Tres de 31

Victoria de oro en San Mamés que nos acerca a la salvación

El Forofillo resume a su manera el partido Osasuna-Real Sociedad.
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El Forofillo resume a su manera el partido Osasuna-Real Sociedad.
El Forofillo resume a su manera el partido Osasuna-Real Sociedad.

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Fran Pérez

Actualizado el 21/02/2020 a las 21:02

Hay seguidores de equipos en esto del fútbol que resumen la temporada en un resultado, sea el papel que sea el que hace su equipo a lo largo de la campaña. Me explico. Mucho hincha del Barcelona, por ejemplo, se da por satisfecho si su equipo gana los dos partidos al eterno rival, el Real Madrid. O un aficionado colchonero supedita el aprobado o suspenso a sus colores si se han impuesto en los dos choques a los de Zidane. Por aquí hay bastante gente que hace lo propio con el Athletic Club de Bilbao, que un año se salva si se le gana a los leones, entendiendo todo desde una sana rivalidad deportiva que no debe trascender más allá del plano futbolístico. Ojo, no es mi caso. Lo aclaro porque seguro que en las redes sale más de un indocumentado a sacudirme porque lee cosas que no son de su agrado.


Qué bueno sienta ganarle a los leones en su feudo, máxime cuando la victoria, por inesperada, nos coloca con 31 puntos en la Jornada 24 y a tres victorias de la hipotética salvación de los 40. 31, tres, 40, números propios del mus, ese juego que pese a haber sido inventado por los vascos según los pocos datos históricos de que se disponen, ha hecho que los navarros lo dominemos casi a la perfección. Ojo, el de cuatro reyes y cuatro ases, dejando los treses para el peor juego y los doses para el segundo mejor, nada de ocho reyes y ases que eso es adulterar la competición. El partido se podría haber resumido en una de las frases que más se oyen durante una sentada del juego de naipes. "Dos de grande, dos de chica, pares, 31 tres y a tres de la escuela". Sin más.


Jagoba optó por tirar de músculo en San Mamés, con ese medio invento de tres centrales y dos carrileros, los de siempre, estirando los laterales. Más músculo en el centro con el regreso del corazón rojillo, Oier, al que en las redes ya lo hemos rebautizado como Pier por mor de las erratas en los tuits. Y arriba el tanque, Enric Gallego, para ver si las alas profundas son capaces de ganar metros y colocar centros que aproveche el gigante rojillo. Y la apuesta le salió a la perfección.


Vale que enfrente estaba un equipo, el vizcaíno, muy mermado en la competición liguera por efecto del sobreesfuerzo en la Copa del Rey. Sin Dani García, con ciclo de amarillas, ni Iker Muniáin, curioso el caso del chantreano que en el derbi contra la Real acabó expulsado con una entrada bastante fea y que, este año, se ha quedado sin la suerte de enfrentarse a los rojillos. Pero pese a las bajas, a la mala racha en LaLiga, jugaban en casa y seguro que se la prometían felices. No en vano Osasuna es el equipo que suele renacer a los moribundos. Si no, que se lo pregunten a Jovic, Lucas Vázquez y compañía...


El equipo cuajó un partido perfecto. Del primero al último. Hasta la suerte estuvo de cara, con dos palos en la segunda parte, pero la suerte hay que salir a buscarla y Jagoba la planteó de perlas. Unai, Aridane y Roncaglia de centrales, con Estupiñán y Nacho Vidal en las bandas. Oier es el corazón en el centro del campo, acompañado por el músculo de Brasanac y la calidad de Íñigo Pérez. Adrián de media punta y Enric arriba. Ojito, ellos con bajas, pero nosotros sin el Chimy, sin Rubén García y sin Roberto Torres, piezas importantes en este Osasuna.


Aguantar, cerrar y aprovechar las pocas que se iban a tener. Guión cumplido a la perfección. Borrando las cabalgadas de Williams, las peleas de Raúl García, las internadas de Yuri o Capa. Osasuna hizo un primer tiempo de guerra de trincheras, sin perder el norte de la guerra pero dándolo todo en la batalla. Y pese a que se dispusieron de unas faltas apetecibles, cuando ya pensábamos que la estrategia no nos iba a dar nada, llegó el tanto de oro de Oier. Centro medido al segundo palo, Unai gana el salto y cabecea al punto de penalti. Darko Brasanac remata de testa gol, Unai Simón hace la parada de la tarde y el cuero lo aprovecha el más listo de la clase,.


Oier no se comió el órdago de tres rivales, que se lanzaron al suelo arrastrándose para evitar el disparo de primeras junto al palo. Sanjurjo templó, como buen jugador de mus. Mordisqueó el palillo viendo que tenía mano ganadora, se quedó mirando a los tres de rayas rojas y blancas que deslizaban ante sus pies y, una vez pasada la borrasca rojiblanca, vio ese cielo despejado que le permitió cruzar a placer el 0-1. Sin ponerse nervioso, con ese ceño medio fruncido, medio cabreado, semblante de pirata del Caribe que le da una imagen de malote cuando es un santo con brazalete.


Y de ahí al final, una hora larga de pelea, de cortes en defensa, de intentonas aguadas a la contra, de apretar el cerete como posesos para lograr defender un botín que es oro, molido, bruto, puro y de muchos quilates. Porque aunque en el tramo final de la primera parte apenas sufrimos, en la reanudación pasamos las de Caín. Sin Abel, pero con Williams atacando, Rulo fajándose, Yeray e Íñigo Martínez convertidos en asistentes desde tres cuartos y cediendo terreno paso a paso, fruto del empuje león y del cansancio rojillo.


Pero no pudieron con nosotros. Pese a que habrá más de un aficionado local al que el 0-1 le habrá escocido, la grandeza de este club se cimienta en que cuando no se puede ganar, se aplaude al rival y se le felicita por la victoria. Lo he vivido en el antiguo San Mamés años atrás. Y así ocurrió esta vez. El feudo se rindió a los cruces milagrosos de Roncaglia, al imperial saber leer los envíos por abajo y por arriba de Unai García, a la brega de Brasanac en el centro del campo, hasta a la subida de gemelos de Oier, ausente las jornadas anteriores pero tan necesario y tan vital para nuestro equipo, tan ADN Osasuna como el león de nuestro escudo. Aplausos a Estupiñán y a Nacho Vidal, a la clase de Íñigo Pérez, a las cabriolas de Adrián, a la conducción de Torres, al taponar de Fran Mérida...


Pero San Mamés se rindió a otro santo, San Sergio Herrera Pilón. Sus paradones y hasta sus desvíos con la mirada sobre el balón para que se estrelle en los postes nos permitió dejar el marcador a cero y sumar la victoria del año. Habrá aficionados que crean que así ya hemos hecho la temporada. Nada más lejos de la realidad. Reconociendo que es una de esas victorias que nos va a permitir estar toda la semana con la sonrisilla en la boca, porque ahora somos nosotros los que salimos triunfadores, lo que importa ahora es seguir sumando tantos para llegar a la escuela, con 35, y de ahí ganar la partida. Con tres órdagos más nos basta. A ver si contra el Granada de Diego Martínez pillamos ventaja, una buena mano con tres reyes y esperamos el órdago del rival para soltar la frase más bonita que se puede decir en el mus: "Quiero, gano y me divierto".


¡Hasta la muerte, Forofillo hasta la muerte!

Ingredientes

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    Tipo de cocinaMediterránea

    Preparación

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