Política
Un PSOE aturdido se resiste a soltar amarras con Zapatero
El exjefe del Ejecutivo fracasó el jueves en el intento de proporcionar alivio a buena parte del partido que lideró entre 2000 y 2012


Publicado el 26/07/2026 a las 05:00
No es solo la posición de Pedro Sánchez, que algunos atribuyen al frío pragmatismo; a la necesidad de cavar un "cortafuegos" para sostener la legalidad del polémico préstamo de 53 millones de euros concedido por el Gobierno a la compañía de capital venezolano 'Plus Ultra' durante la pandemia y por la que, según declararon esta semana por escrito sus directivos -ahora dimitidos ya-, José Luis Rodríguez Zapatero cobró una comisión del 1% camuflada en transferencias a varias sociedades instrumentales. Incluso entre aquellos que admiten sentirse dolidos, decepcionados o simplemente sorprendidos con lo que la incipiente instrucción de la Audiencia Nacional ha revelado hasta ahora sobre los negocios del expresidente del Gobierno, es difícil encontrar algún socialista que defienda que ha llegado la hora de dejarlo caer, de desmarcarse y apartarlo como en su día hizo el presidente del Gobierno con José Luis Ábalos o Santos Cerdán.
El exjefe del Ejecutivo fracasó el jueves en el intento de proporcionar alivio a buena parte del partido que lideró entre 2000 y 2012 con la entrevista de TVE con la que rompió 65 días de silencio. Eran muchos los que le pedían que diera ese paso que finalmente dio, subrayan fuentes de la dirección, en contra del criterio de su abogado, el experto procesalista Víctor Moreno Catena. Esperaban que pudiera ofrecerles algo que neutralizara las afirmaciones del expresidente y el ex CEO de la aerolínea rescatada, Julio Martínez Sola y Roberto Roselli -la dimisión de ambos se conoció este viernes-, e incluso de su amigo y, según la UDEF, testaferro, Julio Martínez Martínez, 'Julito'. Pero, sobre todo, confiaban en que diera alguna explicación defendible sobre las joyas encontradas en su caja fuerte, tasadas por la joyería Ansorena junto al Instituto Gemológico Español en 1, 3 millones de euros. No ocurrió. Los chats del PSOE se inundaron de inmediato de comentarios de lo más variado sobre una intervención en la que quizá se habían puesto demasiadas esperanzas si se tiene en cuenta que, como a posteriori reconocían algunos de manera comprensiva, la prioridad de quien afronta un proceso por delitos tan serios como los de organización criminal, tráfico de influencias, falsedad documental, blanqueo de capitales, apropiación indebida, fraude fiscal y contrabando no puede ser explicarse ante la ciudadanía, sino abrazarse a la estrategia de defensa más eficaz para librarle, en primera instancia, de un juicio y, en última, de la cárcel. El propio Zapatero se excusó ante el periodista en que debía respetar el proceso y sustentar delante del juez, antes de hacerlo públicamente, el origen de unas alhajas que se limitó a presentar como un "obsequio personal de cortesía" y de cuyo valor no tenía conciencia. Pero lo cierto es que su objetivo nunca ha sido desmontar las acusaciones que pesan contra él con testimonios o documentos, sino anular la causa con el argumento, finalmente rechazado este viernes por el instructor, de que el caso se basaba en pruebas e investigaciones paralelas ilícitas de la Fiscalía con las que se vulneraron sus derechos fundamentales, la presunción de inocencia y el secreto de las comunicaciones.
Las reacciones a la entrevista entre los socialistas fueron tan diversas como lo pueden ser los miembros de una organización con cerca de 150.000 militantes: enfado, conmiseración, decepción... Pero con una nota dominante, según numerosos cargos del partido: la sensación de que, en términos generales, nada ha cambiado y que la situación sigue siendo idéntica a la del día anterior. Lo que hizo Zapatero fue pedir un acto de fe. Poco más. "Algunos dicen que se han quedado más tranquilos por escucharle negar todo con tanta contundencia, la mayoría de gente creo que se ha sentido frustrada", resumía un dirigente territorial. Y, sin embargo, nadie cuestiona que el Gobierno y Ferraz lo sigan apoyando. "No, no detecto esa pulsión", remarca otro barón abiertamente desanimado. "Es que es un expresidente y además llamado ZP", resume una dirigente regional. "A pesar de la decepción, uno piensa en su legado y en cómo se ha comportado siempre con el partido, y la conclusión es que hasta que se demuestre lo contrario hay mantener la confianza en que podrá dar explicaciones. Aunque a veces -admite- cueste". "A todos nos habría gustado que hubiera ido más allá en las respuestas, pero confiamos en su versión sin fisuras. Si todo pasa por tráfico de influencias, nada, nada lo sugiere. No hay indicios de eso. Otra cosa es que estas actividades muy frecuentes de asesoría a él no se le conocían y eso siempre sorprende", justifica otra mujer muy cercana a Sánchez.
En la posición de un buen número de cargos medios, menos vinculados con el Ejecutivo, pesa mucho lo emocional. El PSOE asume que Zapatero ya no volverá a ser el activo electoral que ha sido durante estos últimos años en los que, después de haber pasado su propio 'apartheid' tras abandonar el Gobierno en 2011 achicharrado por una gestión de la crisis financiera en la que traicionó los postulados de la izquierda, ha emergido como catalizador del voto progresista y como el mayor valedor de las cuestionadas y arriesgadas maniobras de Sánchez con los independentistas, tan similares a las que él mismo protagonizó. No podrá participar en la próxima campaña. Pero a muchos les cuesta renunciar a la idea que aún tienen de él.
Esta semana, tras la declaración de 'Julito' ante el juez -que el PSOE cree alentada por los beneficios obtenidos por Víctor de Aldama tras sus confesiones en el 'caso mascarillas' contra Ábalos-, desde Moncloa se introducía ya, en todo caso, un matiz a ese respaldo firme. "No lideramos su defensa, pero sí manifestamos con contundencia que creemos en su inocencia. Si tenemos que elegir a quién nos creemos, nos creemos a Zapatero", aclaraban.