Bullying, actitud de los padres
Publicado el 22/02/2026 a las 08:29
Seguimos sin dar en la diana respecto a detener el bullying entre la población escolar, con las consecuencias dolorosas en nuestros jóvenes y en la sociedad en general. Las noticias saltan a los medios y los casos aparentemente cerrados mantienen una huella viva de sufrimiento entre los protagonistas. En colegios, en centros de formación profesional de grado superior, en universidades, y hasta en centros de acogida de menores, se siguen dando casos de acoso y malos tratos, con consecuencias terribles.
¿Qué está pasando en la sociedad? En Ayudar a crecer Leonardo Polo, filósofo español fallecido en el año 2013, escribió que educar es ayudar a crecer, teniendo en cuenta que la persona es lo más sagrado que tenemos entre manos; y el respeto al prójimo es la tarea fundamental que debemos de asumir para luego ser capaces de desplegar nuestro potencial como seres humanos. Sin respeto al prójimo quedamos huérfanos de futuro. Por eso, lo terrible es que en la raíz del bullying está, precisamente, la ausencia de respeto al otro, la falta de consideración con el prójimo. Domina una idea errónea sobre lo que es la libertad y nos esclaviza una ausencia total de esperanza. Esa falta de respeto a la persona, la vemos en casi todos los escenarios de la vida pública como una lacra que lastra a la sociedad entera y que la educación debería subsanar.
La tarea educativa necesita varias columnas para sostenerse: por un lado, está el colegio, por otro la sociedad plena, los alumnos y los padres. Todas son fundamentales, sin embargo, los padres constituyen la columna más importante del cuarteto, y, sin ellos, el edificio educativo se viene abajo. ¿Cómo es la actitud de los padres frente a un caso en que se acusa a su hijo de cometer bullying? ¿Cómo debería de ser su actuación respecto al hijo supuestamente agresor y al niño agredido? Queda claro que la situación sería muy diferente en función de cómo es la actitud de los padres y, como consecuencia directa, cómo se manifiesta la actitud del hijo que acosa. Hay que estar atentos. Podemos tener en casa un niño que acabe siendo víctima, agresor u observador pasivo de acoso. Ninguna de estas tres situaciones es propicia para crecer. Ninguna de estas tres situaciones es propicia para favorecer el despliegue de las alas del desarrollo personal. Cualquiera de estos tres comportamientos frena el impulso propio de la potencialidad humana. Padres del mundo, ¡uníos! En bien de los hijos.
Junto con el centro escolar y los profesores, que se propicie la escucha de padres e hijos y que se contrasten los mensajes, que se acepte el comportamiento del hijo, aunque sea errado, que se analicen las conductas, que se defina lo que está bien y lo que está mal, y que se acepten los hechos, ¡que se pida perdón! La actitud de pedir perdón es sanadora para ambas partes. Solo entonces podremos pensar en la recuperación de las personas implicadas en un caso de acoso. Solo así daremos pasos de gigante en la tarea hermosa de educar a los hijos para que sean capaces de asumir el protagonismo de su propio crecimiento. Reconociendo y pidiendo perdón. Solo así.