La Unión Europea, un salto en la evolución humana del siglo XX
Publicado el 25/09/2025 a las 07:28
Aunque vivimos en pleno siglo XXI, conviene mirar hacia atrás para entender el presente. La vieja Europa, con su proyecto de unión, enfrenta hoy una prueba decisiva: demostrar si está preparada para resistir los viejos conflictos entre oriente y occidente, las tensiones entre democracia y dictadura y los delirios de líderes que, incluso en el mundo occidental, amenazan la estabilidad global.
El mundo actual se caracteriza por la globalización, un proceso que no resulta fácil de digerir. Por un lado, están quienes buscan imponer su destino por la fuerza; por otro, aquellos que defienden la libertad y el bienestar como la cúspide de la evolución social. El choque de trenes era inevitable a pesar de que muchos expertos en sociología, economía y filosofía lo habían anticipado. Sin embargo, el verdadero desafío no es prever el problema, sino encontrar soluciones antes de que estalle.
La situación europea recuerda a los incendios forestales de este verano en España: sabíamos que llegarían las olas de calor extremo, pero no se actuó a tiempo. Del reciente desastre queda, sin embargo, un aprendizaje: España es el segundo país de Europa con mayor masa forestal del continente y ahora existe mayor conciencia sobre la necesidad de protegerla invirtiendo en los recursos que sean necesarios. Europa, de la misma manera, debe tomar conciencia de que lo que está en juego es su modelo de convivencia pacifico e integrador.
La Unión Europea es un referente mundial: un espacio de paz, libertad y bienestar; cuna, junto con EE UU, de los derechos humanos y la democracia; una unión cultural voluntaria y pacífica, inédita en la historia. Este proyecto responde a ideales defendidos por figuras universales como Martin Luther King, Nelson Mandela, Mahatma Gandhi, la Madre Teresa de Calcuta o José Mujica. Y debe seguir siendo la base de las relaciones internacionales en un mundo que necesita equilibrio con la naturaleza y mayor justicia social.
Europa no es perfecta, desde luego, pero sí es el ejemplo más sólido de globalización pacífica. Por eso, China y Estados Unidos -las potencias dominantes de hoy- deberían tomar nota de los principios que la conforman y que costaron siglos de esfuerzo y millones de vidas en guerras absurdas que nadie debiera olvidar: democracia, derechos humanos y libertad son el fundamento que nos ha hecho alcanzar los mayores niveles de calidad de vida y bienestar social. Como recientemente ha advertido el presidente chino, “la humanidad debe elegir entre la paz y la guerra”. Europa ya hizo su elección: la paz. Y debe defenderla con firmeza, sin duda con el apoyo de inquebrantable de estas grandes potencias.
La fórmula europea debería inspirar a otros. ¿Por qué no convence Netanyahu a los gazatíes de que se unan a Israel en una nueva comunidad con nuevas normas que garantice la igualdad de todos los que lo habitan? ¿Por qué no convence Putin a los habitantes de Ucrania de su anexión en igualdad de condiciones con todos sus ciudadanos? El problema es que estos líderes no pueden ofrecer lo mismo que Europa porque consideran a sus vecinos como inferiores. Ahí radica la diferencia.
El futuro exige valentía. Los líderes mundiales tienen la obligación de buscar la paz y la convivencia, no la confrontación. Su deber es apostar por acuerdos sustentados en la democracia, la justicia, la igualdad y los derechos humanos. En definitiva, una búsqueda de la paz sustentada en el ideal que une a todos los pueblos: la libertad.