Obesidad infantil en aumento

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Javier Angulo

Publicado el 19/10/2017 a las 15:21

En estas últimas cuatro décadas las cifras de obesidad en jóvenes y niños se ha multiplicado por diez, algo impresionante. Los conocimientos actuales en materia de Nutrición superan con creces los de antaño y, sin embargo, en la práctica no sirven, no ayudan a prevenir una epidemia que cada vez va a más. Algo hacemos mal. España es el país de Europa con mayor evolución en las tasas de obesidad, donde cada vez son más los niños que la presentan y parece ser que este problema va en aumento.

Desde comienzos de los años 80 hasta hoy se ha producido un enorme incremento del sobrepeso y de la obesidad, lo que constituye un gran problema de salud, de modo que la OMS ha denominado a la obesidad como una “epidemia del siglo XXI”. El problema de esta prevalencia no se limita a los países desarrollados del mundo occidental, sino que también se observa en países en vías de desarrollo que están adoptando estilos de vida habituales en el mundo industrializado. Las políticas actuales no solucionan este problema que desgraciadamente va a más. Por ello hay que ser serios y las primeras recomendaciones deben girar en torno a la base de la Pirámide de la Salud: más movimiento, mayor control del peso (mejor aún de la grasa total), beber exclusivamente agua como vehículo de hidratación, descansar como es debido, gestionar adecuadamente el estrés y fomentar el uso de tecnologías culinarias adecuadas (sin harinas y sin aceites de mala calidad). Los refrescos, las chucherías y los alimentos ricos en azúcares simples son en gran parte los culpables de esta epidemia en los niños. Alimentos altos en harinas, “suculentos” y malsanos. Y el jarabe de maíz alto en fructosa que figura en tantos alimentos es también responsable de tal aumento. Estos cambios dietéticos y de estilo de vida tienen consecuencias dramáticas.

Estudios recientes señalan que un 28% de los menores españoles sufre de obesidad, cifra que convierte a esta enfermedad crónica en la más dominante en la población infantil y adolescente en nuestro país. Lo peor es que esta patología trae consigo problemas de salud a todos los niveles en la edad adulta (la obesidad es un factor de riesgo de enfermedades cardiovasculares, trastornos metabólicos, diabetes, fatiga, trastornos del aparato locomotor como artritis, artrosis y algunos cánceres como el de mama y el de colon, entre otros), por lo que no queda otra que empezar a tratarla desde cuando antes. Actualmente, aproximadamente un 40% de la población adulta española tiene sobrepeso y cerca de un 20% presenta obesidad. El estudio Enrica (Estudio de Nutrición y Riesgo cardiovascular en España) ya señalaba hace unos años que en la población adulta de entre 18 y 65 años el 39,4% de los españoles sufría de sobrepeso y el 22,9% ya padecía obesidad, es decir que un 62% tenía un excedente de peso. Y esto es lo que transmitimos a nuestros hijos.

Creo que ya es hora de que frenemos esta tendencia y que los gobiernos de todas las comunidades se unan y trabajen en conjunto para revertir este problema que ya es de una magnitud enorme. Y la solución pasa por cambiar los hábitos que nos han llevado a padecer esta epidemia que desgraciadamente va en aumento.

Un niño no debe tener un exceso de grasa nunca. Es responsabilidad de los adultos alimentarlos y sobre todo nutrirlos y para ello la selección de los alimentos que entran en el carro de la compra debe ser más acertada. Con el paso de los años, uno debe tener la madurez suficiente como para saber qué es lo que debe seleccionar en su carro de la compra, cada día, cada semana, cada mes.

 

 

En muchas ocasiones no elegimos bien esos alimentos y los padres somos quienes debemos de educar en una alimentación diferente a la actual, puesto que algo está fallando, al menos en una parte importante de la población más joven.

Gran parte de los individuos incrementan de peso a medida que cumplen años y en realidad ello no debería ser así, puesto que lo natural es perder peso con la edad. A partir de los 30-35 años se produce un descenso de la masa muscular que va agravándose con el paso del tiempo. A partir de los 45-50 años culpamos a la menopausia y a la andropausia como responsables de dichos cambios, nada más lejos de la realidad. Estas transformaciones corporales que se producen a partir de entonces son causadas por una disminución de la musculatura (lo que conlleva a un descenso en el ritmo metabólico del organismo), la lógica caída de determinadas hormonas que tiene lugar a partir de edades maduras, la disminución en el gasto energético derivado del ejercicio, la peor tolerancia a los alimentos ricos en hidratos de carbono que se produce a medida que aumenta el perímetro de la cintura y, sobre todo, al asentamiento de malos hábitos nutricionales que se repiten constantemente a lo largo del tiempo.

Soy consciente de la dificultad que supone cambiar de hábitos y sobre todo adherirlos en un estilo de vida de forma regular; pero no hay otra solución que “aprender a comer” desde cuanto antes; de no ser así, las tendencias que se producen en la mala distribución de la grasa corporal seguirán aumentando y, con el tiempo, resultará más difícil el poder disminuirlas.

Los niños obesos serán adultos muy obesos. La grasa excesiva en la región abdominal implica grasa infiltrada en muchos órganos, en el hígado, en el páncreas, en el riñón, en el corazón, en el músculo y todos ellos van perdiendo funcionalidad. No es cuestión sólo de estética sino es cuestión de salud. Hablando del músculo, la grasa excesiva infiltrada en esta región es lo que se conoce como mioesteatosis, la cual aumenta con la edad, el estrés, el sedentarismo, pero sobre todo con la mala elección de alimentos, lo que implica que quien tiene una mioesteatosis exagerada no sabe usar esa grasa excesiva y ello a la larga suele acompañarse de una resistencia anabólica que explica que un músculo con mucha grasa infiltrada es un músculo poco desarrollado y poco activo en su metabolismo. Con el tiempo también ese músculo se resiste a la captación de glucosa y al no saber utilizar ni grasas ni glucosa comienza a fallar. Todos los órganos de quien es obeso van perdiendo de forma progresiva su eficacia metabólica y bioquímica y los adultos no queremos eso para nuestros hijos; debemos de actuar desde ya.

Hemos de dar con la solución que resuelva el problema. Menos quejarse y más actuar. Tenemos todas las herramientas a nuestro alcance para no permitir que esto vaya a más. Es cuestión de educación y ésta comienza en las familias y se continúa en las escuelas. Nadie gestiona la salud de otro, ésta depende de uno mismo; nadie va a hacer por mí lo que debo hacer yo. Parece ser que todos saben lo que hacer, pero a la hora de la práctica fallan o quizás sea que realmente “no sepan lo que hacer”, es decir, disponen de información desordenada, están confundidos, incluso las políticas conservadoras de siempre no funcionan y sus problemas de sobrepeso u obesidad nunca terminan de solucionarse, es más, se cronifican y agravan.

Perder grasa es principalmente cuestión de actitud, esfuerzo, constancia, disciplina y querer, siempre querer. Valores fundamentales en la vida, primordiales en el deporte, en el trabajo, en la familia, en la pareja, en todo.

Este incremento de sobrepeso y obesidad que se ha producido en la mayoría de los países “desarrollados” es atribuible a dos factores: a una modificación en los hábitos alimenticios, con una marcada tendencia al aumento de la ingesta de alimentos muy calóricos, ricos en grasa y azúcares y con escasa proporciones de nutrientes esenciales y a una tendencia en alza de disminución de la actividad física debida a la naturaleza cada vez más sedentaria del estilo de vida (tipo de trabajos, cambios en los medios de transporte, creciente urbanización, tiempo frente al televisor, abuso de las nuevas tecnologías y cada día más y más comodidades). Ello se traduce en una pérdida de movilidad y una ganancia de grasa corporal. Para luchar contra ello qué mejor herramienta que cambiar los hábitos nutricionales y fomentar la práctica de ejercicio realizado de forma regular que, además, va a aportar muchos beneficios como: ganancia de fuerza, flexibilidad y resistencia, mejora del sentimiento de bienestar y de la autoestima, regulación en las cifras de tensión arterial, colesterol y triglicéridos, aumento de masa muscular, sensación de adquirir más agilidad y vitalidad. Es decir, una mejor calidad de vida y salud.

Mientras que millones de personas están muriendo de hambre en gran parte del mundo, muchos otros lo están haciendo por las consecuencias indirectas de la mala elección de alimentos y de la inactividad física. Y quiénes van a sufrir más a medio plazo? Los niños, siempre los niños. Si nos alimentamos bien, hacemos ejercicio regularmente e incorporamos hábitos saludables en el estilo de vida de toda la familia, proporcionaremos a nuestros hijos un buen ejemplo a seguir de por vida. Los padres siempre debemos de transmitir con el ejemplo, pero con hechos, no con dichos.

 

La población deportista, los niños delgados y fibrosos y los que tienen un mecanismo eficaz en el metabolismo de los hidratos de carbono (de modo que el cociente entre su perímetro abdominal y su altura medida en centímetros sea inferior a 0,47) deben llevar un tipo de alimentación bastante diferente a la recomendada para niños obesos. Este es el grupo de los privilegiados; popularmente suele decirse que comen mucho y nunca engordan.

 

Pero para quien está con un exceso de grasa corporal y el cociente entre su perímetro abdominal y su altura medida en centímetros es superior a 0,52, la cosa cambia y la “Pirámide de la Salud” recomendada debe ser muy diferente, al menos hasta que consigan niveles de grasa saludables y un menor cociente. En la imagen de abajo se aprecia la Pirámide recomendada para este grupo de población.

 

Son aproximadamente mil doscientas (1200) personas las fallecidas en España por accidentes de tráfico en el año 2016. Multitud de consejos publicitarios en prensa, radio y televisión tratando de concienciar a la población del uso del cinturón de seguridad, de la disminución de la velocidad frente al volante, de no tomar alcohol y determinados fármacos y/o drogas en la fase previa a la conducción, de bajar el estrés y estar atentos a la carretera, de no usar el móvil mientras se conduce, etc. Pero lo que no se trata con tanta fuerza es que los españoles que mueren por patologías cardiovasculares (en mayores de 18 años) son casi 70 veces más, es decir, más de ochenta mil (80000) personas. Son aproximadamente un 50% los españoles mayores de 18 años que padecen alguna patología relacionada con enfermedad cardiovascular (sobrepeso, obesidad, arterioesclerosis, lipoproteínas altas en sangre, diabetes, hipertensión,.) a causa de los malos hábitos nutricionales y un estilo de vida inapropiado. Y son cada vez más los jóvenes quienes padecen estas patologías que antes sólo eran típicas en población adulta.

Ya es hora de concienciar a todos; nadie gestiona la salud de nadie, sólo uno mismo y los padres debemos ser el ejemplo a seguir y hemos de transmitir a nuestros más allegados ese estilo de vida en el que debemos de creer con firmeza. Uno puede comer mal un día, pero no dos seguidos y no tenemos que ser tolerantes con ello, a no ser que queramos generar patologías cardiovasculares en nuestros más jóvenes allegados.

Así que, como consejos para reducir estas cifras de obesidad y de futura patología cardiovascular: comer de la manera en la que está programado un ser humano, beber lo mismo que hidrata a cualquier animal sediento, procurar tener un buen descanso diario, realizar ejercicio de intensidad moderada de forma regular, estar bien emocionalmente y tener una actitud favorable hacia el cambio de hábitos. Y no hay más solución. Todas las políticas deberían trabajar en esta línea, pues no hay otra más segura, ni la habrá.

Si quieres y te lo propones, lo consigues.

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