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El karma nutricional

​Lo que le reciben las células de forma habitual puede hacerlas "sonreír" o "llorar"

Un hombre se agarra la zona del corazón durante un infarto
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Javier Angulo

Publicado el 10/03/2026 a las 17:02

Todo lo que entra en el organismo termina saliendo de una u otra forma: a través del aparato digestivo, del sistema excretor, de la piel y de los distintos fluidos corporales; también mediante la formación de estructuras, la renovación de los tejidos y, en muchas ocasiones, a través de diversas patologías que surgen como consecuencia del desgaste en los procesos de eliminación.

Lo que le das a tus células de forma habitual puede hacerlas “sonreír” o “llorar”. Cuando reciben lo que necesitan, funcionan con armonía; pero si las haces “llorar” demasiadas veces, llega un momento en que su actividad disminuye y entran en un estado de agotamiento. Entonces comienzan a enviar señales de alerta: el metabolismo se ralentiza, el eje hormonal se desestabiliza, el sistema nervioso se agota y los procesos de reparación de los tejidos se desequilibran. Poco a poco, las funciones del organismo empiezan a fallar y se vuelven más lentas, torpes e ineficaces.

Obesidad, Ozempic, infarto... Tras caras del precio que se puede pagar por una mala alimentación
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Si sometes repetidamente a tu fisiología a golpes y excesos, los daños tarde o temprano terminarán manifestándose. Jugar a la ruleta rusa con un organismo debilitado tiene un alto coste. Cada elección alimentaria deja una huella, y sus consecuencias son mayores cuanto más deteriorado esté el cuerpo. Con el paso de los años, afinar los hábitos se vuelve cada vez más importante si lo que se busca es aportar calidad de vida al tiempo que queda por vivir.

En la sociedad actual, muchas veces no se come para sostener la salud, sino para llenar vacíos emocionales, calmar la ansiedad o buscar placer inmediato. En esa búsqueda de una rápida liberación de dopamina, con frecuencia se termina eligiendo aquello que perjudica al organismo: lo que genera dependencia, provoca una especie de “resaca celular” y favorece la inflamación.

El karma nutricional consiste, sencillamente, en que todo lo que hacemos termina regresando con una factura que tarde o temprano debemos pagar. Esa factura se construye con las decisiones que vamos tomando en las distintas etapas de la vida: en el día a día, durante los fines de semana, en las celebraciones, festividades, compromisos o cumpleaños. Son pequeños momentos en los que elegimos mal y el cuerpo no tiene más remedio que emplear su energía en eliminar, reparar y desinflamar.

Con el paso del tiempo llega un momento en que el organismo deja de poder compensar. Entonces aumenta la intensidad de sus señales: aparece la inflamación crónica de bajo grado, crece el perímetro abdominal, surge la fatiga persistente, la resistencia a la insulina, los errores en la transcripción genética, las migrañas o los dolores articulares, entre otras manifestaciones. ¿De verdad crees que no pasa nada por darle al organismo quinientas bofetadas al año? ¿Piensas que el cuerpo está diseñado para soportar tantos impactos sin consecuencias?

¿De verdad crees que no ocurre nada cuando, durante años, se mantienen niveles bajos de varios nutrientes esenciales? Tranquilo… el organismo ya pasará factura. Y lo hará, poco a poco, con señales que irán apareciendo casi sin que te des cuenta: pérdida de visión, resistencia hormonal, fallos de memoria, diabetes tipo 2, inflamación persistente, tristeza, pérdida de fuerza, alteraciones tiroideas y muchas más.

Cuando la carga supera definitivamente su capacidad de adaptación, el cuerpo ya no susurra: grita. Y lo hace en forma de agotamiento profundo, deterioro cognitivo, malestar general, dolor crónico e incluso depresión. No esperes a que sea demasiado tarde. Y si ahora no lo crees, el tiempo acabará mostrándolo: despacio, paso a paso, pero terminará apareciendo ese karma.

Si ya sabes lo que tienes que hacer, procura hacerlo. Adopta un estilo de vida acorde con tu fisiología y con el contexto en el que te desenvuelves. Sigue un sistema nutricional que te aporte energía y salud, que respete tus respuestas metabólicas y te ayude a mantener el equilibrio. Y vive con la tranquilidad de saber que habitas en un auténtico paraíso gastronómico, donde todo lo bueno está al alcance de la mano. Solo tienes que recordar algo sencillo: al llenar el carro, evita las manzanas prohibidas. Y cuando llegue el momento de celebrar, recuerda algo importante: la verdadera madurez también consiste en saber decir no a aquello a lo que casi todo el mundo dice .

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