Muerte del papa Francisco

Quién es Geneviève Jeanningros, la monja que se saltó el protocolo

Sor Geneviève Jeanningros, amiga muy cercana de Francisco, pudo situarse a unos metros del féretro para rezar entre lágrimas

Sor Geneviève Jeanningros, junto al féretro con los restos mortales del papa Francisco
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Sor Geneviève Jeanningros, junto al féretro con los restos mortales del papa Francisco
Sor Geneviève Jeanningros, junto al féretro con los restos mortales del papa Francisco

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Agencia Colpisa

Actualizado el 24/04/2025 a las 14:22

La despedida del papa Francisco sigue unas estrictas medidas de seguridad y protocolo aunque, a veces, hay excepciones. La monja Geneviève Jeanningros protagonizó este miércoles una de las imágenes de la jornada al saltarse las normas para despedirse del Pontífice. No es una religiosa cualquiera, sino una amiga íntima. Bergoglio la llamaba la 'enfant terrible' ya que, como él, tenía una visión particular y amplia de quienes forman la comunidad religiosa.

Jeanningros, de 81 años, asiste desde hace casi seis décadas a miembros de los colectivos transexual y homosexual. Según ella misma ha indicado, lo hace para "devolverles la dignidad" y para, en algunos casos, "rescatarles" de la prostitución. "Ninguna persona debe sufrir la injusticia de ser desechada, a nadie se le puede arrebatar la dignidad de ser hijo de Dios", defiende la religiosa, perteneciente a la orden de las Hermanitas de Jesús. Desde 2022 acudía cada miércoles a las audiencias del Papa con miembros de ambos grupos para que pudieran conocerlo y hablar con él.

Así que es de comprender que el fallecimiento de Francisco la haya conmocionado y haya querido despedirse de él en la basílica de San Pedro. Lo que ha convertido en noticia su adiós ha sido el cómo y el cuándo. Jeannigros no formaba parte del estricto protocolo que permitía a cardenales y obispos acercarse al ataúd, pero se acercó sin complejos.

Con una mochila verde a la espalda, la mujer se detuvo a un lado del féretro, se inclinó para orar y allí permaneció durante varios minutos en silencio y llorando. Nadie, por supuesto, se atrevió a afear su comportamiento ni a invitarla a que saliera de la zona de exclusión.

Su gesto también resalta aún más la figura del sacerdote argentino como cabeza de la Iglesia y su perfil más cercano y abierto que otros pontífices anteriores. 

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