nunca suficientemente valorada. Les dejo con el maestro Bowie y me despido de ustedes hasta el viernes 10 de enero. Los Reyes Magos me reclaman en otras tierras.