La joya de Los Arcos
Publicado el 25/03/2025 a las 07:22
Hace un par de años (si no me falla la memoria, que es mala), Román Felones me invitó a cerrar el ciclo anual de reuniones que celebra en Los Arcos con una cincuentena larga de personas. Quizá me quedo corto al recordar el número. Es gente de los pueblos del entorno y las reuniones tratan de Historia. Supongo que se habrá comentado ya en Diario de Navarra pero, por si acaso, lo hago yo, y eso por la sencilla razón de que, en esa ocasión, lo pasé divinamente y cuando uno habla en público y disfruta es señal de que la gente que te escucha lo disfruta también. Hay que decir que, como pueblo ribero, el de Los Arcos y su entorno es muy fácil ganárselo. Tuve la sensación de estar rodeado de gente buena y sana y de presenciar una obra que debería cundir por todas partes. La clave, siempre, está en quien la convoca y se dedica a ella. Pero, si la pasta no es buena, no hay quien le saque buen sabor.
Traigo esto a cuento porque Román Felones recién ha publicado un libro sobre Los Arcos precisamente (Un siglo en la historia de Los Arcos: La generación de Carmen Morrás Arbizu [1924-2014], ISBN 8799-13-87550-15-8) y no creo que deba pasar desapercibido. Al comienzo del libro advierte que el protagonista es el pueblo y no las personas. Pero eso es la cuadratura de círculo; el pueblo lo hacen las personas y, por fortuna, en el libro se refleja que así son las cosas. Por otra parte, también advierte al comenzar que va a ir de la mano de una protagonista muy concreta, Carmen Morrás Arbizu, y sus cien años de vida centrada en Los Arcos. El resultado es un relato sugestivo en el que Carmen a veces y, en otras ocasiones, Los Arcos como comunidad se entrelazan de manera que la vida cotidiana se entrevera con la repercusión de la “gran historia” de Occidente en el pueblo. No oculta nada; Los Arcos, hoy lugar donde la gente vive bien (digamos que suficientemente bien y con todos los altibajos que son inevitables), tiene el mismo pasado de pobreza con que, una buena parte de sus gentes comenzó el siglo XX en toda Navarra. Y no falta el recuerdo explícito de la matanza atroz de la guerra civil, que es quizás el capítulo menos comprensible de la historia de los últimos cien años en este antiguo reino. Es verdad que, si no fuera el mal, consuelo de tontos, habría que recordar que algunos republicanos españoles que enlazaron con la guerra mundial que estalló pocos meses después (1939) dejaron testimonio de que la brutalidad de esta última les hizo recorda la guerra de España como un juego de niños. Pero no lo fue.
Sería injusto, sin embargo, detenerse en esos tres años, y el libro no lo hace más que lo necesario. El resto o, mejor, el conjunto es un recordatorio que muchos leerán gustosamente: unos porque les recordará sus propias vivencias; otros porque descubrirán cómo vivieron sus abuelos, a quienes, en último término, le debe cada uno que ahora estemos aquí.
José Andrés-Gallego