Castilla y León

Feijóo y Abascal se miden de nuevo con Extremadura y Aragón aún bloqueadas y el PSOE se la juega a la bandera antibelicista

Castilla y León testa la liza doméstica bajo la guerra en Irán

El candidato del PP a la Presidencia de la Junta de Castilla y León, Alfonso Fernández Mañueco, junto a familia y amigos este sábado en Salamanca durante la jornada de reflexión
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El candidato del PP a la Presidencia de la Junta de Castilla y León, Alfonso Fernández Mañueco, junto a familia y amigos este sábado en Salamanca durante la jornada de reflexiónEFE/ PP
El candidato del PP a la Presidencia de la Junta de Castilla y León, Alfonso Fernández Mañueco, junto a familia y amigos este sábado en Salamanca durante la jornada de reflexión

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Agencia Colpisa

Publicado el 15/03/2026 a las 05:00

Castilla y León dirimió en 2022 la composición de su Parlamento 11 días antes de que Rusia devolviera el rugir de la guerra a las puertas de Europa al invadir Ucrania. 

Y vuelve a resolver su puzle de escaños este 15 de marzo de 2026 dos semanas después de que los bombardeos de Estados Unidos e Israel sobre Irán haya desatado una escalada bélica en Oriente Medio que, además del coste en vidas, amenaza con una crisis inflacionista de penetración mundial. 

Cuatro años después de que la comunidad que lleva desde 1987 gobernada por el PP ensayara el primer Ejecutivo de éste con Vox, los algo más de dos millones de castellanoleonenses llamados este domingo a las urnas asignarán los asientos en las Cortes regionales con los que libran su nueva contienda los de Alberto Núñez Feijóo y los de Santiago Abascal

El pulso preparatorio antes de tener que sentarse de nuevo a negociar, salvo sorpresa, el futuro Gobierno. En paralelo, y armado con el 'No a la guerra' resucitado por Pedro Sánchez, el PSOE se toma la temperatura tras los batacazos sucesivos en Extremadura y Aragón.

El tercer proceso electoral en otros tantos meses -este porque tocaba, no adelantado por los presidentes populares- llega bajo un fragor internacional sobrevenido que ha orillado la campaña castellanoleonesa y que marida las preocupaciones de la comunidad -industrial y agraria- con unas inquietudes políticas, económicas y sociales de alcance global. 

El 'No a la guerra', con cartelón y coreado por la militancia, ha actuado de galvanizador de los dos mítines protagonizados por el presidente del Gobierno desde que las hostilidades reventaron en Oriente Medio. 

Sánchez ha vuelto a fotografiarse con el hoy señalado expresidente José Luis Rodríguez Zapatero -leonés, por añadidura- para enlazar el presente con la reverdecida oposición a la guerra de Irak de hace más de dos décadas frente a aquel Gobierno de José María Aznar, el líder conservador que abrió en 1987, a la sazón, la cadena de ejecutivos del PP en Castilla y León.

En la guerra de 'trackings' que precede las noches electorales, el ánimo de los socialistas -que parten de 28 escaños y el 30% de voto en un Parlamento con la mayoría absoluta en 41- bascula entre quienes dan por hecho, cuando menos, un chute de autoestima este 15-M y los más optimistas que creen posible repetir la victoria de 2019 aunque no bastara para ganar la Junta. 

El resultado no servirá en ningún caso, con una alicaída izquierda además a la izquierda del PSOE, para propiciar un vuelco en un territorio que, a pie de encuestas, volverá a henchir las velas de las derechas. 

Pero contener la sangría tras las autonómicas en Extremadura del 21 de diciembre y en Aragón del 8 de febrero se antoja como un logro para los socialistas, que lo fían al electroshock del antibelicismo y del antitrumpismo, pero también a la denuncia de los déficits en los servicios públicos de su candidato, Carlos Martínez, alcalde de Soria.

Al otro lado del Pisuerga y con sus propios análisis en la mano, el PP descarta el sorpaso de Martínez a Alfonso Fernández Mañueco: calcula que el cabeza de cartel del PSOE podría empeorar incluso el balance de su predecesor, Luis Tudanca -defenestrado por Sánchez y Santos Cerdán- y confía en mejorar el 31,5% de voto y los 31 procuradores con que cuenta en las Cortes, aun admitiendo que, con nueve provincias en juego y la notable fragmentación, el puñado de escaños que definen el éxito y el fracaso está en un pañuelo.

 Pero los populares también asumen que tendrán que vérselas de nuevo con Vox, porque la alternativa pasaría por una incierta y minoritaria 'geometría variable' con los localismos de Unión del Pueblo Leonés, Soria ¡Ya! y Por Ávila.

EL COSTE DE LOS BLOQUEOS

Los de Feijóo no solo dudan de que el 'No a la guerra' permee en esta cita con las urnas, sino que auguran un posible 'efecto bumerán' contra Sánchez -vía Martínez- ante la falta de medidas concretas del Gobierno para responder a un repunte en los precios que engrosa, a la par, las arcas del Estado. 

Pero embarcado en dos trabajosas negociaciones en Extremadura y Aragón, el examen del PP pasa no solo por sí mismo, sino por hasta dónde pueda Vox subírsele a las barbas. 

Los de Abascal, que salieron robustecidos del contraste electoral extremeño y aragonés, afrontan esta vez la reválida en una comunidad donde parten ya de muy arriba -más del 17% de voto y 13 escaños-, donde más tiempo gobernaron y después de haberles implosionado las revueltas de Javier Ortega Smith y José Ángel Antelo. Una de las incógnitas de esta noche es quién sacará ventaja, o no, del aviso a navegantes de los bloqueos extremeño y aragonés.

PP: Mañueco asume que tendrá que negociar con Vox, pero sin tutelas Nadie duda a estas alturas de que Alfonso Fernández Mañueco revalidará la Junta, pero tampoco de que tendrá que hacerlo con Vox. El candidato del PP sigue así los pasos de María Guardiola y Jorge Azcón y tendrá que sentarse a negociar con la formación de Santiago Abascal con la que ya gobernó hace cuatro años. El reparto de sillones dependerá en cualquier caso de la 'foto finish' de este 15-M. Pero también del compromiso que el presidente castellanoleonés quiere de la derecha radical para mantenerse en el Gobierno una vez que estén dentro y no dar la espantada como la última vez, cuando abandonaron de golpe todos los ejecutivos de coalición. Una negociación que Mañueco ya ha avisado que afrontará sin intervención de Génova.

Los populares aspiran a conseguir al menos un procurador más -actualmente tienen 31-, aunque los cálculos más optimistas hablan de tres. Pero no está facil. La batalla por los restos en distintas provincias puede hacer bailar varios escaños entre un Vox que sigue fuerte y un PSOE que en Castilla y Léon no está tan débil como en Extremadura o Aragón.

PSOE: Los socialistas se aferran al sueño de ser primera fuerza como en 2019 Ninguna de las encuestas publicadas entre el domingo y el lunes pasados, al filo de lo que permite la ley electoral , contemplaba ese escenario pero el PSOE ha seguido manteniendo hasta el último día: que en Castilla y León sí está en condiciones de romper la tendencia marcada por los comicios de Extremadura, en diciembre, y Aragón, en febrero, y situarse por delante del PP como fuerza más votada, aun sin opciones de gobernar, como en 2019.

Tanto en la dirección federal como en la regional asumen que habrá un buen puñado de escaños que se decidirán por pocos votos. Y las encuestas apuntan en esa dirección. Dan al PSOE un máximo de 29 asientos en las Cortes, uno más de los que tuvo en 2022, y los 24, en el peor escenario. Sin embargo, han alentado expectativas para espolear la movilización. La paradoja es que, si el sueño se cumple, será con un candidato ajeno al 'sanchismo' y crítico con la reforma de la financiación del Gobierno. En Ferraz y en Monclo, sin embargo, respirarán con alivio igual. Podemos/Sumar: La división lastra a las izquierdas en medio del debate por la unidad Podemos, por un lado, y la alianza entre Movimiento Sumar e Izquierda Unida, por otro, se enfrentan a los comicios de hoy divididos, de nuevo, en dos candidaturas. Los morados asumen la dificultad de retener el escaño que ostentan desde 2022. Las encuestas también auguran un batacazo para la plataforma de Díaz, en pleno debate por la unidad. Vox: Abascal ambiciona el 20% para forzar a los populares en los pactos Vox no había tocado poder en España hasta que en 2022 Juan García-Gallardo fue elegido vicepresidente en Castilla y León. Cuatro años y una complicada legislatura después, ni García-Gallardo está en política, defenestrado por la dirección, ni Vox sigue en el Gobierno autonómico, pero allí donde ocupó por primera vez un sillón, el partido de Santiago Abascal se juega mantener el pulso en un ciclo electoral que comenzó en Extremadura y que, igual que en Aragón, no le ha dado por ahora más que alegrías.

Partiendo de un techo más alto (el 17,64% de 2022, la comunidad con mayor porcentaje en unas autonómicas junto con Murcia), Vox sueña con romper la barrera del 20%. La dirección ve difícil esta meta, aunque no imposible, y aun así, las encuestas le dan una subida desde los 13 procuradores actuales hasta los 18 en las horquillas más amplias, lo que le permitiría apretar al popular Alfonso Fernández Mañueco. Lo único claro es que este lunes comenzará otra vez el día de la marmota; esto es, unas negociaciones a cara de perro con el PP.

El PP con los provinciales, una opción posible pero poco probable Más allá de un acuerdo PP-Vox, existe otra combinación posible, aunque no probable, en Castilla y León: el PP con los partidos provinciales. Pero para ello, habría que cumplir dos condiciones: que el PP estuviera fuerte y que Unión del Pueblo Leonés (tres procuradores ahora), Soria Ya (tres) y Por Ávila (uno) mejoraran sus resultados actuales. En ese caso, la llave la podrían tener estas tres formaciones.

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