Entender a los menores no acompañados
Publicado el 19/07/2025 a las 08:20
Como terapeuta que trabaja con adolescentes, me preocupa profundamente la narrativa creciente que vincula a los menores migrantes no acompañados con la inseguridad o el delito. Más allá del titular fácil, conviene detenerse a mirar qué hay realmente detrás del comportamiento de estos jóvenes.
Muchos de ellos han atravesado historias de pérdida, abandono y trauma antes de poner un pie en nuestro país. Huyen de contextos violentos, empobrecidos, rotos. Y llegan a España solos, siendo aún menores de edad, sin la presencia de un adulto que les sostenga. En plena adolescencia -una etapa que ya de por sí es vulnerable- experimentan un duelo migratorio profundo: pérdida de su entorno, de sus vínculos, de su lengua, de sus referentes.
Aquí, en lugar de encontrar seguridad, con frecuencia se enfrentan al rechazo social, a la desconfianza y a la invisibilización. Viven en recursos desbordados, sin acceso real a la educación o al trabajo, y con la amenaza constante de quedar en situación irregular al cumplir los 18 años.
¿Es realmente sorprendente que algunos de estos chicos, sin red afectiva, sin estructura, sin perspectiva de futuro, acaben desregulados, frustrados, o vinculándose a dinámicas de riesgo? Desde la psicología no se trata de justificar actos delictivos, sino de entender el dolor que los precede, para poder prevenirlos e intervenir con humanidad y eficacia.
Criminalizar a estos adolescentes sin comprender lo que han vivido es perpetuar su exclusión. Necesitamos menos miedo y más escucha. Menos castigo y más cuidado. Porque un joven acompañado difícilmente se pierde. Y porque nadie nace siendo un problema: a veces solo no se le dio la oportunidad de ser otra cosa.