Villafranca: de los baches al ‘far west’ bardenero

esperanza garcía-gollarte

Publicado el 01/12/2025 a las 07:31

En Villafranca de Navarra tenemos un tesoro patrimonial que pocos pueblos pueden presumir: un pavimento histórico que data de los años 50 del pasado siglo. Desde entonces, las calles han sobrevivido a lluvias, heladas, promesas electorales y algún que otro parche improvisado.Villafranca, villa bardenera, donde sopla el viento por sus calles, se levanta el polvo a partir de la abundante tierra existente en sus calles y en ellas corren las matas volanderas. Presume también del otro fenómeno menos poético: el pavimento que vio su mejor día allá por 1950 y que desde entonces parece decidido a jubilarse sin previo aviso.

En estos 75 años unas pequeñas grietas aparecieron y han ido evolucionando hasta hoy. Hoy las grietas abundan como si el pavimento estuviera contando su biografía a pedazos. Hay fisuras que parecen líneas de la mano pero en otras cabe la mano en vertical. Algunas calles no presentan baches, sino trincheras y otras que, sinceramente por su profundidad, podrían ser estudiadas por geólogos.

Casi deberíamos asumir que no vivimos en un pueblo con baches, sino en un bache con pueblo. Salir de paseo con mi madre en su silla de ruedas por las calles del casco viejo, excepto por la calle Mayor, es una aventura extraordinaria, una mezcla entre rally sahariano, slalom en nieve y prueba olímpica de 3.000 obstáculos. Cada tramo es un reto: ¿saltará la silla? ¿aguantarán sus ruedas la próxima grieta? ¿tendré que hacer una maniobra de rescate con los bomberos? ¿llegará mi madre indemne a casa? Nunca lo sé. Lo que sí es que el paseo, más que un momento de relajación para ambas, se ha convertido en experiencia extrema. Lo que debería ser un paseo tranquilo se transforma en prueba de resistencia para la silla, para mis músculos tractores del brazo, para la cadera y vertebras del coxis de mi madre y para los nervios de ambas.

Este tipo de experiencias ni los parques de atracciones se atreven a ofrecer. Realmente Villafranca no necesita parques temáticos, vivir aquí ya es, en sí mismo, una atracción. No es necesario trasladarse a Port Aventura y pagar sus buenos euros por entrar. Aquí tenemos el parque montado, solo falta colocar a la entrada del pueblo un cartel que diga: Bienvenido al Parque Temático de Villafranca: use casco y calzado cómodo y, por su seguridad, no se le ocurra patinar dentro del recinto, corre el peligro de aparecer en Nueva Zelanda. Quizá algún día llegue la ansiada reparación del pavimento. Mientras tanto, Villafranca seguirá siendo ese lugar donde el viento corre libre, las volanderas corren con él y las calles -pobrecitas-están pidiendo socorro a gritos. Señora alcaldesa y ediles, quizá algún día llegue su decisión del ansiado arreglo de las calles. Mientras tanto, Villafranca seguirá siendo ese pueblo donde las calles cuentan historias, algunas bardeneras, de far west, pero desgraciadamente la mayoría de estas historias son peligrosas en su tránsito y muy agobiantes en su uso diario.

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