Alianza
El apoyo de EE UU envalentona a Marruecos
Rabat no duda en usar Ceuta y Melilla para presionar a nuestro país


Publicado el 28/09/2026 a las 09:38
Para viajar desde Tiznit, en el sur de Marruecos, hasta Dajla, la antigua Villa Cisneros, en el corazón del Sáhara Occidental, hay que recorrer una carretera de más de 1.000 kilómetros que atraviesa el desierto junto al océano Atlántico y que ha sido este verano rebautizada por el rey Mohamed VI con un nombre que ha levantado más de una ceja: autopista Donald J. Trump.
Es quizás solo un detalle zalamero, uno de esos que complacen a un presidente al que nada parece gustarle más que ver su nombre en auditorios, buques militares o infraestructuras. Pero un gesto que revela hasta qué punto las relaciones entre Marruecos y Estados Unidos se encuentran en un momento dulce y, como señalan los expertos, con consecuencias importantes para España.
Marruecos se encuentra "envalentonado, hay una especie de cabeza levantada más agresiva" desde que tiene el reconocimiento del "primo de zumosol detrás", especialmente en la cuestión que ocupa el centro de su política exterior y diplomacia, buscar el reconocimiento internacional de su soberanía sobre el Sáhara Occidental, señala Bernabé López, catedrático honorario de Estudios Árabes e Islámicos en la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) y uno de los mayores expertos en relaciones hispano-marroquíes de nuestro país.
La entrada de más de 80.000 personas a Ceuta a finales de julio, ante la pasividad de las fuerzas de seguridad marroquíes y la impotencia de las españolas, es una prueba de ello, según los analistas.
LOS ACUERDOS DE ABRAHAM
Las relaciones entre Washington y Rabat no son nuevas; de hecho, Marruecos fue el primer país del mundo en reconocer en 1777 la independencia de Estados Unidos. Tras el 11-S, su posición estratégica como puerta de entrada al Sahel hizo del país magrebí un valioso socio para Estados Unidos en la lucha contra el terrorismo.
Pero una fecha más reciente ha llevado este vínculo a un nuevo nivel: 2020, cuando Marruecos firmó los Acuerdos de Abraham (por los que normalizaba sus relaciones con Israel, el gran proyecto diplomático con el que Trump esperaba recibir el premio Nobel de la Paz) y Washington reconoció la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental.
Desde entonces, Rabat "está más crecido con respecto a España" y se siente "reivindicado en muchas de sus posturas porque siente que pueden pedir mucho a esta Administración (la de Trump), que estará dispuesta a concedérselo", explica Intissar Fakir, investigadora del Middle East Institute, con sede en Washington. A cambio, entre otras cosas, porque Estados Unidos, bajo el liderazgo de Trump, ha hecho de su diplomacia un escaparate de la realpolitik.
En este contexto, Marruecos, "sobre todo su diplomacia, su monarca y el círculo que lo rodea, se sienten en una situación de fuerza" por las ventajas que le ha dado el apoyo de EE UU e Israel (con quien ha firmado acuerdos militares por los que compra drones y tecnología para el control del Sáhara), y no dudan en utilizar la inmigración y Ceuta y Melilla como "moneda de cambio" para presionar a España en el asunto del Sáhara, argumenta Ignacio Gutiérrez de Terán, miembro del Consejo Académico del Centro de Estudios Árabes Contemporáneos (CEARC).
Este tipo de estrategia no es nueva ni se remonta únicamente al año 2020, aunque sí parece que, desde entonces, Marruecos la utiliza cada vez con mayor confianza.
EL ANTECEDENTE DE 2021
En 2021, un mes después de que se supiera que Brahim Ghali, el líder del Frente Polisario y presidente de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD), había sido ingresado en un hospital de Logroño, Marruecos relajó su vigilancia de la frontera ceutí, donde entraron más de 8.000 migrantes en un solo día.
"Entonces se dijo a los chavales en los pueblos que iba a estar Messi o Ronaldo en Ceuta, mientras que esta vez lo que hemos visto son llamamientos en las redes sociales, bulos porque saben que están desesperados e intentan buscar la grieta para salir", señala Sonia Moreno, periodista y autora del libro Marruecos, el vecino incómodo.
Rabat, además, "está abriendo la compuerta de vez en cuando para que salgan los jóvenes porque tiene dentro un polvorín, un descontento tremendo y una juventud con un 37% de paro en una población que tiene 30 años de media", explica Moreno.
En esta ocasión, la aprobación de la ley que otorga la nacionalidad española a los saharauis que nacieron cuando el Sáhara Occidental estaba bajo administración española y sus descendientes directos, parece haber sido el detonante del enfado de Rabat, que considera que el texto es "una injerencia en sus asuntos internos", según la periodista.
Para Bernabé López, esta vez "se les ha ido totalmente la mano", aunque la gran paradoja aquí es que "España pone el control de una frontera en manos de un país que no reconoce esa frontera", opina el experto.
Pero, pese al apoyo de EE UU e Israel, Marruecos no deja de ser una potencia relativamente pequeña, y las consecuencias de no medir sus acciones con respecto a un socio y vecino como España pueden ser importantes.
Lo de Ceuta "va a suponer un enorme revés para Marruecos", opina Intissar Fakir, porque si la entrada la orquestó Marruecos, "esta sería una forma atroz de presionar a un socio de confianza con el que haces negocio por valor de miles de millones cada año", y, si no pudo controlar la frontera, "¿para qué está pagando la Unión Europea?".