Elecciones

La campaña vasca cierra marcada por el asedio de Bildu al fortín del PNV

El candidato de Otegi asume el patinazo de evidenciar que no condena a ETA

Imanol Pradales saluda a Jordi Turull (Junts) ante la senadora Uxue Barkos, en el mitin del PNV en Bilbao
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Imanol Pradales saluda a Jordi Turull (Junts) ante la senadora Uxue Barkos, en el mitin del PNV en Bilbao
Imanol Pradales saluda a Jordi Turull (Junts) ante la senadora Uxue Barkos, en el mitin del PNV en Bilbao

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Agencia Colpisa

Publicado el 20/04/2024 a las 05:00

La que quizá haya sido la campaña más breve de la historia terminó este viernes en el País Vasco prácticamente como empezó, con la incógnita de si, doce años y medio después de que ETA anunciara el cese definitivo de su actividad armada y seis después de comunicar su disolución, Bildu logra el hito de desbancar al PNV como primera fuerza política, aun sin haber condenado los crímenes de la organización. Los nacionalistas vascos y el PSE, comprometidos a renovar la coalición de Gobierno que mantienen desde 2016, confían en que el acelerón final de la contienda -marcado por la negativa del candidato de la izquierda abertzale a calificar como terrorista a la banda y por el ataque con gas pimienta al aspirante peneuvista, Imanol Pradales- les haya permitido recuperar terreno. Pero Bildu sigue confiando en su victoria.

El sistema político vasco tiene una particularidad respecto al nacional y al de la mayoría de autonomías y es que en la investidura del futuro lehendakari no es posible el voto en contra. Los grupos solo pueden dar el sí o la abstención a los candidatos que se presentan. En la práctica, eso significa en estos momentos que Pradales tiene, pase lo que pase, todas las papeletas para suceder a Iñigo Urkullu porque ni su partido ni Bildu llegarán por sí solos a la mayoría absoluta, porque los socialistas ya le han garantizado el apoyo y porque el partido de Otegi no tiene nadie más con quien sumar salvo Podemos, a quien los sondeos le dan, en el mejor de los casos, dos escaños.

Lo que puede parecer un elemento tranquilizador para el que durante 40 años, casi sin interrupción, ha sido el partido gobernante en el País Vasco ha acabado siendo, sin embargo, a juicio de algunos de sus miembros, un arma de doble filo que ha aletargado a una parte de su antiguo electorado en un momento en el que las siglas acusan un perceptible desgaste. Pero en la formación bicéfala, presidida por Andoni Ortuzar, creen que en los últimos cinco días, después de una precampaña e inicio de campaña hipotensas, el tablero ha sufrido una sacudida.

Tanto en el PNV como en el PSE entendían que Bildu había llegado a la pegada de carteles con todos sus votantes movilizados y que ellos debían despertar aún a los suyos. Algo que no ha sido fácil. La Semana Santa primero, los previos del Athletic-Mallorca y la posterior victoria del club bilbaíno, ganador de la Copa del Rey en Sevilla, sumados al luto posterior por la muerte del exlehendakari José Antonio Ardanza, puso la tarea cuesta arriba. Apuntan, sin embargo, a que las cosas cambiaron el pasado lunes. “Fue cuando pasamos de la gabarra a la campaña” ,dicen en el partido nacionalista.

Sobre cuál fue el detonante de mayor envergadura hay discrepancias. Algunos creen que ver negro sobre blanco el lunes, último día permitido por la ley, que había unanimidad en los sondeos sobre el triunfo de Bildu activó anticuerpos. Otros conceden mayor importancia a la entrevista en la que Pello Otxandiano demostró en la Ser que, pese a pertenecer a una nueva generación, centrar su discurso en lo social y poseer una estética distinta, su posición respecto al terrorismo etarra es exactamente la de sus mayores. Y en el PNV meten en la ecuación otro factor: la intervención de Pradales en el debate de EiTB poco después del ataque que le dejó ciego durante varios minutos. “Ante una reacción de estrés reaccionó con madera de lehendakari’, valoran.

Que el propio Otxandiano cree que cometió un error con una respuesta que permitió meter en campaña un tema que incluso el PP había relegado y al que solo el PSE estaba recurriendo para convencer a sus votantes de que, pese a los vínculos de Sánchez con la izquierda abertzale, él no pactará con Bildu por convicción ética, es evidente. El candidato abertzale se lamentó el jueves en Telebilbao de haberse expresado en esos términos. No por el fondo, que reflejó lo que piensa. “Me arrepiento de no haber respondido diciendo que tenemos que sacar este tema fuera del contexto electoral”, adujo.

EFECTO INCIERTO

Cuánto ha podido alterar el devenir de la campaña, hasta entonces centrada en la sanidad o la vivienda, ese episodio - amplificado en el ámbito nacional por la súbita indignación escenificada por el Gobierno de Pedro Sánchez - no está claro. Algunos socialistas creen que bastante, pese a reconocer que Otxandiano solo hizo evidente lo que ya se sabía. “Hay trasvases a Bildu de Podemos y Sumar que se han podido ver frenados”, apunta un dirigente de la formación. El PNV cree que puede servir para atrapar voto útil , tanto de la abstención, como del PSE o del PP. En Bildu aseguran, sin embargo, que no ven impacto alguno y auguran una victoria por uno o dos escaños.

El partido de Otegi tiene asumido que ese eventual resultado no le servirá para gobernar ahora, pero la suya es una estrategia a largo plazo en la que, de momento, se contenta con ensanchar sus bases. El portazo preventivo de los socialistas, que aspiran a retener sus 10 diputados o crecer hasta los 11, no hace prever ningún tipo de represalia contra Sánchez, que depende de su apoyo para gobernar. Otegi ha dejado claro en muchas ocasiones que ve la debilidad del jefe del Ejecutivo como una oportunidad de producir avances en “el debate sobre las naciones sin Estado, como la vasca”, un asunto en el que Bildu va del brazo de ERC.

Para el PNV y el PSE poder reeditar la coalición de Gobierno no bastaría. Su objetivo, en el aire según los sondeos, es sumar entre ambos la mayoría absoluta situada en 38 escaños, que no es necesaria para la investidura pero sí les facilitaría la gobernabilidad.

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