Oriente Próximo

Israel declara el estado de guerra tras un ataque sin precedentes de Hamás desde Gaza

Los enfrentamientos y los bombardeos de respuesta dejan más de 400 muertos, miles de heridos y decenas de rehenes en manos de los islamistas

Un hombre corre en Ashkelon ante coches en llamas tras el lanzamiento de cohetes palestinos
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Un hombre corre en Ashkelon ante coches en llamas tras el lanzamiento de cohetes palestinos
Un hombre corre en Ashkelon ante coches en llamas tras el lanzamiento de cohetes palestinos

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Agencia Colpisa

Actualizado el 07/10/2023 a las 23:11

La guerra ha vuelto a Gaza y esta vez lo ha hecho con Hamás marcando el ritmo de los acontecimientos con una operación por tierra, mar y aire sin precedentes. En las primeras veinticuatro horas de choques más de cuatrocientas personas perdieron la vida, por encima de mil resultaron heridas, después de que Hamás superara todas las barreras para penetrar en territorio enemigo y capturar al menos 57 prisioneros, según sus medios afines, y se lanzaron más de dos mil cohetes desde la Franja, algunos de los cuales alcanzaron Jerusalén y Tel Aviv. Los combates dentro de las localidades vecinas a Gaza se alargaron durante horas en un escenario nunca antes vivido en el conflicto. 

El comandante en jefe islamista, Abú Khaled al-Deif, fue el encargado de anunciar el inicio de la operación 'Diluvio de Al-Aqsa' y adelantó que se trata de un movimiento nacido en Gaza que "se extenderá a Cisjordania y al extranjero, a todo lugar donde nuestra gente y nuestra nación esté presente". Al-Deif se refirió en todo momento a la necesidad de proteger la mezquita de Al Aqsa, en Jerusalén, el gran símbolo que sigue uniendo a todos los palestinos por encima de sus diferencias políticas y que en los últimos tiempos ha sido escenario de batallas campales con las fuerzas de seguridad israelíes. Ismael Haniye, dirigente político del movimiento, confirmó la intención de "extender la operación a Cisjordania" e insistió en que "nuestro objetivo es claro: liberar nuestra tierra". 

Pasadas cinco horas Israel respondió con el anuncio de la puesta en marcha de la operación 'Espadas de Hierro' y la aviación comenzó a bombardear la Franja con dureza. El primer ministro, Benjamín Netanyahu, compareció ante la nación para declarar el "estado de guerra". El general Ghassan Alian, enlace militar con los palestinos en los territorios ocupados, dijo que Hamás había abierto "las puertas del infierno, ha tomado su decisión y ahora pagará el precio".

En las primeras horas de los bombardeos los servicios médicos de la Franja elevaron a 198 los muertos y dos grandes torres fueron reducidas a escombros. Vecinos consultados en el interior de Gaza confirmaron que eran los "bombardeos más duros" que habían sufrido nunca. 

Expertos en la región como Avi Issacharoff describieron lo sucedido como "el auténtico 11-S de Israel y si esto no lleva a una operación terrestre a gran escala, es el final del actual Gobierno", recogió el portal Walla! En anteriores operaciones, la entrada por tierra a la Franja siempre se ha medido mucho por el alto coste que puede suponer en forma de bajas entre las tropas. 

FALLO DE SEGURIDAD

Por primera vez desde que los islamistas se hicieron con el control de la Franja en 2007 y comenzó el bloqueo, las unidades de élite de las Brigadas Al-Qassam, brazo armado de Hamás, lograron cruzar todas las sofisticadas barreras y sistemas de vigilancia y llegaron hasta una decena de localidades israelíes vecinas y una base militar, sembrando el caos y la muerte entre los vecinos. El movimiento táctico de Hamás sorprendió a las fuerzas israelíes, acostumbradas a llevar la iniciativa en las ofensivas lanzadas sobre Gaza, y las redes se llenaron de vídeos con ataques de drones palestinos contra tanques y vehículos militares, excavadoras destrozando la verja de seguridad, milicianos cruzando la frontera en parapente, furgonetas y motos y regresando a la Franja con soldados y civiles capturados. 

Un escenario apocalíptico para un país que lleva más de una década levantado un sistema de seguridad con una inversión multimillonaria, que en el momento de la verdad hizo aguas. Cámaras, sensores de última generación, torretas armadas, drones de vigilancia. Nada pudo prevenir el mayor desastre de la seguridad israelí de los últimos años. 

Este "fallo colosal" de seguridad, en palabras del analista David Horovitz en 'The Times of Israel', dejó en estado de shock a un país que se preguntaba "¿dónde están el Ejército, los servicios de inteligencia y la Policía?". Muchas preguntas que Netanyahu y su Gobierno no pudieron responder en las primeras horas. Consultado al respecto de cómo había sido posible semejante infiltración enemiga, el portavoz del Ejército, coronel Richard Hecht, se limitó a responder que "es una buena pregunta" y no hizo más comentarios.

En las operaciones militares de 2008, 2012, 2014, 2019 y 2021 siempre se había producido una escalada previa o algún acontecimiento puntual que había llevado a la explosión. En esta ocasión, Israel pensaba que había logrado disuadir a Hamás, pero ocurrió todo lo contrario. En los ataques israelíes de los últimos años contra Yihad Islámica, incluidos los asesinatos selectivos de sus cabecillas, Hamás había permanecido al margen, sin lanzar un solo cohete, pero no era por disuasión, era porque esperaban su momento. Y ese momento llegó a las seis y media de la mañana del sábado 7 de octubre, una fecha que pasará a la historia del conflicto.

NEGOCIACIONES

Cada una de las ofensivas ha terminado siempre con una negociación en la que ambas partes llegaban a un acuerdo que era un simple paréntesis hasta el siguiente combate. En las últimas negociaciones, Hamás contaba con los cadáveres de dos soldados y dos civiles para usarlos como moneda de cambio. Además retiene a decenas de civiles y soldados con vida. En ocasiones anteriores, los islamistas siempre exigían el final del bloqueo, pero apenas conseguían leves concesiones en el férreo control israelí sobre una Franja asfixiada por tierra, mar y aire. 

Para Israel la aplicación del principio de recuperar a los cautivos es primordial. La captura, el secuestro o la conservación de los restos de miembros de las fuerzas de seguridad hebreas un arma poderosa en manos de grupos como Hezbolá o Hamás, que han logrado a cambio la liberación de miles de presos. El caso de Gilad Shalit fue el último de ellos y supuso la excarcelación de 1.027 presos palestinos. Ahora los islamistas cuentan con decenas de cautivos y esto se convierte en un arma de presión incalculable sobre Netanyahu. 

El primer ministro israelí hizo un llamamiento a la unidad nacional y la respuesta de la oposición fue inmediata. Yair Lapid ofreció dejar a un lado las diferencias políticas para formar un Gobierno de unidad nacional y afrontar juntos el estado de emergencia. Lapid advirtió de que "el Estado de Israel está en guerra. No será fácil y no será corto. Tiene consecuencias estratégicas que no hemos visto en muchos años. Existe un grave riesgo de que se convierta en una guerra en múltiples frentes".

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