El papa Francisco
Publicado el 02/05/2025 a las 07:24
Creyente aunque alejado de toda religión, el papa Francisco me ha atrapado, me ha sobrecogido. “Periferias”, “olor a oveja”, “no hay sitio para el juicio sino para el abrazo”. Cuando visitaba cárceles -catequesis que repetía con tanta frecuencia como el arzobispo de Pamplona-, a la entrada siempre la misma pregunta llena de autenticidad: “¿Por qué yo no y ellos sí? ¿Por qué?”. A mis 81 años, castigados con dolorosas penalidades físicas, resuenan en mi ser recuerdos de esas pláticas que he tenido que padecer con sonrojo en cierta etapa de mi vida profesional, impartidas por un señorito de bigote y corbata con el síndrome del impostor, pláticas de desierto y noche evacuadas con cara y gestos gélidos, soportadas a duras penas únicamente por sus hoolligan y rubricadas con decisiones de apartheid.
Esos recuerdos de hace más de 40 años son uno de los desencadenantes del impacto que en mi corazón golpean en paz los “rezad por mí”, “todos, todos, todos”.... antítesis de los mencionados impostores elitistas. ¿por qué? “Repitan conmigo: todos, todos, todos”. Dios es amor.