Nadie escarmienta en cabeza ajena

Venancio Rodríguez Sanz

Publicado el 25/02/2026 a las 07:24

De pequeño me gustaba pescar. A los doce años nos mudamos a Premia de Mar (Barcelona). Vivíamos a diez minutos de la playa. Allí hay un espigón en forma de ele que protege el puerto deportivo. Siempre me ponía a pescar en mar abierto. Recuerdo que estando pescando, un señor me comentó que cuando hicieron aquel espigón, un abuelo les dijo a los ingenieros que las corrientes marinas y las tormentas taparían de arena la boca del puerto deportivo y dejaría la costa sin arena. Claro, ¿Cómo le iban a hacer caso a un anciano pescador aquellos soberbios licenciados? Y, efectivamente, pasado el tiempo comprobaron que aquel señor del que se rieron tenía razón, pero ya era tarde. Entonces, los ingenieros tuvieron la idea de contratar un barco para que, indefinidamente, sacara la arena de la entrada al puerto y la echara a la playa. Imagínense el dinero que esto supone para el erario público. Monrepós, Adamuz, Valencia… Estos y otros nombres están, tristemente, asociados a fallos del sistema. Oí decir que Franco mandaba construir la casa de los ingenieros al otro lado de las presas. De esta manera, el Caudillo se aseguraba de que los técnicos pondrían todo su empeño en hacer las cosas bien. De lo contrario, los primeros en caer serían ellos. Si llegara a ser presidente de España, una de las primeras medidas que implementaría sería la del Generalísimo: “Que los responsables públicos fueran los primeros en pagar las consecuencias de su incompetencia, negligencia y corrupción.

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