Las reliquias de San Fermín
Publicado el 18/01/2026 a las 08:21
Desde el uno de enero la parroquia de San Lorenzo inicia el camino que conduce al siete de julio San Fermín. Repasemos la historia. En el medievo, Pamplona respiraba en sus calles un ambiente agrícola, artesanal, mercantil, social y religioso. La ciudad era un espacio cerrado y fortificado. Cuando las campanas tocaban el último toque a oración, la ciudad entera se había entregado al sueño. Desde que quebraba el alba, los pamplonicas iniciaban sus trabajos y la ciudad entraba en animación . Se trabajaba más en verano (12-14 horas) que en invierno (6-7 horas) . Se disfrutaba de más días festivos que en la actualidad. Y en los días previos a las festividades religiosas, se trabajaba menos.
Un acontecimiento fundamental transformó la ciudad a partir del siglo XII : el entusiasmo con el que fueron recibidas las reliquias de San Fermín por el poder especial de intercesión que se atribuía al santo y la conveniencia de invocarle para obtener esa mediación. Obispos y reyes se afanaron en este menester de traer las reliquias desde Amiens (Francia). La posesión de las reliquias convirtió a Pamplona en un lugar privilegiado, que centralizaba la vida religiosa y social del Reino de Navarra. La veneración por San Fermín nació del respeto y del afecto de los pamploneses. El que venera las reliquias participa de la virtud y la gracia que reside en él. La devoción a San Fermín tiene raigambre de muchos siglos en su ciudad natal, donde fue su primer obispo. San Fermín, por tanto, forma parte de la memoria compartida que ilustra la vida de la ciudad. Memoria que comunica una generación a la siguiente lo acontecido. Memoria que ayuda a conocer el presente . Memoria que une. Memoria que impide que el santo sea borrado del tiempo. San Fermín está a nuestro alrededor. No se ha ido. Sobre los pamploneses gravita la carga luminosa del pasado.