Ni vergüenza ni ética
Publicado el 15/10/2026 a las 07:44
El devenir de la andadura de la mayoría de los políticos principales actuales de este país, de todo signo, me estaba haciendo casi olvidar (mala cosa el olvido) a todos los sinvergüenzas previos, de todo signo, que han nutrido los tribunales y cárceles. Algunos todavía pendientes de entrar en tan dignas instituciones (donde igual escriben, o les escriben, sus adecuadas memorias que les hagan ganarse unos dineros), y otros que se habrán librado, o librarán, por distintas cuestiones jurídicas que no les exonerarán de la condena pública… aunque algunos, parece ser, están arropados por una suerte de ceguera social (arropada por subterfugios y componendas de intereses totalmente ajenos al beneficio social real) de ciudadanos/as de andar por casa, que sorprende se apliquen en su defensa a ultranza por el simple hecho de no analizar con calma, y sin prejuicios políticos, las antisociales andanzas de esta suerte de personajes (incluida alguna fémina, que también las hay, aunque reconociendo que son las menos en el aspecto comparativo… a ver de cara a futuro si hay muchas más en las élites de mando y así podemos discernir, en función de los casos, si realmente la mujer, como tal, tiene una ética y vergüenza más contrastada que los hombres… que sería de agradecer).
En mi opinión particular, no se puede defender a ninguna persona de esta ralea porque pertenezca al partido político que creas marca tu ideario de vida y que, si no lo defiendes, estás yendo contra esa entidad política beneficiando a partidos de ideologías diferentes, a los cuales tomas, no como adversarios políticos, sino como tus enemigos acérrimos. La entidad política es una cosa (dentro de ella se supone, y estoy seguro, que habrá gente aplaudible en todos los conceptos) y la persona que agrede, o ha agredido a la sociedad, con su comportamiento, es otra cosa.
Y debiéramos hacérnoslo mirar cuando defendemos a ese tipo de personas por pura significación de emblemas políticos, cuando está más que claro lo que hay detrás de la “patita asomada”, pues es notorio, en muchos casos, que son tan relevantes y fidedignas las pruebas, y el hedor que propagan, que mantener en alto la bandera de la “presunción de inocencia” se antoja ilusorio. Y ese hedor no solo deviene de comportamientos de lucros monetarios indebidos o de malas práxis usando el poder (de cualquier clase o dimensión) que se pueda tener, sino que se traslada a través de mentiras rompiendo preceptos previos que se usaron como bandera de atracción del voto, mediante la negación posterior de “propuestas firmes”, sin explicación plausible, y todo lo que pueda terciar sin rubor alguno (como el aprovechamiento puntual de movimientos sociales por problemas graves de los cuales se ha sido generador por indolencia en el tiempo), para mantenerse en el pedestal del poder conseguido con golpes de pecho propios y rasgados de vestiduras respecto al “enemigo político como fuente de todo mal”.
Y dicho lo anterior que, obviamente, hoy por hoy tiene unos protagonistas muy claros, como los tuvieron épocas anteriores, se volverá a repetir. Como creo que no se tiene que entrar en la intención del voto de cada cual (inviolable y exclusivo) respecto a la falta de respeto del “la gente no sabe votar”, que suele indicar quien no logra sus objetivos políticos, y, dada la creciente y estúpida polarización que han creado esta ralea de infumables personajes, lo que habrá que hacer, digo yo, es pensar en lo que le puede devenir a nuestros descendientes y crear movilización social de amplio espectro para dejar de lado a los extremos que se rigen exclusivamente por eslóganes panfletarios/populistas “buscavotos” sin base cierta, y por exigir cumplimientos de las promesas realizadas en precampaña. Y si no se cumplen, puerta y que pase el siguiente.