La enhorabuena a quien rescata mis sentimientos
Publicado el 16/05/2025 a las 07:42
Estoy, como todos los días, leyendo el Diario de Navarra mientras desayuno. Estoy saboreando las noticias que nos dan sobre el nuevo Papa, León XIV, digo saboreando y digo bien, porque todo lo que leo me gusta. Me gustó hasta su nuevo nombre, porque con él confiesa la doctrina sobre la justicia social, parte de su programa. Paso la hoja y me encuentro con otra agradable sorpresa. Una bonita fotografía de procesión de sacerdotes hacia la catedral me informa sobre las bodas de oro sacerdotales de muchos compañeros míos de hace sesenta años. Los que tenemos muchos años, no sé en qué parte del cuerpo, tenemos un almacén lleno de recuerdos, deseos, pensamientos y sentimientos almacenados. Tenemos tantos que están adormecidos. Pero, mira por donde, suele haber una mano invisible que rescata oportunamente alguno de ellos. En este caso esa fotografía fue la mano que revolvió mi archivo.
Estuve mucho rato observando minuciosamente a los sacerdotes. Quise reconocerlos, pero me fue imposible. No reconocí a ninguno, aunque recordé a todos. ¡Cómo hemos cambiado! Sé que eran mis compañeros del seminario porque en el listado que en el margen de la página venía el nombre de todos.
Los volví a recordar, disfrutando de una amistad de sesenta años. Estuve mucho rato sumergido en aquellos tiempos. También me enteré que varios, demasiados, ya no estaban porque habían fallecido. Repasé su memoria detenidamente y recé por ellos. Quiero terminar dándoles mi más cordial enhorabuena por sus 50 años de sacerdocio y manifestarles mi alegría por haber rescatado mis sentimientos