Aún me late Pamplona
Publicado el 22/06/2025 a las 09:12
Este año me toca vivir San Fermín a 9.753 kilómetros de distancia. Vine a Lima en enero gracias a una beca del Gobierno de Navarra para hacer prácticas internacionales. El día que me la concedieron supe que iba a vivir los peldaños más empinados de mi vida. No he podido evitar hablarles a mis compañeros del trabajo de las mejores fiestas del mundo. Dicen que cuando hablo de San Fermín es como si estuviera contando una historia de amor. Siempre escuchan atentos todas mis historias, pero todavía no he conseguido que se les ilumine la cara como a mí. Supongo que no hay palabras ni imágenes que puedan traducir lo que somos. Y es que ser navarro no es algo que se pueda explicar. Ser navarro se vive, se canta, se baila. Y se llora. Como llora mi padre cuando suena esa jota. La misma que un día hizo a San Fermín llorar.
Imagino que la tómbola ya ha levantado el toldo y mi abuelo Antonio, como cada año, llena sus bolsillos de boletos y a sus nietos de ilusión. Que La Mañueta está calentando su aceite, que las peñas han desempolvado sus estandartes, que la Estafeta huele a huevos fritos con chistorra y que los gigantes empiezan a despertarse. Me basta con cerrar los ojos para estar allí. Y eso es lo que haré. Este año volveré a atarme el pañuelico al cuello. Y cuando suene esa jota, la de ‘No te vayas de Navarra’, sabré que no me fui del todo. Porque San Fermín nunca se va de nosotros, por muy lejos que estemos.