Año nuevo, lacra vieja

Ignacio Azparren Tellería

Publicado el 12/01/2026 a las 07:21

Hace veintidós años se comenzó a contabilizar en España a las mujeres asesinadas en actos de violencia machista. Desde entonces hasta el momento de redactar estas líneas, hay registradas la friolera cifra de 1.342 mujeres fallecidas por esta horrenda causa. En este año recién estrenado, la infame lista de víctimas continúa engordando, siendo Pilar a quien le ha correspondido el deshonroso papel de abrir en 2026 la siniestra terna, al haber sido asesinada por su expareja en el municipio jienense de Quesada. Ojalá sea también quien la cierre, lo cual más que un deseo potencialmente realizable, es una ilusión que quedará en mera utopía.

Este viejo lastre que venimos arrastrando desde décadas y centurias, se encuentra tan arraigado en las entrañas de la sociedad que no hay año nuevo que pueda desprenderse de él. ¿Qué sucede en la personalidad de quien ejecuta acciones de violencia machista? ¿Qué factores han intervenido en su configuración? ¿De qué medios dispone la sociedad para erradicar semejante lacra? El fenómeno es complejo y no es consecuencia de una sola causa, sino de un conjunto de factores (biológicos, antropológicos, educativos, de aprendizaje social, etc.) que confluyen en conductas violentas, a través de las cuales lo masculino trata de reafirmar la creencia en su superioridad sobre lo femenino, causando daño físico y psicológico sin necesidad de desembocar siempre en el asesinato.

A simple vista resulta una postura de seres primitivos, sin embargo, el hecho tiene un recorrido temporal demasiado largo y sigue vivo en unos tiempos en los que no hemos evolucionado socialmente lo suficiente como para superar estas actitudes. Aunque en un pasado no muy lejano se percibía cierta concienciación del problema que abría puertas a la esperanza, en los últimos años el retroceso es palpable y el arcaísmo de los emocionalmente lisiados del siglo XXI va recuperando terreno. A todos los estamentos sociales corresponde tomar cartas en este escabroso asunto, no en vano el nobel de la paz, Elie Wiesel, ya lo advirtió: “Ante las atrocidades tenemos que tomar partido. El silencio estimula al verdugo”.

Ignacio Azparren Tellería

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