El sofá, enemigo silencioso del hombre de hoy
Publicado el 26/02/2026 a las 07:27
Es lo primero que buscamos cuando vamos a montar nuestra casa por primera vez: el sofá. Y visitamos tiendas especializadas para conseguir el mejor, el más mullido, el que no se ensucie, el que nos garantice un descanso y confort, el que dure en el tiempo.
Parece inofensivo y promete comodidad, ofrece descanso y asegura consuelo ante las fatigas del día. Sin embargo, bajo su aparente bondad, se oculta el enemigo más perjudicial de la vitalidad humana. La comodidad sustituye al movimiento y conquista horas vacías, abocadas a morir.
Entonces, reina él. Se convierte en dueño y señor, y sin que nos demos cuenta deteriora la salud física porque promueve el sedentarismo, atrofia los músculos, es aliado de la obesidad y el letargo metabólico. Y, lo que no podemos perder de vista por la gravedad que encierra, es que adormece la voluntad y socava nuestra misión más amplia: el crecimiento personal.
Pero seguimos ahí, frente a la pantalla, expectantes y pasivos. Ya pueden echar lo que sea, que seguimos quietos. El corazón baja el ritmo, el tiempo y las horas pasan desapercibidas y se pierden en la penumbra de lo que pudo acontecer y no sucede. Frente a la pantalla nos volvemos meros expectantes pasivos. Se apodera de nosotros un letargo que adormece la energía del alma. Dejamos de crear, dejamos de actuar, dejamos de intervenir. Aliado de la era digital, es el triunfo de la inercia. Nos promete descanso, pero nos roba horas de vida activa, de vida contemplativa, en definitiva, nos quita horas de ser.
El español medio dedica casi 4 horas diarias en el sofá frente a las pantallas. Ver varias horas de televisión al día se ha relacionado, además, con el tan temido deterioro cognitivo que empezamos a ver a nuestro alrededor, y a un mayor riesgo de muerte súbita.
Leonardo Polo, filósofo español, critica la masificación del hombre como mero consumidor de contenidos redundantes y triviales que han sido preparados por otros con el fin de despersonalizar y empobrecer la vida espiritual, alimentando al “hombre masa” que es mucho más fácil de controlar. Byung-Chul Han, el filósofo de moda coincide también con la idea del entretenimiento y el ocio vaciado de sentido, como forma de control de las personas.
Nada tiene que ver esto con el ocio activo que idealizaron los griegos, el “dolce far ni ente”, ligado al aprendizaje, a la contemplación y la virtud. En efecto, para Platón y Aristóteles, el ocio verdadero es actividad que tiene su fin en sí misma (pensar, aprender, conversar, contemplar), no lo que hacemos ahora que sería algo así como “matar el tiempo”.
Ciudadanos del mundo. Destronemos el sofá y devolvámoslo a un lugar lejos del epicentro familiar, solo para el descanso breve. No dejemos que nuestro cuerpo y nuestra mente se apaguen. Y así, si aún estamos a tiempo, recuperemos el mando sobre nuestra propia existencia.