El bullying, ¿una epidemia imparable?
Publicado el 21/03/2026 a las 08:37
Se considera acoso escolar o bullying a cualquier forma de maltrato psicológico, verbal, físico o social tanto en el aula, como fuera de ella a través de las redes sociales. Es una violencia, con la que el agresor pretende intimidar a su víctima ante la indiferencia y el silencio de sus compañeros de escuela, debido al miedo a ser ellos mismos los acosados. Se busca aislar al maltratado impidiendo así que participe en la vida del grupo. La víctima vive con miedo de asistir diariamente a la escuela, mostrándose en ella como un ser solitario y triste. En ciertos casos tiene pensamientos de suicidio.
El acosador suele carecer de empatía y de alguna distorsión cognitiva. Al no ser empático, le resulta difícil ponerse en el lugar de la víctima, ignorando su sufrimiento. La distorsión cognitiva es un fallo en el procesamiento de información que impide percibir adecuadamente la realidad. La víctima elegida suele tener baja autoestima y mucha vulnerabilidad psicológica.
Los índices de víctimas por acoso escolar se han disparado en los últimos años, especialmente con el avance de las nuevas tecnologías y el surgimiento de las redes sociales, que propician el ciberacoso. Cada año, el acoso escolar causa alrededor de 200.000 suicidios, según la Organización Mundial de la Salud. El Ciberbullying es una forma cada vez más común y peligrosa de bullying. Suele incluir mensajes amenazantes y difusión de fotos comprometidas. El acoso no surge en la escuela por generación espontánea. Es expresión de una crisis social: la violencia ha permeado a la sociedad entera y ha insensibilizado a muchos adolescentes. En algunos casos el origen está en familias muy permisivas, que no ponen límites al comportamiento de los hijos, incluido el recurso a la violencia. En otros casos el hijo agresor ha sufrido la presión de unos padres que tienen a gala ser “ganadores”, proyectando esa mentalidad paterna a sus hijos, que no pueden ser “perdedores”. En consecuencia, se exige al hijo que sea el mejor en su grupo de clase. Pero, ¿qué suele ocurrir cuando el mejor es un compañero, tanto por su expediente académico, como por su carisma? Ocurre que el primero no lo acepta y quiere privarle de su liderazgo a toda costa, lo que le lleva primero a aislarle de los demás basándose en supuestos defectos y más tarde a someterle a humillaciones e insultos diarios. A estas posibles causas del acoso escolar se añaden las siguientes: entornos escolares con baja supervisión o normas poco claras sobre la convivencia. Modelos de educación autoritarios o permisivos. Influencia de medios y redes sociales que normalizan la violencia. Algunos indicios de que un niño o adolescente está sufriendo acoso escolar: cambios repentinos de humor, menor rendimiento escolar, aislamiento social, baja autoestima y ausencias reiteradas de las clases.
Los centros educativos tienen un papel crucial en la prevención del acoso escolar. La prevención debe comenzar desde las primeras etapas educativas, desarrollando en los niños habilidades sociales y emocionales. Es fundamental fomentar un entorno positivo promoviendo valores como el respeto, la tolerancia y la solidaridad. También formar al profesorado en la detección e intervención ante casos de acoso.
¿Qué hacer como padres ante el acoso escolar? Escuchar activamente al hijo sin juzgar ni minimizar lo que siente. Validar sus emociones y transmitirle que no está solo ni tiene la culpa. Contactar con la escuela para informar de la situación y trabajar conjuntamente en la posible solución. Reforzar la autoestima del hijo y animarle a participar en actividades donde se sienta valorado. Es muy importante promover valores en el grupo de escolares, aunque eso actualmente no es suficiente; se requiere, además, un procedimiento que incida directamente en las causas del acoso. Por ejemplo, el método KiVa, que se creó en Finlandia en 2008 como respuesta a un suceso terrible: en 2007 un joven armado entró en una escuela y mató a seis estudiantes, la directora y una enfermera; seguidamente se suicidó. Más tarde se supo que había sufrido acoso escolar durante muchos años.El método KiVa fue creado por Christina Salmivalli, investigadora y psicóloga de la Universidad finlandesa de Turku. Es contrario al enfoque tradicional, basado en el castigo del acosador. KiVa se centra en conseguir que el grupo de clase se solidarice con el compañero maltratado; de ese modo el agresor queda desprestigiado ante los demás. Los antiguos cómplices del maltratador se transforman así en sus defensores y en protagonistas de la acción preventiva de la escuela. Su acción solidaria es una vacuna que inmuniza contra el acoso. Con la aplicación del programa se ha conseguido que disminuya el acoso de forma significativa. Por este motivo se ha implantado en varios países de Europa y en Estados Unidos. La experiencia obtenida confirma una vez más que en educación es mejor prevenir que curar.