Trump y Sánchez cierran el grifo a la enseñanza privada

Gerardo Castillo Ceballos.

Publicado el 09/06/2025 a las 07:20

Donald Trump sigue reivindicando su decisión de prohibir la matriculación de alumnos extranjeros en la Universidad de Harvard. A primera vista, parece una decisión drástica y arbitraria. A ello hay que unir el perjuicio causado a quienes ya estaban en camino de Massachusetts. Pero como en todo conflicto, es aconsejable oír a las dos campanas. En su plataforma Truth Social, Donald Trump lo argumenta así: “Me pregunto por qué Harvard no cuenta que casi un 31% de sus estudiantes proceden de tierras extranjeras y que esos países, alguno de los cuales no son nada amigos de Estados Unidos, no pagan nada de la educación de sus estudiantes, ni tienen la intención de hacerlo”.

Otro argumento de Trump es que los estudiantes extranjeros de Harvard hacen que esa universidad sea caldo de cultivo de grupos antisemitas, propagandistas de las milicias palestinas y seguidores de la ideología woke. Añade que, por ello, no tiene sentido seguir aportando a Harvard miles de millones de dólares.

No es la primera vez que Trump se muestra enemigo de la “cultura woke”. En 2020 centró uno de los ejes de su campaña de reelección en combatir a los llamados woke lefties (izquierdistas despiertos), debido a que practicaban un “fascismo de extrema izquierda”. El término “woke” se utiliza en Estados Unidos desde la década de 1930 para referirse a la conciencia sobre la injusticia social. Actualmente sirve para describir a personas que se consideran “progresistas”. Pese a que a priori su significado es positivo, ha terminado por convertirse en un término despectivo. Consiste en alterar la defensa de la justicia social con la proliferación de colectivos impregnados de marxismo. La ideología Woke ha cambiado la lucha de clases por la lucha de identidades. La vida social queda así reducida a un conflicto permanente entre opresores y oprimidos.

Donald Trump está retirando la ayuda económica a Harvard, una universidad privada, lo que en España está suscitando la crítica feroz de la izquierda radical. Estos progresistas son los mismos que se oponen a la existencia y a la supervivencia de centros privados de España. Esta incoherencia es una consecuencia de anteponer los motivos ideológicos totalitarios a la razón y al bien común.

Gerardo Castillo Ceballos. Doctor en Pedagogía y escritor

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