Grant arrasa en vísperas del Pánico (1872)
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Grant arrasa en vísperas del Pánico (1872)

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Grant arrasa en vísperas del Pánico (1872)

El presidente logró un triunfo apabullante gracias a la sensación de prosperidad que imperaba en el país, que muy pronto se tornaría en miedo y recesión

Javier Iborra

Actualizado el 26/09/2020 a las 06:00

Ficha:

Elección presidencial: Vigésimo segunda

Fecha: 5 de noviembre de 1872

Votantes: 6.467.648

Estados: 37

Colegio electoral: 352 votos (177 necesarios)

Ulysses S. Grant: votos populares, 3.598.235; votos electorales, 286

Horace Greeley: votos populares, 2.834.761; votos electorales, - (falleció durante el proceso electoral)                                                                                       

El primer mandato de Ulysses S. Grant estuvo presidido por el optimismo y la sensación generalizada de que el país vivía un momento boyante, de que Estados Unidos era verdaderamente la tierra de las oportunidades y de que tras los duros años de la guerra civil se había retomado el camino hacia la prosperidad con más firmeza que nunca. Bastante de aquello se sustentaba en la realidad, pero no todo. De entre la miríada de nuevos negocios algunos tenían los pies de barro, y la abundancia de dinero se convirtió en un vivero de corrupción. Y esta, que extendió sus ramas hasta sujetar con firmeza los resortes políticos de la nación, no tardaría demasiado en mostrar sus perversas consecuencias.

La Reconstrucción y sus fricciones inherentes también quedaron aparcadas, sin solucionarlas realmente. De hecho, la guerra civil y el problema racial se cerraron en falso, como si de repente el asunto hubiera dejado de importar. Grant apoyó al inicio la línea dura instaurada en la legislatura anterior por el Congreso. Reforzó la protección de los negros en el sur y aplastó al Ku Klux Klan. Sin embargo, con el paso de los años aquella política perdió fuerza sin obtener resultados, y los gobiernos de los antiguos estados de la Confederación fueron volviendo a manos de los Demócratas, los conocidos “redentores”, al tiempo que los “carpetbaggers” (ver Glosario) eran expulsados de los puestos de poder. Al mismo tiempo, la Decimocuarta y Decimoquinta Enmiendas (ver Glosario), que habían dado pasos de gigante en la senda de la igualdad, fueron contrarrestadas en el sur con leyes y decretos que restrigían los derechos de la población negra. Y así, lejos de resolverse, el problema racial quedó fosilizado.

En cuanto a la economía, los ferrocarriles eran uno de los grandes negocios del momento. Una línea, la del Tren Transcontinental, unió por primera vez la tupida red del este con la costa del Pacífico, y el acontecimiento se celebró con una ceremonia en un pueblecito de Utah, en lo más profundo del interior del contiente, allí donde se juntaron el ramal que venía del Atlántico con el que llegaba hasta el Pacífico. No en vano, se le consideraba una hazaña de los avances tecnológicos y supuso el principio del fin para las lentas y pesadas diligencias... y también para los indios de la Grandes Llanuras.

Pero estos negocios y otros muchos se apoyaban en una galopante especulación. Nadie parecía acordarse de la crisis de 1819, cuyas raíces habían sido el riesgo y las expectativas desmesuradas, y ni siquiera se tomó nota de tropiezos como el Viernes Negro de 1869, en el que una sofisticada maniobra para controlar el precio del oro obligó a la Administración a reaccionar y a poner en venta sus reservas. Que el propio Grant estuviera de alguna manera implicado en el tema se consideró una mancha en su expediente, pero no empañó el entusiasmo generalizado que imperaba en la época.

Cuando se acercaba el fin de la legislatura, la popularidad de Grant estaba en la cúspide. Algunas de las voces más críticas estaban en su propio partido, el Republicano, pero lo abandonaron en el año 1872 para agruparse en una nueva formación: el Partido Republicano Liberal. Sus demandas se acercaban a las del Partido Demócrata: exigían el fin del proceso de Reconstrucción, la retirada de tropas de la Unión de los estados del sur y una reforma del funcionariado para acabar con el fenómeno de los "carpetbaggers". Decidieron presentarse a las elecciones y eligieron como candidato a un conocido director del periódico New York Tribute, Horace Greely.

El Partido Republicano, ya despejado de críticos, llevó a cabo su Convención Nacional sin sobresaltos y Grant fue designado candidato por unanimidad. El Partido Demócrata, mientras, calculó que no tenía opciones de victoria y apoyó a Greeley, dejando que la lucha por la presidencia fuera cosa de dos.

El Partido Republicano contó con ingentes recursos económicos para llevar a cabo su campaña, gracias a las donaciones realizadas por algunos de los más ricos industriales del norte. Y Greeley, cuya posición, como director de periódico, se había hecho pública sobre todos y cada uno de los asuntos polémicos durante los últimos 25 años, tenía un largo historial que sus rivales podían explotar. Fue apabullado con tal catarata de críticas que, más que por la presidencia, acabó peleando por salvar su honor.

Así, Grant ganó el voto popular con un margen superior al 10%, un logro que prácticamente ningún candidato repetiría en las próximas décadas. Y Greely, 24 días después de que se produjera la votación popular, pero antes de que el Colegio Electoral llevara a cabo la suya, falleció. Era la primera vez que ocurría tal circunstancia, y no existía una manera clara de proceder. La gran mayoría de los electores que estaban llamados a votar por Greeley faltaron a su juramento (de un modo justificado) y dividieron sus sufragios entre otros cuatro candidatos. Solo tres electores de Georgia mantuvieron su compromiso y votaron al propio Greeley, lo cual fue finalmente rechazado. Y estos no fueron los únicos votos electorales que se quedaron fuera del recuento final, ya que en los estados de Arkansas y Luisiana hubo alegaciones de fraude, se consideró que tenían base suficiente y esos votos electorales, catorce en total, fueron también invalidados.

Aquellas elecciones también sirvieron como campo de pruebas para las primeras asociaciones que solicitaban la extensión del sufragio a las mujeres. Incluso se llegó a presentar una candidata, Victoria Woodhull, a pesar de que no cumplía con el requisito constitucional de haber cumplido los 35 años. Sus resultados no fueron esperanzadores, ya que recibió un número tan poco significativo de votos que ni siquiera ha quedado el registro de cuántos fueron.

El Partido Republicano vivió entonces uno de sus momentos más dulces. Se impuso en 31 de los 37 estados, y lo hizo incluso en muchos de ese Sur que tradicionalmente había quedado fuera de su esfera de influencia. De hecho, lo de 1872 resultó una rareza que no se volvió a repetir a lo largo de todo el siglo XIX en esa zona, que fue conocida como “Sólido Sur” por su inquebrantable fidelidad al Partido Demócrata. El Partido Republicano Liberal, por su parte, no sobrevivió a estos malos resultados, y la mayoría de sus miembros terminó por integrarse en el Partido Demócrata.

Sin embargo, la felicidad de los Republicanos y de los Estados Unidos tenía las horas contadas. Solo un año después de las elecciones se produjo el Pánico de 1873 y la economía entró en su fase de turbulencias y depresión más grave, larga y profunda de todo el siglo XIX; una solo comparable a la que siguió al famoso Crack del 29, casi sesenta años después.

La lupa: el caricaturista Thomas Nast en campaña
Desde los tiempos de la Guerra de Secesión, el humorista gráfico Thomas Nast se había convertido en una celebridad en el país, con sus historietas en apoyo de la Unión. El propio Abraham Lincoln dijo de él que era “nuestro mejor sargento de reclutamiento”.

Tras la guerra, Nast publicó con regularidad en la revista Harper's Weekly. Fueron sonados sus ataques contra el político William “Boss” Tweed, al que acusaba repetidamente de corrupción. El propio Tweed llegó a reconocer la gravedad del asunto cuando dijo: “Detengan esos malditos dibujos. No me importa mucho lo que dicen los periódicos sobre mí. ¡Mis electores no saben leer, pero no pueden evitar ver esas malditas imágenes!". Finalmente, Tweed fue acusado de fraude por un juez y huyó a España, donde fue detenido en Vigo al ser reconocido gracias a unas caricaturas de Nast.

Durante la campaña electoral de 1872, Nast tomó partido a favor de Ulysses S. Grant. Siempre había simpatizado con el Partido Republicano, pero además le unía una amistad con el presidente. Cenaban juntos regularmente y él fue quien animó al antiguo general y héroe de la guerra civil a escribir su autobiografía (por cierto, publicada recientemente en castellano). Así, en los meses previos a los comicios, el blanco de las críticas de Nast fue Horace Greeely, el candidato del Partido Republicano Liberal, que quedó completamente desacreditado por los durísimos ataques que sufrió -y no solo por parte de Nast, sino de todo el aparato propagandístico al servicio de Grant-, hasta el punto de que Greeley llegó a decir que “no sabía si estaba peleando por entrar en la Casa Blanca o evitar la cárcel”.

Glosario:
"CARPETBAGGERS": En los primeros años de la Reconstrucción, durante el mandato de Andrew Johnson, miles de blancos del norte se mudaron a los recién derrotados estados del Sur para tutelar la reinserción de estos territorios en la Unión. Muchos viajaron empujados por altos ideales, pero hubo muchos otros que buscaban pescar en río revuelto. Estos últimos, que acostumbraban a desplazarse con lo puesto y cuyo único equipaje era una bolsa de alfombra (carpet bag), recibieron el apelativo despectivo de “carpetbaggers”. Durante años, estos emigrantes ocuparon puestos relevantes de la administración y el funcionariado de los estados vencidos y dominaron las Legislaturas estatales. Sin embargo, a partir de 1870 comenzaron a ser desplazados por los llamados “redentores”, que no estaban dispuestos a ceder derechos a los negros libertos y reinstauraron en el Sur la desigualdad racial.

DECIMOQUINTA ENMIENDA: Tras la Guerra de Secesión, tres enmiendas (XIII, XIV y XV) ampliaron sucesivamente los derechos de los afroamericanos. La Decimotercera y la Decimocuarta ya fueron explicadas en el Glosario correspondiente a las elecciones de 1868. La Decimoquinta, ratificada el 3 de febrero de 1870, dio un paso más al establecer que ni las Legislaturas estatales ni la Administración federal podían impedir votar a ningún ciudadano por motivo de su raza, color o condición anterior de servidumbre. De todas maneras, no reconocía el derecho al voto a las mujeres.

Estas enmiendas y las dos anteriores fueron contrarrestadas en los antiguos estados de la Confederación con otros decretos que las suavizaron, de manera que Estados Unidos recuperó la unidad tras la Guerra de Secesión, pero la desigualdad racial que había sido uno de las causas de la contienda no se eliminó y permaneció viva durante las siguientes décadas.

 

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