Miguel Ángel Marco, sacerdote navarro de servicio amable a los demás

obituario Miguel Ángel Marco
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Miguel Ángel MarcoCEDIDA
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Francisco Varo

Publicado el 23/07/2026 a las 10:24

El sacerdote Miguel Ángel Marco, don Migueltxo, de la Prelatura del Opus Dei, falleció el día 20 de julio a los 78 años tras una vida dedicada al servicio de la Iglesia, la formación de jóvenes, el acompañamiento espiritual de numerosas personas de todo el mundo y la ayuda al gobierno pastoral del Opus Dei.

Nació en Tafalla el 2 de febrero de 1948. Estudió Ciencias Químicas en la Universidad de Oviedo, donde se licenció en 1970 y comenzó su trayectoria docente como profesor ayudante en la Facultad de Ciencias. Poco después orientó su vida hacia el sacerdocio y fue ordenado el 21 de agosto de 1977 por Mons. José Méndez, entonces arzobispo de Pamplona, en la Basílica Pontificia de San Miguel de Madrid. Posteriormente obtuvo el doctorado en Teología por la Universidad de Navarra.

Su ministerio sacerdotal estuvo marcado por una gran disponibilidad para atender las necesidades que se le fueron confiando. Desde los primeros años ejerció una intensa labor con universitarios y jóvenes como capellán del Colegio Mayor Montalbán, en Madrid.

A lo largo de su vida desempeñó también diversas responsabilidades de gobierno pastoral dentro del Opus Dei. Formó parte del consejo de la Delegación de Madrid-Oeste y posteriormente fue vicario de la Delegación de Valladolid durante ocho años. Más adelante regresó al trabajo directo de atención espiritual como capellán del Colegio Montealto, en Madrid.

Entre 1995 y 1999 dirigió el Servicio de Capellanía de la Universidad de Navarra, una etapa especialmente fecunda por el contacto diario con universitarios. Al mismo tiempo impartió clases en el Instituto de Antropología y Ética. Hombre muy culto y con afición a la buena literatura, sus clases eran célebres por su amenidad, profundidad y sentido práctico para pensar sobre la propia vida. Después fue director espiritual de la Delegación del Opus Dei en Pamplona.

Durante catorce años, entre 2003 y 2017, fue rector del Colegio Eclesiástico Internacional Bidasoa. Desde ese puesto contribuyó a la formación humana, espiritual y pastoral de centenares de seminaristas procedentes de numerosos países, muchos de los cuales ejercen hoy su ministerio sacerdotal en diócesis de los cinco continentes. Su trato paterno, su prudencia y su sentido eclesial dejaron una profunda huella en quienes convivieron con él, según nos refieren en estos momentos.

Uno de entre esos cientos alumnos que hoy son párrocos nos manifestaba nada más conocer la noticia de su fallecimiento: “Le he querido y le quiero mucho, y me pongo en su intercesión para llegar algún día al Cielo. El Señor le premie por haber cuidado de la vocación de tantos, y discernir con honestidad en cada uno, si podíamos servir a la Iglesia como quiere y merece ser servida, siendo imagen fiel del Señor”.

En los últimos años fue rector del Centro de Estudios Interregional Aralar y, posteriormente, director de la residencia sacerdotal del Colegio Mayor Aralar, donde siguió acompañando a sacerdotes con la misma disponibilidad y espíritu de servicio que caracterizaron toda su vida. Su ejemplo de piedad, sobre todo en la celebración de la Misa, especialmente en los últimos meses con grandes limitaciones físicas, fue un testimonio impactante de vida sacerdotal para los residentes.

Con gran amor y dedicación a los sacerdotes diocesanos y cercano a las necesidades de esta diócesis. Fue miembro del Consejo del Presbiterio de la diócesis, y en sus últimos años colaboró ayudando en las confesiones en la capilla de la Adoración Perpetua de Pamplona y en la parroquia de Cristo Rey.

Nos manifestaba en algunos momentos su ilusión por prepararse bien para sus bodas de oro sacerdotales en agosto del año que viene, y con una sonrisa nos repetía “vamos, vamos” para vivir un compromiso entusiasta de nuestra vida cristiana y de servicio amable a los demás.

El autor es sacerdote y profesor de la Universidad de Navarra

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