La dictadura del castellano
Publicado el 25/06/2025 a las 07:21
Cuando visitaba España como turista me llamaba la atención la aparente incapacidad de los españoles para hablar otros idiomas aparte de su lengua materna. Creía que su apego a su idioma los llevaba a rechazar aprender y comunicarse en otra lengua extranjera, sin importar cuán extendida o global fuera esta. Tras mudarme a vivir aquí y conocer las costumbres de la sociedad y su forma de vida, descubrí que los españoles están entre los pueblos más dispuestos a aprender nuevos idiomas como inglés, francés e incluso chino. También hay quienes desean aprender árabe. El problema nunca fue su rechazo a otras lenguas ni su extremo apego a la suya, como yo pensaba. El secreto estaba en la propia lengua española: el castellano, como la llaman aquí por su origen (la región de Castilla).
El castellano es un idioma tiránico que no acepta compartir su trono. Cuando se establece, se niega a que cualquier otra lengua, incluso sus hermanas de raíz latina, invadan su fortaleza. Más aún, expulsa también a los idiomas que llegaron antes, excepto, claro está, la lengua materna, porque una madre no se reemplaza por otra.
Cuando llegué, hablaba tres idiomas además de mi lengua materna (el darija marroquí), en este orden según mi dominio: árabe, francés e inglés. Pero tan pronto como empecé a aprender castellano, esos idiomas comenzaron a desaparecer poco a poco, uno tras otro. Incluso el árabe, que consideraba mi lengua favorita, empezó a costarme hablarlo. El francés se mezclaba con el español hasta el punto de que a veces no puedo distinguirlos; lo entiendo, pero ya no puedo hablarlo con fluidez. En cuanto al inglés, parecía haber sido el primero en ser expulsado por el nuevo dictador, dejando apenas unas pocas palabras sueltas. Asimismo descubrí que el español tiene un encanto irresistible: hechiza a quien lo escucha, embriaga a quien lee su literatura y hace perder la cabeza a quien se sumerge en sus canciones. La diversidad de pueblos hispanohablantes y sus culturas ha creado para este idioma un vasto legado histórico-cultural difícil de abarcar. En mi tierra se dice que “quien aprende la lengua de un pueblo, evita su engaño” pero, en el caso del español, quien lo aprende es como si hubiera recorrido medio mundo.