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Generalitat de Cataluña

Rajoy y Torra se ofrecen un diálogo imposible

La Moncloa afirma que quiere abrir "una nueva etapa política" con la Generalitat de Cataluña a pesar de los desaires

Rajoy y Torra se ofrecen un diálogo imposible
El ministro de Educación y portavoz del Gobierno, Íñigo Méndez de Vigo, durante una rueda de prensa.
EFE
  • Colpisa. Madrid
Actualizada 19/05/2018 a las 06:00

Mariano Rajoy y Quim Torra saben que sus mutuas exhortaciones al diálogo están vacías de contenido. Pero a pesar de ello insisten en hablar. El presidente del Gobierno pide que sea "sin imposiciones" y el de la Generalitat, "sin condiciones". Dos requisitos que riman y nada más porque los dos protagonistas sitúan ese hipotético diálogo en planos paralelos de imposible convergencia.

"No hay fecha" para ese encuentro, confirmó hoy el portavoz gubernamental. Por no haber no hay ni contactos entre los gabinetes para cerrar una cita porque esperan a que el nuevo presidente de la Generalitat cumpla la formalidad de designar los consejeros que ya tienen pactados Carles Puigdemont, PDeCAT y Esquerra. Nombramientos que pueden demorarse unos días con la escaramuza surgida ahora a cuenta de los exconsejeros presos que el presidente "auxiliar", según su propia definición, quiere restituir en sus cargos.

Torra señaló en la conferencia de prensa que protagonizó en Berlín junto a Puigdemont el 15 de mayo, el primer acto tras ser investido, que su "objetivo en este nuevo Gobierno catalán es ofrecer diálogo al Gobierno español. Presidente Rajoy fije una hora y un lugar". Y añadió: "La primera cosa que haré será escribir una carta al presidente Rajoy pidiéndolo". El interpelado recogió el guante y el mismo día contestó: "Por supuesto que voy a recibir al presidente de la Generalitat si él me lo pide. Estoy disponible para hablar, creo que es positivo que haya una reunión".

Un cruce de disponibilidades que encierra nula voluntad. Tal y como está el clima en el independentismo catalán, un desplazamiento de Torra a la Moncloa sería visto casi como una traición. Sería además un viaje en balde porque el presidente de la Generalitat ya ha dicho que solo quiere hablar de recuperar el control de las finanzas, que el Gobierno no va a ceder, y de la república catalana, asunto que en Rajoy ni se plantea. El jefe del Ejecutivo, a su vez, ha precisado que está dispuesto a abordar temas con el único requisito que estén dentro de la ley, un marco que para el presidente de la Generalitat está superado.

RENOVADO RESPALDO

Pese a todo, el ministro Iñigo Méndez de Vigo insistió que el Gobierno quiere "abrir una nueva etapa política" en Cataluña que se sustente en un diálogo "productivo" dentro de la ley. Como si la Generalitat hubiera adoptado ahora un rumbo autonomista y el reloj hubiera retrocedido hasta septiembre de 2012, cuando Artur Mas destapó el tarro de las esencias independentistas una vez rechazada su propuesta de pacto fiscal para Cataluña, una suerte de concierto económico similar al del País Vasco y Navarra.

El portavoz delimitó el terreno de esas hipotéticas conversaciones porque, por un lado, no sería de recibo intentar "imponer una agenda política ilegal" y, por otro, se trataría de hablar de "políticas de progreso y bienestar" para los catalanes. Torra no está en esa frecuencia, lo suyo es dar un nuevo impulso al proceso secesionista a partir de la declaración de independencia del 27 de octubre pasado.

Rajoy mantiene las formas de presidente del Gobierno dispuesto al concilio y la concordia porque no quiere ser quien dé el portazo, tarea que deja a su hipotético interlocutor. El jefe del Ejecutivo, además, se siente fuerte con el renovado respaldo de PSOE y Ciudadanos ante el desafío que se presume que pergeñan Puigdemont y Torra, convencidos de que cuanto mayor sea la tensión con Ejecutivo de Rajoy mejores serán las expectativas del independentismo. El apoyo de Pedro Sánchez es incondicional, mientras que el Albert Rivera tiene algunas cláusulas que en el momento de la verdad no serán impedimento para el cierre de filas en la aplicación de medidas como la reedición del artículo 155 de la Constitución.

El clima constitucionalista en lo que a Cataluña se refiere es tan plácido que el Gobierno está dispuesto a apoyar las propuestas socialistas para revisar la tipificación de la rebelión en el Código Penal y regular las fórmulas de acatamiento a la Constitución en las tomas de posesión de los altos cargos, incluidos presidentes autonómicos. También va a considerar la pretensión de Ciudadanos de que los prófugos o los investigados y procesados en una causa judicial no puedan ser candidatos electorales.


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