Cercanía, compasión y ternura

Santiago Taboada Castillo

Publicado el 09/05/2025 a las 07:30

“No olviden que el estilo de Dios es: cercanía, compasión y ternura”, escribió el papa Francisco a unos ordenandos que iban a recibir el Orden Sacerdotal, entre los que estaba Javier Marrodán, antiguo periodista de esta casa. No hay palabras que puedan describir mejor su pontificado. Nada más ser elegido papa, sus primeras palabras en el balcón fueron de súplica. Para que rezasen por él. Antes, había elegido el nombre de Francisco, en homenaje a Francisco de Asís, el joven rico que había dejado su pompa y patrimonio familiar para vestir y vivir como un mendigo. Toda una declaración de intenciones. Imitándole, el papa buscó devolver la Iglesia a la periferia, a los marginados. Volver a comer con los publicanos y las prostitutas. Esto, por supuesto, no estuvo exento de críticas, por parte de quienes temían que se alejase de la ortodoxia católica, el rigor doctrinario y el protocolo, que el papa modificaba frecuentemente para adaptarlo a los nuevos tiempos; y a los que veían en él un político progresista, capaz de rebajar la moral de la Iglesia y de abrazar las nuevas ideologías.

Francisco fue un papa particular en una época particular. No solo era el primer Francisco y el primer jesuita en ocupar la primacía de la Iglesia, sino que era el primero en convivir con un papa emérito. Abordó enérgicamente la cuestión de los abusos sexuales, entonando un inédito mea culpa, reconociendo encubrimientos y silencios en el seno de muchas parroquias y diócesis. Entabló diálogos interreligiosos y viajó a lugares ignotos para un papa, como Albania o Irak. “Dile al mundo entero que mi corazón está lleno de amor y misericordia”, le dijo Cristo a Santa Faustina Kowalska. Francisco intuyó que eso es lo que debía priorizar. Espero que el próximo vicario de Cristo pueda y quiera seguir la estela de los Franciscos, que no entendían el cristianismo como un camino de autoperfeccionamiento basado en una ascética vacía, sino en ir de la mano con Cristo a todas partes, llevando la Buena Noticia con alegría y sencillez, sin hacer acepción de personas.

“La única manera, la única situación en la que está permitido mirar a una persona por encima del hombro es para ayudarle a levantarse”, nos dijo a los jóvenes en Lisboa. Descanse en paz.

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