No hay Papa sin pueblo
Actualizado el 10/05/2025 a las 08:30
La cara de susto de quien es elegido Papa cambia conforme ve cómo le acoge el pueblo cristiano. Lo decía el papa Francisco y lo hemos visto en el papa León XIV. Su cara tensa y lacrimosa se ha ido relajando al oír y ver el cariño de los que estaban en la plaza. No hay Papa sin pueblo, y el pueblo reclama un Papa. Lo vimos en las caras expectantes de la plaza de San Pedro el Domingo de Resurrección, y lo hemos vuelto a ver el 8 de mayo. Caras diversas, sonrientes, preocupadas, alegres, serias; de jóvenes, de mayores, todas expectantes, mirando el balcón central de la plaza. Esperando la luz, la verdad, la certeza, la bondad, de un hombre débil que se ha convertido en vicario de Cristo en la tierra. Y el pueblo que mira, que está atento, no está formado solo por católicos, no. El pueblo que espera representa a todos, ricos y pobres, poderosos y menesterosos, religiosos y ateos. El mundo entero, de izquierdas y de derechas, progresistas y conservadores, intelectuales e iletrados, ha vivido sin respirar la hora larga que hemos esperado para conocer el nombre del nuevo Papa. Y una vez más, ni encuestas, ni expertos, ni adivinos, ni troleros han acertado. El Espíritu Santo ha iluminado según su parecer, que no suele coincidir con el nuestro.
Mercedes Medina, profesora de Comunicación