Generación vacía
Publicado el 05/01/2026 a las 07:31
Siento que nos han engañado. A toda mi generación. Algunos nos llaman la generación vacía, la de los nacidos en los 90. Y no ha sido de forma torpe ni evidente, sino con una sonrisa, con promesas suaves, con palabras bonitas. Nos han vendido una vida irreal, cuidadosamente empaquetada, diseñada para parecer libertad cuando en realidad es anestesia. Nos prometieron la vida de nuestros padres: la estabilidad, el futuro, la sensación de avance…
Nos dijeron que esta era la era de la elección, del “sé tú mismo”, del placer inmediato. Nos enseñaron que cuanto con más gente te acuestes, mejor, que ahí estaba la realización personal. Que el compromiso era una carga y el apego, una debilidad. Nos repitieron hasta el cansancio que pensar en uno mismo era un acto de valentía, incluso si eso implicaba dejar atrás a la familia, a los amigos, a cualquiera que pudiera ralentizar tu carrera hacia ninguna parte.
Nos vendieron la idea de que lo que vemos en Instagram es la realidad: cuerpos felices, viajes constantes, éxito permanente, sonrisas sin contexto. Nos hicieron creer que formar una familia te quita libertad, que es una forma de opresión moderna, que amar profundamente es peligroso y que depender de alguien, o permitir que alguien dependa de ti, es fracasar en este nuevo credo individualista.
Mientras tanto, nos daban píldoras. Píldoras en forma de entretenimiento infinito, de series para olvidar, de consumo impulsivo, de discursos motivacionales vacíos. Píldoras para que no nos rebelemos. Para que no nos detengamos a pensar. Para que no nos demos cuenta de que el tiempo pasa, de que ya estás cruzando los 35 y de que todo aquello que te prometieron nunca llegó.
La vivienda es imposible. El trabajo es precario. El salario no alcanza. Ya ni siquiera te planteas formar una familia, no porque no quieras, sino porque no tienes con quién, porque no hay espacio, porque no hay seguridad, porque no hay futuro. Vives de alquiler, aplazando decisiones vitales como si fueran caprichos. No porque seas inmaduro, sino porque estás ahí: sobreviviendo, pero no viviendo.
Y lo peor es que nos dijeron que la culpa era nuestra. Que si no llegamos es porque no nos esforzamos lo suficiente. Que si estamos cansados es porque no sabemos organizarnos. Que si estamos solos es porque somos demasiado exigentes o demasiado frágiles.
Nos han dado todas estas píldoras para que, cuando te quieras dar cuenta, estés tan cansado, tan quemado, tan vacío, que no tengas fuerzas ni para rebelarte. Para que aceptes como normal una vida pequeña, recortada, sin raíces ni horizonte. Para que confundas resignación con madurez y supervivencia con éxito.
Más que la generación vacía, me atrevería a decir que somos la generación del lorazepam y las vitaminas.