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Desafío independentista

Torra se olvida del ultimátum ante la falta de apoyos internos y el desmarque de Esquerra

Los republicanos se alejan de la estrategia del presidente y ahondan la grieta en el frente soberanista

El presidente de la Generalitat Quim Torra, rodeado de manifestantes.
El presidente de la Generalitat Quim Torra, rodeado de manifestantes.
Efe
  • Colpisa. Barcelona
Actualizada 04/10/2018 a las 06:00

El últimátum que lanzó Quim Torra el martes a Pedro Sánchez no solo fue neutralizado casi al momento por el Gobierno central, sino que ya ni siquiera lo mantuvo en pie en la segunda jornada del debate de política general en el Parlamento catalán.

Superada la presión de los CDR y de los independentistas más impacientes, que el lunes pedían desobediencia o dimisión, Torra obvió en todas sus intervenciones la amenaza que hizo el día anterior al Gobierno central de retirar el apoyo parlamentario de las fuerzas independentistas y dejarle caer si en un mes no se avenía a negociar un referéndum secesionista.

El ultimátum de Torra fue más bien un aviso para navegantes, sin mucho recorrido, pero que provocó un nuevo incendio en el movimiento independentista. JxCat afirmó que el presidente y el vicepresidente lo habían pactado, pero Esquerra lo negó. Los grupos secesionistas en el Congreso de los Diputados también trasladaron su malestar a Torra. "Los ultimátums los carga el diablo", afirmó Gabriel Rufián, que advirtió al presidente de la Generalitat que solo los parlamentarios de ERC pueden hablar en nombre de la formación. Desde el PDeCAT deslizaron que no estaban al tanto de la amenaza que lanzaría Torra y acusaron al líder nacionalista de "ir por libre". Míriam Nogueras, número dos del PDeCAT en Madrid y próxima a Puigdemont, acabó de completar el cuadro de la división afirmando que los nacionalistas en el Congreso harán lo que les pida el Govern.

Por la vía de los gestos, Torra también aparcó su amenaza. Por un lado, envió una carta a Pedro Sánchez invitándole a dialogar. Y por otro lado, Junts per Catalunya (JxCat) y ERC registraron una propuesta de resolución al final del debate de política general, que se votará hoy, que defiende la negociación de un referéndum acordado con Madrid, pero sin fijar plazos, chocando con el límite que estableció Torra.

Esta propuesta de resolución fue la prueba del nueve de que el ultimátum del martes no fue más que un recurso del 'president' para tratar de calmar a los que desde la calle le abuchean por no obedecer el mandato del pueblo y hacer efectiva la república proclamada el año pasado.

El presidente de la Generalitat pudo además comprobar hoy en la Cámara que una cosa es tener 70 diputados que están a favor de la secesión y otra tener el apoyo cerrado de esos 70 escaños como si fuera un bloque compacto. Esquerra aprovechó su intervención en el debate para marcar distancias con JxCat y para tratar de imponer su relato en la pugna entre secesionistas. El portavoz republicano, Sergi Sabrià, dijo que su grupo "no promete humo", un dardo envenenado que iba dirigido al presidente de la Generalitat, que día sí y día también insiste en su compromiso de "hacer efectiva la república catalana". Hoy reiteró esta idea y añadió que el día que vea que no puede hacer realidad este objetivo, dimitirá.

ATAJOS Y ENGAÑOS

Esquerra, en cambio, propone una vía más pausada. Ya hace tiempo que aboga por "pinchar" la burbuja del proceso y empezar a decir la verdad a la gente. Sin renuncias, pero poco a poco. "Hacer ver que tenemos una república nos aleja de ella. Probablemente nos llevará más tiempo del que esperábamos y del que quisiéramos", afirmó Sabrià. "Quien prometa atajos es un ingenuo o nos está engañando", remató, en lo que fue una enmienda a la totalidad al discurso habitual de Torra, cargado de retórica independentista y alejada de la realidad. "Siempre digo la verdad", dijo.

El jefe del Ejecutivo catalán evitó reiterar el ultimátum como respuesta al enésimo portazo del Gobierno a un referéndum pactado e insistió en emplazar a Pedro Sánchez a negociar una consulta sobre la independencia. "En este país hay un conflicto y los conflictos se resuelven votando", dijo. Y ofreció a Sánchez una especie de intercambio de cromos, según el cual el secesionismo renunciaría al supuesto mandato del 1-O y del 27-O a cambio de un referéndum de verdad.

Pero para lío el que tienen JxCat y ERC. Cuando ya se daba por hecho el acuerdo para acatar la suspensión de los seis diputados decretada por el juez Llarena, los neoconvergentes anunciaron hoy que se desmarcan del pacto y que sus cuatro diputados (Puigdemont, Turull, Rull y Sànchez) no harán como Esquerra que designó a Sergi Sabrià como sustituto de Junqueras y Romeva. Si nada cambia hasta la reunión de mañana de la Mesa, los votos de los diputados suspendidos deJxCat no contabilizarán, según advirtieron los letrados de la Cámara, por lo que los secesionistas perderían la mayoría absoluta.


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