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Conflicto

La peligrosa disyuntiva de Ucrania: entrar en la OTAN u obedecer al Kremlin

El origen de tan particular potestad lo tenemos que buscar en una concepción imperial a la que Rusia no ha sido capaz de renunciar

Ampliar Simpatizantes del expresidente ucraniano Poroshenko le muestran su apoyo
Simpatizantes del expresidente ucraniano Poroshenko le muestran su apoyoEFE
  • Alberto Priego
  • Universidad Pontificia Comillas
Publicado el 21/01/2022 a las 09:15
Imre Nagy (1956), Alexander Dubcek (1968), Edward Gierek (1981), Mijail Saakashvili (2003), Victor Yushenko (2004) y ahora Volodimir Zelinski son ejemplos de líderes ucranianos que en algún momento de su mandato desafiaron al Kremlin. Con la única excepción de actual presidente de Ucrania, todos ellos sufrieron la represión rusa en forma de invasión, detención o incluso asesinato.
Esta política de tutela que Moscú ha llevado a cabo contra Hungría, Checoslovaquia, Georgia o Ucrania tiene un nombre: doctrina de la Soberanía Limitada, doctrina Breznev o doctrina Primakov. Se trata de una especie de derecho de veto que se atribuye Moscú para con los Estados que el Kremlin considera que están en su esfera de influencia. Así, según esta interpretación, las decisiones adoptadas por los líderes de estos Estados deben estar dentro de un rango tolerable para Moscú y que no dañe sus intereses.
El origen de tan particular potestad lo tenemos que buscar en una concepción imperial a la que Rusia no ha sido capaz de renunciar. Para Moscú, los estados que formaron parte de la URSS o del Pacto de Varsovia pertenecen a su extranjero próximo y por ello no son dueños al 100 % de su futuro.
Si bien durante el periodo soviético la línea roja que no se podía cruzar era introducir reformas democráticas, ahora es acercarse a Occidente, sobre todo a la OTAN y, en menor medida, a la UE. Sirvan de ejemplo tanto la invasión de tropas rusas en verano de 2008 de Georgia como las revueltas del Maidan en Kiev en 2014.
El origen de las disputas
Si nos centramos en el caso de Ucrania nos damos cuenta de que la estrategia de Rusia viene de lejos, de antes incluso de que Putin estuviera en el Kremlin. Después de la caída de la URSS, Kiev y Moscú acordaron que Ucrania transfiriera sus armas nucleares a Rusia a cambio del respeto a su integridad territorial, a su independencia y a un reparto conjunto de la Flota del Mar Negro. Estos pactos quedaron plasmados mediante la firma de tres acuerdos internacionales: el memorando de entendimiento firmado en 1994 en el seno de la OSCE; el Acuerdo Bilateral Ruso-Ucraniano de 1998, y un segundo Acuerdo Bilateral Ruso-Ucraniano que extendía el estatus de la flota hasta 2042 y que impedía movimiento de tropas rusas sin previo aviso.
A pesar de este entramado institucional, en el año 2014 fuerzas rusas ocuparon ilegalmente la península de Crimea y la integraron en el territorio de la Federación Rusa. Además de esta anexión, Moscú promovió la independencia de facto del este de Ucrania provocando una inestabilidad que aleja al país eslavo de su integración Euro-Atlántica (OTAN-UE). Si la integración de Ucrania y Georgia en la OTAN se hubiera consumado, el Mar Negro sería hoy una zona casi al 100 % controlada por la Alianza, dejando muy limitado el control ruso del mismo y, sobre todo, limitando su salida al Mediterráneo.
Desde finales de 2021, Rusia ha venido acumulando tropas (80 000 efectivos), cazas (Su-35) y baterías antiaéreas (s-400) sin un aparente fin. Recientemente, el Kremlin anunció la celebración de unos ejercicios militares denominados Determinación Aliada-2022 (10 a 20 de febrero) que tienen por escenario la extensa frontera entre Bielorrusia y Ucrania.
El temor de Ucrania y del resto de la comunidad internacional es que estas fuerzas (rusas y bielorrusas) puedan llevar a cabo una operación de falsa bandera contra el territorio ucraniano, es decir, un ataque militar, evitando ser reconocido como fuerzas rusas, que acabe con la independencia de Ucrania. El temor no es infundado, ya que esta táctica fue la usada en 2014 para ocupar militarmente Crimea. Además, la semana pasada Ucrania sufrió un ataque cibernético, algo que ya ocurrió en Estonia en 2006 y que parece tener el sello de Moscú.
Por ello, Occidente parece estar dando pasos para evitar que Rusia se pueda anexionar toda Ucrania. Si bien Biden se ha mostrado más contundente que Trump y Obama en la defensa de la integridad territorial de Ucrania, el actual mandatario americano no ha llegado a los niveles de compromiso de Boris Johnson, quien no ha dudado en enviar a Ucrania armas y asesores militares para disuadir a Rusia de una invasión.
Putin y su falta de límites
Resulta difícil predecir que ocurrirá en las próximas semanas en la frontera entre Bielorrusia y Ucrania ya que si algo nos ha demostrado Putin en estos más de 20 años que lleva en el poder es su capacidad para superar todo límite.
En todo caso, si Rusia es finalmente invadida, los países que hoy componen la OTAN serán corresponsables ya que, en el año 2008, con todos los deberes hechos, la Alianza Atlántica cerró la puerta a la integración a Ucrania y a Georgia. Los principales detractores de estas dos candidaturas fueron Alemania y Francia. Resulta curioso que hoy un primer ministro francés y un canciller alemán formen parte de dos importantes empresas de hidrocarburos rusas controladas por el Kremlin.
Alberto Priego, Profesor Agregado de la Facultad de Ciencias Humanas y Sociales, Departamento de Relaciones Internacionales, Universidad Pontificia Comillas
Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.
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